Dictamen : 101 - del 31/03/2020
31 de marzo del 2020
C-101-2020
Señora
Elibeth Venegas
Villalobos
Alcaldesa
Municipalidad de Pococí
Estimada señora:
Con la aprobación del señor Procurador General de la República, nos
referimos a su oficio N° DA-0874-2019 de fecha 10 de junio del 2019, por medio del cual solicita
el criterio de la Procuraduría General, en relación con las siguientes
interrogantes:
“1- Con respecto al cálculo de indemnización de los
funcionarios, ¿Se debe aplicar el artículo 29 del Código de trabajo o la
cláusula décima Cuarta de la Convención Colectiva vigente de la Municipalidad
de Pococí?
2- En cuanto a la cantidad de años a indemnizar por
concepto de cesantía, ¿Se debe cancelar un límite de 12 años según el
Reglamento del título III de la "Ley N° 9635", del
capítulo III, artículo 13 o sin límite de años según la cláusula décima Cuarta
de la Convención Colectiva vigente de la Municipalidad de Pococí?”
I.- SOBRE LOS
ANTECEDENTES:
En cumplimiento de lo dispuesto en el ordinal 4 de la Ley Orgánica de la
Procuraduría General de la República, la presente consulta se acompaña del
informe jurídico N° IJ-10-FEB-2019 del 11 de febrero del 2019, suscrito
por el Licenciado Christian Córdoba Oviedo, en su condición de Abogado de la
Unidad de Servicios Jurídicos Internos de la Municipalidad de Pococí, mediante el cual luego de analizar el artículo 39 de la Ley
de Salarios de la Administración Pública, los transitorios XXVII y XXXVI de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, artículo XVI de la Convención
Colectiva de Trabajo de la Municipalidad de Pococí,
artículo 62 de la Constitución Política, y el artículo 54 del Código de Trabajo,
concluye en relación con el tema objeto de consulta, concretamente los puntos I
y II siguientes:
“I. Ante la antinomia
normativa, debe aplicarse el criterio de especialidad, de manera que la ley
especial, prevalece ante la ley general, para el caso en concreto, la
Convención Colectiva de Trabajo de la Municipalidad de Pococí,
priva sobre la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y la Ley de
Salarios de la Administración Pública.
II. Las cláusulas en
general de la Convención Colectiva de Trabajo, se encuentran vigentes, por
ende, deben aplicarse, haciendo la salvedad, que en
caso de considerar alguna norma, contraria a la ley (en sentido amplio), puede
aplicar varios remedios que el ordenamiento dispone, como la denuncia de la
Convención Colectiva de Trabajo, la cual debe interponerse a más tardar un mes
antes de su vencimiento.
III.
La forma en que se paga el salario en la Municipalidad de Pococí, debe cambiar de bisemanal a quincenal, sin que eso
signifique disminución salarial alguna en perjuicio del trabajador; asimismo,
el plazo máximo para hacer el cambio, sería el 04 de marzo de 2019, fecha en
que se cumple el plazo máximo establecido vía ley.
IV.
Los contratos de dedicación exclusiva, vigentes antes de la entrada en vigor de
la ley, continúan manteniendo los porcentajes salariales allí dispuestos.
V.
La prórroga de un contrato, implica únicamente la extensión del plazo de
vigencia del mismo, de manera que no constituye un instrumento nuevo, en tal
sentido, cumpliendo el Capítulo IV de la Ley de Salarios de la Administración
Pública, siempre y cuando el contrato se prorrogue, se mantendrán los porcentaje de dedicación exclusiva, previstos con
anterioridad a la entrada en vigencia de la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas.
VI. El presente informe
jurídico, se entiende como base para una consulta sobre los temas aquí tratados,
a la Procuraduría General de la República”.
Valga destacar, que las conclusiones III, IV y V, no tienen relación
alguna con las interrogantes planteadas a esta Procuraduría, sin embargo son parte de las consultas realizadas en el oficio
N° DA-0033-2019 del 11 de enero de 2019, suscrito por la señora Elibeth Venegas Villalobos a la Unidad de Servicios
Jurídicos Internos de la Municipalidad de Pococí.
Ahora bien, del análisis del
criterio legal citado, se desprende que la interrogante número 1, no fue desarrollada en el
informe jurídico citado, y tampoco se evidencia que esta interrogante haya sido
planteada en el oficio N° DA-0033-2019,
y en razón de ello, el estudio giró en
relación con la jerarquía normativa de la Convención Colectiva de Trabajo de la
Municipalidad de Pococí, la Ley de Fortalecimiento de
las Finanzas Públicas y la Ley de Salarios de la Administración Pública, por lo que este dictamen se orientará exclusivamente a ese tema,
conforme se detallará más adelante.
Bajo esa inteligencia, es menester resaltar que no escapa a este Órgano
Consultivo que mediante la gestión que nos ocupa se plantea una segunda
interrogante; sin embargo, se omitió adjuntar el criterio legal, en los
términos dispuestos en el ordinal 4 de nuestra Ley Orgánica.
En
orden a lo expuesto, es necesario resaltar que en
múltiples ocasiones, esta Procuraduría ha analizado las limitaciones fijadas
por los artículos 3° inciso b), 4° y 5° de nuestra Ley Orgánica (No. 6815 de 27
de setiembre de 1982) en el desempeño de la función consultiva.
En virtud de ese
análisis, se han desarrollado tres requisitos mínimos de admisibilidad de las
consultas: a) Que las interrogantes versen sobre temas jurídicos en genérico,
lo cual implica que no se cuestione un caso concreto que esté pendiente o deba
ser resuelto por la Administración, que no se trate de un asunto sobre el cual
ya se emitió un acto administrativo o una decisión concreta, que no involucre
una materia que es competencia de otro órgano, que no pretenda la revisión de
informes o criterios legales, ni que corresponda a un asunto judicial en
trámite. b) Que se acompañe el criterio de la asesoría legal de la institución
sobre todos los temas cuestionados y c) Que la consulta sea formulada por el
jerarca administrativo de la institución. (Al respecto ver pronunciamientos
Nos. C-158-2008 del 12 de mayo de 2008, C-157-2013 del 19 de agosto de 2013,
C-121-2014 del 8 de abril de 2014, C-99-2016 de 29 de abril de 2016 y
OJ-061-2017 de 29 de mayo de 2017).
El segundo requisito expuesto es exigido expresamente por el artículo 4°
de nuestra Ley Orgánica:
“Artículo 4º.—CONSULTAS: Los órganos de la
Administración Pública, por medio de los jerarcas de los diferentes niveles administrativos,
podrán consultar el criterio técnico-jurídico de la Procuraduría; en cada caso,
deberán acompañar la opinión de la
asesoría legal respectiva, salvo el caso de los auditores internos, quienes
podrán realizar la consulta directamente.”
Sobre ese requisito hemos indicado
que el criterio del asesor legal debe ser un análisis jurídico detallado sobre
todos los puntos que se someten a nuestra consideración, y que éste tiene como
finalidad poder determinar si después de haberse estudiado y discutido el
asunto a nivel interno, persiste la necesidad de requerir nuestro
pronunciamiento vinculante.
También, hemos considerado que dicho
criterio brinda insumos importantes para analizar el tema consultado tomando en
cuenta el funcionamiento práctico de la institución consultante y constituye un
elemento adicional para alcanzar la más adecuada asesoría que la Procuraduría
está llamada a brindar a la Administración Pública. (Al respecto, véanse los
dictámenes Nos. C-151-2002 de 12 de junio de 2002, C-121-2013 de 1° de julio de
2013, C-220-2016 de 27 de octubre de 2016 y C-168-2017 de 18 de julio de 2017).
Por lo dicho, el criterio legal que
exige nuestra Ley Orgánica como requisito de admisibilidad debe emitirse
específicamente para aclarar las dudas sobre las cuales finalmente se nos
consulta.
Ergo, antes de solicitar nuestro criterio, el jerarca correspondiente
debe requerir el criterio de su asesoría legal sobre los cuestionamientos que
desea consultarnos, con el fin de que dicho informe legal responda únicamente a
los cuestionamientos generales que se nos plantean. No podría entonces tratarse
de cualquier informe legal que, aunque relacionado con el tema consultado, no
haya sido emitido específicamente para responder los cuestionamientos generales
que luego van a ser consultados a la Procuraduría. (Véanse los dictámenes Nos.
C-061-2018 de 3 de abril de 2018, C-145-2018 de 19 de junio de 2018, C-205-2018
de 23 de agosto de 2018, C-24-2019 del 29 enero 2019, C-074-2019 de 21 de marzo
de 2019 y C-140-2019 de 22 de mayo de 2019, entre otros).
Conforme se expuso, en esta ocasión
se adjunta el informe jurídico N°
IJ-10-FEB-2019 del 11 de febrero del 2019, que se
encuentra relacionado con el objeto de la segunda interrogante; sin embargo,
dicho criterio no fue emitido para responder la interrogante
número uno que se nos consulta. Y, por ello, no puede tenerse por
satisfecho el requisito exigido por el artículo 4° de nuestra Ley Orgánica.
Por lo dicho, la consulta
número uno que se nos plantea no cumple los requisitos de admisibilidad
exigidos por nuestra Ley Orgánica y, por tanto, lamentablemente nos encontramos
imposibilitados para emitir el dictamen requerido.
No
obstante, esa consulta resultaría admisible si se plantea nuevamente,
adjuntando un criterio legal que responda al cuestionamiento general que se
someta a nuestro conocimiento.
En
consecuencia, se procede de seguido a atender únicamente la segunda
interrogante.
II.- SOBRE EL
FONDO:
La segunda interrogante planteada pretende dilucidar el tope del auxilio
de cesantía, a la luz de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, el
Reglamento del Título III de dicha Ley y la Convención Colectiva de Trabajo de la Municipalidad
de Pococí, la cual según se desprende de la consulta
se encontraba vigente hasta febrero del 2020 y así lo confirmó ese municipio
mediante el oficio DA-354-2020 del 19 de marzo del 2020, recibido en esta
Procuraduría ese mismo día, donde se hace constar que la citada convención se
encuentra vencida desde el 16 de febrero del 2020.
A pesar de lo anterior, es importante que esa Municipalidad tome en
cuenta lo dispuesto en el presente dictamen, en orden al tema consultado a la
hora de eventualmente renegociar o suscribir un nuevo instrumento, para que
adapte su clausulado al marco de legalidad vigente.
Bajo esa inteligencia, valga traer a colación la normativa que regula el
tema de cesantía y convenciones colectivas, en la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas, Ley N° 9635. Concretamente el artículo 39, el transitorio
XXVII y el transitorio XXXVI disponen:
“Artículo
39- Auxilio de cesantía. La indemnización por concepto de auxilio de cesantía
de todos los funcionarios de las instituciones, contempladas en el artículo 26
de la presente ley, se regulará según lo establecido en la Ley N.° 2, Código de
Trabajo, de 27 de agosto de 1943, y no podrá superar los ocho años.
TRANSITORIO XXVII. De la aplicación del artículo
39, Auxilio de Cesantía, se exceptúan aquellos funcionarios cubiertos por
convenciones colectivas que otorgan derecho a más de ocho años de cesantía, los
cuales podrán seguir disfrutando de ese derecho, mientras se encuentren vigentes las actuales convenciones que así lo
contemplen, pero en ningún caso la indemnización podrá ser mayor a los doce
años. (El destacado no pertenece al original)
En los casos en que se haya otorgado un derecho de
cesantía superior a los ocho años por instrumentos jurídicos diferentes a
convenciones colectivas, y que se encuentren vigentes, la cantidad de años a
indemnizar no podrá superar los doce años, en el caso de aquellas personas que
ya hayan adquirido ese derecho; para todos los demás casos, quedará sin efecto
cualquier indemnización superior a los ocho años.
TRANSITORIO XXXVI. A partir de la entrada en vigencia de la presente ley, los jerarcas
de las entidades públicas están en la obligación de denunciar las convenciones
colectivas a su vencimiento. (El destacado no pertenece al original)
En el caso en que se decida renegociar la
convención, esta deberá adaptarse en todos sus extremos a lo establecido en esta ley y demás regulaciones que dicte el Poder
Ejecutivo”. (El destacado no pertenece al original)
Por otro lado,
el Reglamento del Título III de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas
Públicas, Decreto Ejecutivo N°
41564-MIDEPLAN-H regula en los artículos 12 y 13 lo siguiente:
“Artículo 12.- Auxilio de cesantía. La indemnización por concepto de auxilio de cesantía de todos los
funcionarios que sean cesados con responsabilidad patronal a partir de la
entrada en vigencia de la Ley N° 9635, y que tengan derecho a dicho extremo
laboral según lo dispuesto en el Código de Trabajo, no podrá superar los ocho
años.
Artículo 13.- Auxilio de cesantía regulado en
convenciones colectivas u otros instrumentos jurídicos. De conformidad con lo establecido en el transitorio XXVII de la Ley N°
9635, se exceptúan de la limitación de los ocho años a:
a)
Servidores cubiertos por
convenciones colectivas que otorgan derecho a más de ocho años de cesantía,
mientras se encuentren vigentes dichas convenciones.
b)
Servidores cubiertos por
instrumentos jurídicos vigentes diferentes a convenciones colectivas, que
otorgan derecho a más de ocho años de cesantía, en el caso de aquellas personas
que ya hayan adquirido ese derecho.
En ambos supuestos, la
indemnización por concepto de cesantía no podrá superar en ningún caso los doce
años”. (El resaltado no pertenece al original)
De conformidad
con la normativa citada, resulta claro que a partir de
la entrada en vigencia de la misma, existe un tope de cesantía que debe ser
respetado, aún y cuando se encuentren vigentes instrumentos jurídicos como las
convenciones colectivas.
Por su parte,
el artículo XVI de la cláusula décima cuarta de la Convención Colectiva de
Trabajo de la Municipalidad de Pococí establece:
“Si un
trabajador cesare en sus funciones o se suprimiere la plaza, tendrá derecho a
una indemnización de un mes de sueldo como cesantía por cada año o fracción
mayor de 3 meses de servicio prestado, sin
límite de tiempo. Tal indemnización se pagará al empleado al momento de
la cesantía de sus funciones.
Es entendido
que tal indemnización, sustituye al auxilio de cesantía tipificado en el Código
de Trabajo vigente”. (El resaltado no pertenece al original)
Ahora bien, el
tema objeto de consulta no ha escapado al análisis de este Órgano Consultivo y
siendo que no existe razón alguna para variar lo que hasta ahora se ha concluido,
transcribiremos lo señalado en el dictamen
N° C-060-2019 del 5 de marzo del 2019, el cual realiza una recopilación de
nuestra jurisprudencia administrativa, tal y como se detalla a continuación:
“II.- Tope máximo del auxilio de cesantía en el Sector
Público, fijado hasta hace poco, como norma no escrita, por la jurisprudencia
constitucional.
Según
advertimos en la OJ-072-2008, de 22 de agosto de 2008, el auxilio
de cesantía es un instituto que se incorporó a nuestra legislación desde agosto
de 1943, con la promulgación del Código de Trabajo, y desde esa misma época se
le otorgó rango constitucional, en el artículo 63, según el cual: “Los
trabajadores despedidos sin justa causa tendrán derecho a una indemnización
cuando no se encuentren cubiertos por un seguro de desocupación".
Como es
obvio, el constituyente se limitó a establecer el derecho del trabajador a
percibir esa indemnización cuando hubiese sido despedido sin justa causa, pero
no estableció la forma, ni los lineamientos específicos para el pago de esa
indemnización; es decir, no definió la manera de calcular el quantum que se
debe otorgar por ese concepto; en dicho contexto el legislador ordinario es el
primer llamado a regular las condiciones y limitaciones bajo las cuales se
cancela esa indemnización, de acuerdo con la política que sobre el tema se
mantenga en un determinado momento socioeconómico, pero debe respetar siempre
el marco constitucional establecido en el artículo 63 de nuestra Carta Magna.
Es así como
el artículo 29 del Código de Trabajo contiene una serie de lineamientos que
regulan el otorgamiento de esa indemnización sólo en casos de despidos sin
justa causa. Y si bien dicho numeral ha sido objeto de varios cambios
especialmente referidos a los porcentajes salariales a recibir por cada año
laborado (art. 88 de la Ley de Protección al Trabajador), lo cierto es que
mantiene un aparente tope de ocho años como límite indemnizatorio, que ha sido
interpretado en nuestro medio como un mínimo legal superable o mejorable en
beneficio del trabajador; permitiéndose entonces en el Sector Privado la
existencia de un tope mayor e incluso una indemnización sin límite de años del
auxilio de cesantía, si el contrato laboral así lo establece o si se han
implementado mecanismos de traslado[1]
o pago anticipado de ese rubro.
No obstante,
en el Sector Público si bien se ha admitido que el tope de cesantía puede
superarse cuando haya normas específicas y especiales –que pueden ser
convenciones colectivas o reglamentos autónomos de servicio- “que
inexorablemente deban aplicarse hasta tanto no sean derogadas, modificadas o
declaradas ilegales o incluso inconstitucionales” (OJ-116-2005, de 8 de agosto
de 2005; OJ-072-2008, de 22 de agosto de 2008; OJ-018-2017, de 15 de febrero de
2017; C-168-2012, de 2 de julio de 2012
y C-146-2016, de 24 de junio de 2016), hemos sido claros y contundentes en
advertir que su establecimiento por norma reglamentaria o convencional debe
respetar inexorablemente la que hasta ahora ha sido norma no escrita (arts. 7º
de la LGAP y 13 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional) que se deriva de
la jurisprudencia constitucional, y según la cual, el pago de cesantía no puede
ser ilimitado o bien, debe tener un tope razonable (Dictámenes C-168-2012 y
C-146-2016 op. cit.).
Según
aludimos recientemente[2],
en diversas resoluciones, la Sala Constitucional ha admitido que, por la vía de
la convención colectiva, por ejemplo, las instituciones públicas y sus trabajadores
puedan negociar, dentro de ciertos márgenes, el tope de la cesantía, pactando
plazos mayores a los dispuestos en el Código de Trabajo; no obstante, se ha
enfatizado en que dichos topes no pueden quedar totalmente al arbitrio de las
partes.
Al respecto,
se ha hecho hincapié en que tratándose de aquel supuesto en que una de las
partes es una institución pública, lo que se negocie en una convención
colectiva con respecto al tope de cesantía debe sujetarse al principio de
razonabilidad. Esto en el tanto las instituciones públicas tienen el deber de
evitar pactar rompimientos del tope de cesantía que impliquen un uso indebido
de fondos públicos, que afecten los servicios públicos que está llamada a
brindar la institución, o que carezcan de razón objetiva alguna que permita la
diferenciación establecida a favor de ese grupo de funcionarios. En este extremo, se impone transcribir lo
dicho en la sentencia de la Sala Constitucional n.° 5798-2014 de las 16:33
horas del 30 de abril de 2014:
“Recientemente,
en sentencia número 2013-011506 de las 10:05 horas del 30 de agosto de 2013,
esta Sala conoció una acción de inconstitucionalidad promovida por la
Contralora General de la República contra la Convención Colectiva de Trabajo
2011-2012 de la Refinadora Costarricense de Petróleo (RECOPE). En lo que
interesa, en esa oportunidad se sostuvo lo siguiente: “Sobre este tema en
particular la Sala ha señalado en reiterados pronunciamientos, que es posible a
través de las Convenciones Colectivas negociar plazos mayores a los dispuestos
en el Código de Trabajo, no obstante, dichos topes no pueden quedar al arbitrio
de las partes, sino que deben ajustarse a parámetros de razonabilidad y
proporcionalidad, el cual ha estimado este Tribunal no debe superar los 20
años: “Aun cuando la norma es imperativa al indicar que el auxilio de cesantía
no puede indemnizarse más allá de los últimos ocho años, esta S. ha aceptado la
existencia de topes mayores fijados a través de convenciones colectivas,
partiendo del hecho de que el Código de Trabajo establece reglas mínimas que
pueden ser superadas siempre y cuando se haga dentro de parámetros de
razonabilidad y proporcionalidad. (…) En razón de lo expuesto, al constatarse
que la disposición impugnada autoriza un pago que excede el parámetro señalado
que ha sido considerado como un tope máximo razonable por parte de este
Tribunal, debe declararse inconstitucional, por haberse favorecido un uso
indebido de fondos públicos, en detrimento de los servicios públicos que está
llamada a brindar la institución, sin que se constate tampoco una razón
objetiva alguna que permita la diferenciación establecida a favor de este grupo
de funcionarios.”
De seguido,
importa advertir que, tal y como lo ha señalado la jurisprudencia
constitucional, es evidente que aquellas disposiciones convencionales que
prevén un pago de cesantía sin tope alguno, sea porque no establecen un límite
para el número de años a reconocer para el pago de la indemnización, son
irrazonables por constituir un uso indebido de fondos públicos. Esto en el
tanto dichas indemnizaciones constituirían una carga desproporcionada para el
erario público que eventualmente implicaría un detrimento para los servicios
públicos que presta la institución. Sobre este punto, valga citar la sentencia n.°
11087-2013 de las 15:30 horas del 21 de agosto de 2013:
“En el caso
específico de la Quinta Convención Colectiva de la Municipalidad de San José,
este Tribunal observa que las cláusulas impugnadas no prevén tope alguno, lo
que, como se ha dispuesto repetidamente en las mencionadas sentencias, se
refleja en un uso indebido de fondos públicos, en detrimento de los servicios
públicos que presta la corporación municipal. Así las cosas, la mayoría de esta
Sala considera inconstitucional las frases “sin límite de tiempo” y “sin límite
de años” contenidas en los artículos 27 y 28 de la Quinta Convención Colectiva
de Trabajo de la Municipalidad de San José, en cuanto exceden el parámetro de
veinte años que esta Sala ha estimado razonable como tope por concepto de
cesantía.”
Es importante
insistir en que, al momento de fijar por la vía de una convención colectiva un
tope de cesantía superior al mínimo legal, es necesario que se proteja y
resguarde el buen estado de los fondos públicos. Tal y como lo expresó el Constituyente
Facio en la sesión del 25 de octubre de 1949, tratándose del auxilio de
cesantía con cargo a los fondos públicos, el monto de dicha indemnización debe
establecerse de tal forma que sea adecuada y soportable para el erario público.
Transcribimos la intervención del diputado constituyente Facio:
“Entonces,
señores Diputados, resulta que la Asamblea Legislativa de mañana podría
perfectamente, sin violar la Constitución e introduciendo tan sólo una reforma
transitoria al Código de Trabajo, o una reforma solo aplicable al empleado
público, señalar el auxilio de cesantía en sumas llevaderas por el Estado. No
violaría la Constitución porque estaría siempre cumpliéndose el mandato de que
al trabajador despedido sin causa justa se le dé una indemnización; se le
estaría dando esa indemnización, sólo que ajustada y condicionada al momento
financiero difícil por el que pasa el Erario Público, y ajustada y condicionada
por una ley ordinaria, de las que corresponde dar a los Congresos ordinarios.”
Cabe señalar
que entonces que en un primer momento la Sala Constitucional había establecido,
en diversas resoluciones, que el tope máximo de cesantía en el Sector Público
no debía superar los 20 años (ver resoluciones 2006-06727 de las 14:42 horas
del 17 de mayo de 2006, 2006-17437 op. cit.,
2006-17439 de las 19:37 horas del 29 de noviembre de 2006, 2006-17593 de las
15:00 horas del 6 de diciembre de 2006, 2008-001002 op.
cit., 2011-006351 de las 14:35 horas del 18 de mayo de 2011, 2013-11086 de las
15:30 horas del 21 de agosto de 2013 y 2014-005798 op. cit.); no
obstante, recientemente resolvió que el tope máximo razonable es de 12 años de
cesantía (sentencia n.° 8882-2018 de
las 16:30 horas del 5 de junio del 2018).
Como queda en
evidencia, la doctrina constitucional resulta un dilatado campo para el cambio
de criterio de los órganos judiciales, aunque mayor, como es natural, para las
modificaciones que sobre la materia quiera imponer el legislador, tal y como
veremos a continuación.
III.- El Tope máximo del auxilio de cesantía en el
Sector Público, fijado recientemente por la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas, No. 9635 de 3 de diciembre de 2018 (art. 39) y su régimen
Transitorio impropio o material (Transitorios XXVII y XXXVI).
Como se alude
en la consulta, la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, No. 9635 de
3 de diciembre de 2018, publicada en el
Alcance 202 a La Gaceta No. 225 de 4 de diciembre de 2018, introduce con normas
escritas una serie de regulaciones jurídicas anteriormente inexistentes en
materia del tope de cesantía en el Sector Público, que en tesis de principio,
por ser parte de las reformas introducidas por el Capítulo III, denominado
Ordenamiento del Sistema Retributivo y del Auxilio de Cesantía para el Sector
Público, del Título III de la citada Ley No. 9635, tienen un rige a partir de
la fecha de publicación de esa Ley y a las que deben someterse inexorablemente
las municipalidades (art. 26.2 Ibídem y 3 de su Reglamento). Nos referimos en
concreto a su artículo 39, con el cual se fija como tope máximo de auxilio de
cesantía ocho (8) años.
El citado artículo 39 dispone:
“Artículo 39- Auxilio de cesantía. La
indemnización por concepto de auxilio de cesantía de todos los funcionarios de
las instituciones, contempladas en el artículo 26 de la presente ley, se
regulará según lo establecido en la Ley N.° 2, Código de Trabajo, de 27 de
agosto de 1943, y no podrá superar los ocho años.”
No obstante,
con base en lo dispuesto por el Título V, correspondiente a las Disposiciones
Transitorias, Capítulo III, referidas al Título III, se establecen una serie de
reglas específicas, como parte del denominado Derecho Intertemporal, que tienden a evitar los problemas de
transitoriedad que la Ley nueva pueda producir frente a convenciones colectivas
preexistentes, y con base en las cuales es posible determinar, por un lado,
implícitamente el régimen jurídico aplicable a las situaciones jurídicas
consolidadas previas a la Ley, y por el otro, el establecimiento expreso de un régimen
transitorio impropio o material, distinto del establecido tanto de la regla
convencional anterior, como de la nueva impuesta legalmente, para las
situaciones pendientes o en tránsito al momento del cambio legislativo y
mientras entra plenamente en vigor la regla normativa impuesta por la nueva ley
(art. 39 op. cit.), evidenciando entonces su eficacia
diferida[3]. Nos referimos al (sic) Transitorios
XXVII y XXXVI.
“TRANSITORIO
XXVII. De la aplicación del artículo 39, Auxilio de Cesantía, se exceptúan
aquellos funcionarios cubiertos por convenciones colectivas que otorgan derecho
a más de ocho años de cesantía, los cuales podrán seguir disfrutando de ese
derecho, mientras se encuentren vigentes las actuales convenciones que así lo
contemplen, pero en ningún caso la indemnización podrá ser mayor a los doce
años.
(…)”
“TRANSITORIO XXXVI. A partir de la
entrada en vigencia de la presente ley, los jerarcas de las entidades públicas
están en la obligación de denunciar las convenciones colectivas a su vencimiento.
En el caso en que se decida renegociar la
convención, esta deberá adaptarse en todos sus extremos a lo establecido en
esta ley y demás regulaciones que dicte el Poder Ejecutivo.”
Ahora bien,
partiendo del hecho de que el auxilio de cesantía nace y se convierte en un
derecho cierto o adquirido, incorporado al patrimonio, cuando ocurre el hecho
generador o presupuesto fáctico que condiciona su pago, cual es la terminación
o rompimiento efectivo del vínculo laboral o de empleo por las causas
normativamente previstas al efecto (Dictámenes C-226-2007, de 9 de julio de
2007; C-063-2008, de 5 de marzo de 2008; Pronunciamiento OJ-161-2017, de 15 de
diciembre de 2017), y que, en consecuencia, su reconocimiento
se rige estrictamente por la norma que esté vigente en el momento en que ocurra
aquel supuesto condicionado (Dictamen C-211-2003, de 10 de julio de 2003), es
fácil inferir a modo de norma de conflicto en sentido estricto, aunque no
esté expresamente regulada, pero hay que
así interpretarla a fin de evitar la retroactividad en perjuicio y en garantía
de derechos adquiridos (art. 34 constitucional), que aquellos servidores o
empleados municipales que hubiesen tenido una terminación efectiva del vínculo
laboral o de empleo por alguna de las causales normativamente previstas al
efecto por la Convención Colectiva, antes del 4
de diciembre de 2018 –fecha de rige por publicación de la Ley No. 9635-, tendrían
derecho al pago de la cesantía conforme a aquellas normas convencionales
entonces vigentes en esa corporación territorial; reconociéndose así la
eficacia jurídica directa – fuerza de ley, a modo de norma especial – de
aquel instrumento de negociación colectiva sobre los contratos individuales
(arts. 54 y 55 del Código de Trabajo).
Distinto es
el caso de aquellos otros servidores o empleados municipales que, con
posterioridad al 4 de diciembre de 2018, terminen de forma efectiva su vínculo
laboral o de empleo por alguna de las causales
normativamente previstas al efecto por la Convención Colectiva, pues partiendo
del hecho de que antes del acaecimiento de aquel presupuesto fáctico
condicionante lo que existe respecto de la cesantía es una mera expectativa
(Dictámenes C-226-2007, C-063-2008; Pronunciamiento OJ-161-2017 op. cit.), por lo que es posible que, tratándose de
situaciones jurídicas en curso; es decir, que no han generado situaciones
consolidadas ni derechos adquiridos, se modifiquen las reglas normativas
relativas al disfrute del beneficio, sin que ello implique una infracción al
principio de irretroactividad (Dictámenes C-065-98, de 3 de abril de 1998;
C-187-98, de 4 de setiembre de 1998; C-074-99, de 15 de abril de 1999, y
C-155-2002, de 14 de junio de 2002. Así como el citado pronunciamiento
OJ-161-2017) y que por tanto, nadie tiene derecho a invocar una supuesta
inmutabilidad del ordenamiento jurídico, a efecto de pretender que se le
aplique un régimen jurídico derogado (Dictamen C-147-2018, de 19 de junio de
2018 y Pronunciamiento OJ-018-2017, de 15 de febrero de 2017), es claro que con la Ley No.
9635, expresamente el legislador establece un régimen transitorio distinto del
establecido tanto de la regla convencional anterior, como de la nueva impuesta
legalmente, y por demás temporal o provisional ad tempus,
de carácter excepcional de tope de cesantía para todos ellos, y en el tanto
entra plenamente en vigor el artículo 39 de ese cuerpo legal, reconociendo así
su eficacia diferida –pues impide su aplicación inmediata, al menos en el caso
de las convenciones colectivas, no así respecto de otros instrumentos
jurídicos-; de modo tal,
que aún cuando por aquellos instrumentos de
negociación colectiva se les otorgan más de ocho (8) años de cesantía –que
sería diferidamente el nuevo tope máximo legalmente impuesto para el Sector
Público (art. 39 Ibídem.)-, podrán seguir disfrutando de ese derecho “mientras se encuentren vigentes las actuales
convenciones (…) pero en ningún caso la indemnización podrá ser mayor a los
doce años” (Transitorio XXVII y art. 13 inciso a) e in fine del Decreto
Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H[4]).
Como es obvio, esta norma transitoria impropia o
Derecho transitorio material (Véanse al respecto los pronunciamientos
OJ-57-2009, de 1 de julio de 2009; OJ-016-2013, de 27 de marzo de 2013) imputa
de manera autónoma y directamente a un supuesto de hecho –situaciones jurídicas
pendientes al momento de vigencia de la Ley- una consecuencia jurídica
específica, que, por definición, está referida a un número de posibles
situaciones no indefinidas que se agotarán al perder vigencia las convenciones
colectivas suscritas con anterioridad a la citada Ley No. 9635; esto es así,
porque la vigencia de los Transitorios propios o impropios está en función del
objeto del Derecho Intertemporal, así que
desaparecida la razón que justifica la norma, el Transitorio pierde su vigencia
y eficacia (Dictámenes C-60-99, de 24 de marzo de 1999; C-320-2008, de 12 de
setiembre de 2008 y C-226-2010, de 15 de noviembre de 2010).
Será entonces, cuando denunciadas las convenciones
colectivas a su vencimiento en el Sector Público, que perderá vigencia y
eficacia el Transitorio XXVII de la Ley No. 9635, y entrará en plena vigencia
el tope de cesantía de ocho (8) años previsto en su artículo 39, a efectos de
renegociarlas en estricta sujeción a lo establecido en esa Ley y demás
regulaciones que dicte el Poder Ejecutivo (Transitorio XXXVI).
IV.- Prevalencia
jerárquica de la Ley sobrevenida sobre las convenciones colectivas, por
derogación expresa.
Véase que el problema planteado con esta consulta y lo hasta
aquí descrito, evidencian, entre otras cosas, las diversas, complejas y
dinámicas técnicas de articulación normativa del ordenamiento jurídico laboral,
que involucran distintos grados de imperatividad de
las normas que regulan ciertas y determinadas condiciones de trabajo en el
empleo público; lo cual, en última instancia determinará la aplicación
prevalente de una norma por sobre otra y permitirá o no, en menor o mayor
grado, la complementación normativa a través de la negociación colectiva
(Dictámenes C-176-2012, de 9 de julio de 2012, C-381-2014, de 5 de noviembre de
2014 y C-176-2015, de 06 de julio de 2015, entre otros). Y en ese contexto es
claro que la Ley estatal, aun aquella sobrevenida, debe prevalecer sobre lo
dispuesto en los convenios colectivos en virtud del principio de jerarquía
normativa, que impone la preeminencia de la Ley sobre el convenio colectivo; máxime
cuando la norma legal está dirigida a derogar, y por
ende, a determinar la pérdida de vigencia de las normas convencionales
anteriores en un contenido normativo específico. Recordemos la derogación
expresa sólo tendrá lugar en la medida en que el propio ordenamiento así lo
determine; es decir, en la medida en que exista una norma sobre la producción
jurídica que establezca el efecto derogatorio específico (Dictamen C-085-2018,
de 25 de abril de 2018).
Ahora bien, es frecuente que entre los intérpretes del
Derecho y, sobre todo entre algunos operadores jurídicos, se produzca una
especie de deslumbramiento que les lleve a pensar que debe prevalecer la
eficacia de los convenios (arts. 62 constitucional, 54, 55 y 712 del Código de
Trabajo vigente[5]),
incluso sobre las leyes ordinarias; lo cual es jurídicamente inadmisible,
porque en realidad el convenio colectivo es una norma que sólo tiene fuerza
vinculante y despliega su eficacia en el campo de juego que la Ley señala,
jamás al contrario. Véase que en nuestro ordenamiento jurídico la Ley no sólo
es la configuradora del Estatuto de Personal en el empleo público (art. 191
constitucional), incluido en
aquél el reconocimiento del derecho a la negociación de convenciones colectivas
en las Administraciones Públicas (art. 112 inciso 5) de
la Ley General de la Administración Pública –LGAP-, reforma introducida por la
Reforma Procesal Laboral, No. 9343)[6],
sino que también la Ley es la que configura este último derecho (arts. 688 y
ss. del Código de Trabajo vigente). De modo que nuestro Ordenamiento Jurídico
se limita a reconocer la existencia de las convenciones colectivas en el Sector
Público y señala la obligatoriedad de lo acordado en ellas. Pero esto no
implica atribuirle rango constitucional o de ley al contenido de ningún
convenio, sino que este contenido deberá mantenerse dentro de la legalidad
administrativa, pues son las leyes estatales las competentes para fijar la
jerarquía de las fuentes jurídicas (art. 6 de la LGAP) y la ley aplicable a
este respecto (art. 57 del Código de Trabajo vigente[7])
ha dispuesto que el convenio colectivo esté subordinado a las Leyes.
La jurisprudencia judicial ha sido clara y consistente en
reconocer y advertir la supremacía de la Ley sobre la convención colectiva,
como algo normal, en el tanto la segunda debe insertarse en el Ordenamiento
jurídico general en un orden descendente, por así decirlo; o sea,
subordinándose a la primera, que es la Ley de origen estatal y de carácter
forzoso (Resolución No. 2004-00335 de las 09:40 hrs.
del 7 de mayo de 2004, Sala Segunda); con lo que se quiere decir que las convenciones
colectivas de trabajo quedan sujetas y limitadas por las leyes de orden público
(Resolución No. 1355-96 de las 12:18 hrs. del 22 de
marzo de 1996, Sala Constitucional). De ahí que la fuerza de ley les está conferida, en el
tanto, las convenciones colectivas se hayan acordado conforme a la legislación
(Resolución No. 783 de las 15:21 hrs. del 3 de junio
de 2010, Sala Segunda). De lo cual se desprende una subordinación de éstas a la
potestad legislativa del Estado que produce un precepto normativo de orden
público, inderogable por esencia ante la simple iniciativa privada –art. 129
constitucional-, de modo que un convenio colectivo no puede dejar sin efecto
normas de carácter imperativo (Resolución No. 2007-000213 de las 11:00 hrs. del 30 de marzo de 2007. Y en sentido similar, entre
otras muchas, la Nos. 108 de las 09:40 hrs. del 12 de
marzo de 2003, 2015-000399 de las 09:00 hrs. del 14
de abril de 2015, 2016-000011 de las 09:45 hrs. del 8
de enero de 2016 y 2016-000075 de las 09:45 hrs. del
27 de enero de 2016, todas de la Sala Segunda. No. 94-2013-I de las 13:00 hrs. del 28 de agosto de 2013, del Tribunal Contencioso
Administrativo, Sección Primera. No. 18485 de las 18 horas 2 minutos del 19 de
diciembre de 2007, Sala Constitucional). Y esto es así, porque en el
Derecho laboral el pacto sólo puede decidir en aquellos aspectos no regulados
por normas de orden público o normas imperativas dictadas por el legislador
cuando se considera que hay campos de interés que ameriten imponer la voluntad
del Estado en la negociación (arts. 1, 11, 14 a 17 del Código de Trabajo);
casos en los que no rige en toda su extensión el principio de autonomía de la
voluntad colectiva, porque esas leyes imperativas conducen a establecer, entre
patrono y trabajador, ciertos principios o normas que se incorporan a la
relación jurídica e imperan sobre la voluntad de las partes (Resolución No. 100
de las 10:40 hrs. del 29 de marzo de 1995, Sala
Segunda).
Todo lo cual evidencia que la Ley opera en un doble canal: como
instrumento que viene a configurar otra fuente de derecho menor: el convenio
colectivo estatutario; con obligación de dotarle de un espacio material para
que esta pueda ser real, existente y eficaz; y en segundo lugar, la Ley como
fuente concurrente con el convenio colectivo, propia fuente de derecho que
puede regular directamente la materia que regula el convenio estatutario o
incluso reservarse para sí determinadas materias que quedan excluidas, por
tanto, de la contratación colectiva; lo que implica que el convenio colectivo
ha de adecuarse a lo establecido por la Ley.
No es dable entonces alegar la inmutabilidad o
inalterabilidad del convenio colectivo frente a la Ley incluso aunque se trate
de una norma estatal sobrevenida, puesto que en virtud del principio de jerarquía
normativa, es el convenio colectivo el que debe respetar y someterse a la Ley,
y no al contrario; máxime cuando está de por medio la indeclinable y permanente tarea del legislador
de configurar, con carácter de orden público, el régimen jurídico aplicable a
los funcionarios y empleados públicos (art. 191 constitucional), incluido el
marco regulador en el que deberá ejercerse el derecho a celebrar convenciones
colectivas, en especial en el Sector Público; sea con disposiciones normativas
de distinta configuración imperativa, según explicamos; sea a través de normas
imperativas, dispositivas o dispositivas que faculten o no el concurso de la
autonomía colectiva; legislar al respecto es una competencia, general,
permanente y disponible por entero del legislador, quien discrecionalmente
puede optar por mantener o no dichas regulaciones[8].
De modo que,
aunque los convenios colectivos en el Sector Público tienen fuerza vinculante
entre las partes que los han suscrito y constituyen quizás la norma más directa
y específica que regula las relaciones jurídico-laborales existentes entre
ellas, lo cierto es que desde el punto de vista formal y material, en el
sistema de fuentes del Derecho, está siempre supeditada a la Ley; la cual, como
indiscutida fuente de derecho de mayor rango jerárquico que aquella otra, tiene
capacidad permanente para, entre otras materias, regular las condiciones
laborales y, por ende, se incorpora de forma automática al contrato de trabajo,
pudiendo incluso tener, a diferencia de la convención colectiva, eficacia
general. Por ello, en caso de conflicto, la Ley impone su primacía frente a la
convención colectiva.
Por todo ello, aun cuando el principio de autonomía
colectiva en la regulación de las relaciones de trabajo del sector público se
inserta en los derechos de libertad sindical y de negociación
colectiva; entendida esta última –con algún grado de estrechez conceptual- como
el poder de regulación y ordenación consensuada de las relaciones laborales en
su conjunto que se ha reconocido a los representantes de los trabajadores, con
eficacia jurídica directa – fuerza de ley, a modo de norma especial - sobre los
contratos individuales (arts. 54 y 55 del Código de Trabajo), lo cierto es que
esa fuerza vinculante de los convenios no hace a éstos inmunes a lo establecido
en la Ley, aunque ésta sea posterior a aquellos y altere su equilibrio interno,
pues no es de ningún modo oponible aquel derecho de negociación colectiva y la
fuerza vinculante de los convenios a la competencia normativa general del
legislador, que es expresión de la voluntad popular en los sistemas
democráticos y que no puede permanecer inerme o inactiva ante la realidad
social y las transformaciones que la misma impone, con independencia de su
incidencia en situaciones jurídicas anteriores y en la producción de
tratamientos diferenciados a través del tiempo (arts. 105 y 121
constitucional). Así que el convenio colectivo ha de adecuarse a lo previsto en
las Leyes. Y en consecuencia, no hay derecho alguno a
que lo establecido en el convenio colectivo permanezca inalterado y sea inmune
a lo establecido en una ley posterior hasta el momento en que pierda vigencia;
la existencia de convenciones colectivas no puede, de ningún modo,
imposibilitar la producción de efectos dispuestos por las leyes y en la fecha
prevista por las mismas; lo que equivaldría contradecir el mandato del ordinal
129 constitucional, desarrollado en los arts. 7 y 8 del Código Civil. Por
tanto, es el convenio el que debe respetar y someterse a la ley y a las normas
de mayor rango jerárquico y no al contrario, siendo constitucionalmente
inaceptable que una ley no pueda entrar en vigor y producir los efectos
programados en la fecha dispuesta por el legislador[9].
Lo hasta aquí
expuesto ratifica que la prevalencia de la ley en nuestro sistema
constitucional está, por tanto, sólida e inequívocamente establecida en el
ámbito del empleo público (art. 191 constitucional). Y en consecuencia, no
podemos más que afirmar la primacía de rango de las disposiciones normativas contenidas
en la Ley No. 9635 sobre las convenciones colectivas y cualesquiera otros
productos de la negociación colectiva, así como la sujeción inexorable de éstas
a lo dispuesto por aquella con carácter de derecho necesario e imperativo
absoluto[10].
Y debemos ser
claros y contundentes en señalar que con
la modificación legal operada por la Ley No. 9635 no se busca la negación y
mucho menos la supresión de la negociación colectiva y de su ejercicio efectivo
como facultad negociadora de los sindicatos en nuestro medio, ni se está
dejando inoperante o sin contenido –por dispensa o inaplicación administrativa-
la convención colectiva suscrita en aquél ámbito institucional, sino la
adaptación a futuro de las condiciones de trabajo a las nuevas circunstancias
imperantes que, por disposición del legislador, obligan medidas coyunturales de
reordenación y racionalización, para la contención y reducción del gasto de
personal de las Administraciones Públicas, exigidas por el proceso de
consolidación fiscal y sostenibilidad de las cuentas públicas, a fin de frenar
el déficit público y alcanzar la gradual recuperación del equilibrio
presupuestario. Lo cual hace que dicho precepto legal resulte de por sí
compatible con la efectividad de las convenciones colectivas pactadas.
(…)
Conclusiones:
Con base en
lo expuesto, la Procuraduría General concluye que:
Las convenciones colectivas están supeditadas a
Ley, incluso a aquella sobrevenida; máxime cuando dicha norma legal está
dirigida expresamente a derogar, y por ende, a
determinar a futuro la pérdida de vigencia de las normas convencionales
anteriores en un contenido o ámbito normativo específico; respetando así
derechos adquiridos y el principio de irretroactividad (art. 34
constitucional).
La Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, No. 9635 de 3 de diciembre de 2018,
publicada en el Alcance 202 a La
Gaceta No. 225 de 4 de diciembre de 2018, introduce una serie de regulaciones
jurídicas anteriormente inexistentes como normas escritas, en materia
específica del tope de cesantía en el Sector Público; concretamente un tope
máximo de ocho (8) años, sea por convención colectiva o instrumentos jurídicos
diferentes (art. 39); norma legal con innegable eficacia diferida, al menos
respecto de las convenciones colectivas.
La eficacia diferida de la norma contenida en el artículo 39
de la Ley No. 9635 queda evidenciada por las disposiciones de Derecho Intertemporal contenidas en los Transitorios XXVII y
XXXVI, de las que implícitamente
puede inferirse un régimen jurídico aplicable a las situaciones
jurídicas consolidadas previas a la Ley, y por el otro, el establecimiento
expreso de un régimen transitorio impropio o material, distinto del establecido
tanto de la regla convencional anterior, como de la nueva impuesta legalmente,
para las situaciones pendientes o en tránsito al momento del cambio legislativo
y mientras entra plenamente en vigor la regla normativa impuesta por la nueva
ley (el tope máximo de los 8 años de cesantía).
Así que
partiendo del hecho de que el auxilio de cesantía nace y se convierte en un
derecho cierto o adquirido, incorporado al patrimonio, cuando ocurre el hecho
generador o presupuesto fáctico que condiciona su pago, cual es la terminación
o rompimiento efectivo del vínculo laboral o de empleo por las causas
normativamente previstas al efecto, y que, en consecuencia,
aquél derecho se rige estrictamente por la norma que esté vigente en el momento
en que ocurra aquel supuesto condicionado, a modo de norma de conflicto en
sentido estricto no expresamente regulada, aquellos servidores o empleados
municipales que hubiesen tenido una terminación efectiva del vínculo laboral o
de empleo por alguna de las causales normativamente previstas al efecto por la
Convención Colectiva, antes del 4 de diciembre
de 2018 –fecha de rige por publicación de la Ley No. 9635-, tendrían
derecho al pago de la cesantía conforme a aquellas normas convencionales
entonces vigentes en esa corporación territorial.
Distinto es el
caso de aquellos otros servidores o empleados municipales que, con
posterioridad al 4 de diciembre de 2018, terminen de forma efectiva su vínculo
laboral o de empleo por alguna de las causales
normativamente previstas al efecto por la Convención Colectiva, ya que con la Ley No.
9635, el expresamente legislador establece un régimen transitorio impropio y
por demás provisional, según el cual, aun
cuando por aquellos instrumentos de negociación colectiva se les otorgan más de
ocho (8) años de cesantía –que sería diferidamente el nuevo tope máximo
legalmente impuesto para el Sector Público (art. 39 Ibídem.)-, podrán seguir
disfrutando de ese derecho “mientras se
encuentren vigentes las actuales convenciones (…) pero en ningún caso la
indemnización podrá ser mayor a los doce años” (Transitorio XXVII y art. 13
inciso a) e in fine del Decreto Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H).
Una vez denunciadas las actuales convenciones
colectivas a su vencimiento en el Sector Público, perderá vigencia y eficacia
el Transitorio XXVII de la Ley No. 9635, y entrará en plena vigencia el tope de
cesantía de ocho (8) años previsto en su artículo 39, a efectos de
renegociarlas en estricta sujeción a lo establecido en esa Ley y demás
regulaciones que dicte el Poder Ejecutivo (Transitorio XXXVI). De modo que las
convenciones colectivas posteriormente negociadas deberán ajustarse
inexorablemente a dicho tope.
Los artículos arts. 53 d) y 54 de la Convención Colectiva suscrita entre
los trabajadores y la Corporación municipal de San Carlos, reconocen cesantía
por renuncia unilateral del trabajador; lo cual contraviene la posición que ha
mantenido la Sala Constitucional al respecto.
Si el consultante estima que la disposición bajo
análisis es contraria a la Constitución Política, y pretende que así se
declare, debe plantear la acción respectiva ante la Sala Constitucional, que es
el único órgano legitimado para anular, por razones de constitucionalidad, una
norma jurídica.
Tal y como lo hemos advertidos en otras ocasiones,
si el consultante o las autoridades municipales admiten y estiman que la
Convención Colectiva suscrita en esa Municipalidad contiene normas como las
aludidas, con eventuales vicios de inconstitucionalidad, lo procedente es que
instauren el proceso judicial correspondiente a fin de conseguir, con efectos
jurídicos erga omnes, la invalidez de las mismas. Esto es así, porque, como
operadores jurídicos, los funcionarios públicos no están obligados a aplicar
dichas normas impávida e indiscriminadamente, y deben reaccionar en
consecuencia frente a ellas. Recuérdese que, como agentes públicos, los
funcionarios están obligados a actuar siempre con pleno sometimiento a la
legalidad administrativa (arts. 11 constitucional y de la LGAP) (Dictamen
C-308-2018, de 12 de diciembre de 2018).
Consecuentemente,
no existiendo motivo para variar el criterio, se mantiene lo indicado por este
órgano consultivo; y, consecuentemente, estese el señor Alcalde Municipal a lo
establecido supra”.
De igual manera, en el dictamen N° C-194-2019 del 08 de julio de 2019, se señaló:
“Según
fuimos categóricos en el dictamen C-060-2019, de 05 de marzo de 2019, y lo
refirmamos, entre otros, en el dictamen C-160-2019, op.
cit. y pronunciamientos no vinculantes OJ-041-2019, op.
cit. y OJ-068-2019, de
20 de junio recién pasado, la citada Ley estatal, aunque
sobrevenida, prevalecería sobre lo
dispuesto en los convenios colectivos “anteriormente” suscritos, en virtud del
principio de jerarquía normativa, que impone la preeminencia de la Ley sobre el
convenio colectivo;
máxime cuando la norma legal está dirigida a derogar, y
por ende, a determinar la pérdida de vigencia de las normas convencionales
anteriores en un contenido normativo específico.
(…)
De lo hasta aquí expuesto, a criterio de la Procuraduría
General las normas convencionales pactadas “anteriormente” pueden resultar
afectadas en su eficacia por una norma sobrevenida con rango de Ley, que
tendría un indubitado carácter prevalente –por sujeción estricta al principio de jerarquía normativa- sobre
aquella en materias de derecho necesario y de contenido absoluto así normadas
por el legislador. Imponiéndose así la preeminencia de la Ley sobrevenida, y a
futuro, respecto del convenio colectivo previamente pactado.
Prevalencia normativa que aplicaría igualmente en
materia del pago de cesantía, bajo el entendido que quienes ya eran
funcionarios activos al 4 de diciembre de 2018 (fecha en que entró en vigencia
la ley n.° 9635) y estaban cubiertos por convenciones colectivas con un tope de
cesantía mayor a 8 años, pueden percibir hasta 12 años de cesantía como máximo,
mientras esas convenciones se encuentren vigentes. Y quienes ya eran
funcionarios activos a esa fecha y estaban cubiertos por otros instrumentos
jurídicos (diferentes a las convenciones colectivas) que otorguen más de 8 años
de cesantía, pueden recibir hasta doce años siempre que hubiesen
adquirido el derecho a la cesantía antes del 4 de diciembre del 2018, lo
que implica que, si ese derecho no se había consolidado al 3 de diciembre del
2018, solo podrían recibir cesantía por un máximo de 8 años (Arts. 39
introducido a la Ley de Salarios de la Administración Pública por la Ley
de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, No. 9635; 13 de su Reglamento
-Decreto Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H-, y Transitorios XXVII y XXXVI)
(Dictamen C-060-2019 y pronunciamientos OJ-041-2019 y
OJ-068-2019, op. cit.)”.
III.- CONCLUSIÓN:
De conformidad
con lo expuesto, este Despacho arriba a las siguientes conclusiones:
1.- La consulta número
uno que se nos plantea no cumple los requisitos de admisibilidad exigidos por
la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y, por lo tanto,
lamentablemente nos encontramos imposibilitados para emitir el dictamen
requerido.
2.- Con
fundamento en la jerarquía normativa, la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas
Públicas, aunque sobrevenida, prevalece sobre la Convención Colectiva de
Trabajo de la Municipalidad de Pococí vigente hasta
el 16 de febrero del 2020, y por lo tanto quienes ya eran funcionarios activos
al 4 de diciembre de 2018 -fecha de entrada en vigencia de la ley N° 9635- y
estaban cubiertos por la citada convención colectiva, que contemplaba un tope
de cesantía mayor a 8 años –incluso sin límite de tiempo-, podían percibir
hasta un máximo de 12 años de auxilio de cesantía.
3.- Al haber
perdido vigencia la Convención Colectiva de esa Municipalidad a partir del 16
de febrero del año 2020, se recomienda que para el evento de renegociar o suscribir un nuevo instrumento de esa naturaleza, se
adapte su clausulado al marco de legalidad vigente, sobre el tema consultado.
En la forma
expuesta, dejamos rendido el pronunciamiento de la Procuraduría General de la
República, respecto a la consulta sometida a nuestro estudio.
Cordialmente.
Yansi Arias Valverde Engie Vargas Calderón
Procuradora Adjunta
Abogada de Procuraduría
Área de la Función Pública Área de la
Función Pública
Yav/evc/sgg
[1] Conforme a
la Ley de Protección al Trabajador No 7983 (arts. 8, 30 y 74), sean manejados por
cooperativas, de conformidad con la Ley No. 7849, de 20 de noviembre de 1998 y
sus reformas; las operadoras de fondos de capitalización laboral y las creadas
por los sindicatos; las asociaciones solidaristas
definidas en la Ley de Asociaciones Solidaristas, No.
6970, de 7 de noviembre de 1984.
[2] En informes rendidos como asesor
imparcial de la Sala Constitucional, en acciones Nos. 18-015825-0007-CO,
Convención Colectiva Municipalidad de Alajuelita;
18-015826-0007-CO, Convención Colectiva Municipalidad de Carrillo;
18-015829-0007-CO, Convención Colectiva Municipalidad de Coronado; entro otras.
[3] Al menos para el caso de las
convenciones colectivas, porque para otros instrumentos jurídicos –como
reglamentos, por ejemplo-, su eficacia es inmediata (Transitorio XXVII, párrafo
segundo).
[4] “Artículo 13.-
Auxilio de cesantía regulado en convenciones colectivas u otros instrumentos
jurídicos. De conformidad con lo establecido en el transitorio
XXVII de la Ley N° 9635, se exceptúan de la limitación de los ocho años a:
a) Servidores cubiertos por
convenciones colectivas que otorgan derecho a más de ocho años de cesantía,
mientras se encuentren vigentes dichas convenciones.
(…)
En ambos supuestos, la indemnización por concepto de cesantía no podrá
superar en ningún caso los doce años.”
[5] Tienen carácter
de ley profesional - no tienen rango de ley -, y “esa condición no puede supeditar o sustituir las normas de derecho
público que surgen del Poder Legislativo” (Resolución No. 2018-001451 de
las 10:20 hrs. del 24 de agosto de 2018, Sala
Segunda). “Si bien es cierto, la
Constitución Política y el Código de Trabajo reconocen "fuerza de
ley" a las Convenciones Colectivas, ello no les confiere formal y
sustancialmente, naturaleza de leyes. La expresión "fuerza de ley",
está referida a los efectos del pacto interpartes,
pues se trata de un contrato; sea, es utilizada para reforzar la idea de
obligatoriedad en ese ámbito (…) Tratándose de las Convenciones Colectivas, el
término es utilizado en ese mismo sentido contractual; y tal utilización no
significa que ellas adquieran la naturaleza jurídica de una Ley”
(Resolución No. 67 de las 14:50 hrs. del 17 de agosto
de 1994, Sala Primera).
[6] Según advertimos en los pronunciamientos
OJ-203-2005, de 7 de diciembre de 2005 y OJ-17-2006, de 13 de febrero de 2006,
el
reconocimiento y regulación del derecho a la negociación colectiva en el Sector
Público es materia de pura legalidad ordinaria. Posterior a ello, con la
denominada Reforma Procesal Laboral –Ley No. 9343-, se introdujeron una serie
de reformas por las que se reconoce y regula actualmente el derecho de
negociación colectiva en el Sector Público, supeditado siempre a las
regulaciones que legalmente se establezcan (arts. 112.5 de la Ley General de la
Administración Pública, 682 párrafo segundo, 688 y ss. del Código de Trabajo).
Lo cual reafirma la posición asumida por esta Procuraduría General y sobretodo
la preminencia de la Ley en esta materia, sin que se pueda negar su obligada
concurrencia en la regulación sustantiva de las condiciones laborales que
integran el contenido normativizado del contrato de trabajo en el empleo
público. Y no en vano, a modo de
principio orientador, los trabajos preparatorios del Convenio 154 sobre la Negociación Colectiva de
la OIT,
aluden que, como manifestación de la acción sindical, la negociación colectiva no es ilimitada, pues debe
darse siempre dentro de los límites de las leyes y el orden público -trabajos preparatorios
del Convenio 154 sobre
la Negociación Colectiva de la OIT; Relaciones profesionales, Informe V (2),
Conferencia Internacional del Trabajo, 34.ª reunión, 1951, págs. 53-54)-. Y por ello en el caso de
las Administraciones Públicas se dispone expresamente que será la Ley o la
práctica nacional las que fijarán modalidades particulares de aplicación de
dicho Convenio (art. 1.3 Ibídem.). Así que resulta innegable que el convenio
colectivo al que se llega por negociación colectiva en el Sector Público, es un
derecho de configuración legal, conforme al art. 7 del Convenio 151 de la OIT y
la Recomendación núm. 159 sobre Relaciones de Trabajo en la Administración
Pública, 1978).
[7] “ARTICULO
57.- La convención colectiva se extenderá
por escrito en tres ejemplares, bajo pena de nulidad absoluta. Cada una de las
partes conservará un ejemplar y el tercero será depositado en la Oficina de
Asuntos Gremiales y de Conciliación Administrativa del Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social directamente o por medio de la autoridad de trabajo o política
respectiva (…) Dicho depósito será comunicado inmediatamente a la Oficina de
Asuntos Gremiales y de Conciliación Administrativa del Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social para que ésta ordene a las partes ajustarse a los
requisitos de ley en caso de que la convención contenga alguna violación de
las disposiciones del presente Código.”
[8] En este sentido puede verse incluso, a
modo de precedente ancestral, el voto salvado de los entonces Magistrados
Fernando Coto A. y Juan Luis Arias A., en la sentencia del Laudo Arbitral del
Caso SEBANA C/BNCR, No. 29 de las 16:00 hrs. del 14
de junio de 1984, dictada por la Corte Suprema de Justicia: “Las convenciones colectivas tienen “fuerza de la ley”, según el
artículo 62 de la Constitución Política pero eso no quiere decir que sean de
igual valor a las leyes, al extremo de que puedan modificarse o sobreponerse a
las de orden público (…) Es verdad que la Segunda Reforma a la Convención
Colectiva fue suscrita entre el Banco Nacional de Costa Rica y el Sindicado de
sus empleados con anterioridad a la vigencia de la Ley de Creación de la
Autoridad Presupuestaria (…) entender que la Autoridad tiene que ceñirse
estrictamente a las convenciones, equivaldría a dejar inoperante las reglas
sobre directrices salariales que esa Ley contiene, porque entonces bastaría
celebrar una convención o modificar las existentes, para que los aumentos de
salarios queden a salvo de toda directriz, límite o control por parte de
aquella Autoridad, de modo que, conforme a esa tesis, sería lo mismo que si la
Ley no existiera, al menos en cuento a sueldos (…) las disposiciones de la Ley
(…) prevalecen sobre el artículo 59 de la Segunda Reforma a la Convención
Colectiva de Trabajo (…)”.
[9] La prioridad de la ley sobre la fuerza
vinculante de los convenios colectivos encuentra apoyo firme y sostenido en la
jurisprudencia del Tribunal Constitucional español (SSTC 144/1988, FJ 2;
177/1988, FJ 4; 171/ 1989, FJ 2.b); 210/1990, FJ 3; 62/2001, FJ 3; 145/1991, FJ
6; 28/1992, FJ 2; 92/1992, FJ 2; 177/1993, FJ 5), constituyendo su expresión
más diáfana la reiteradamente citada STC 210/1990. Hasta desembocar en la
Sentencia 208/1993 en que el Tribunal enfoca el papel de la ley respecto de la
negociación colectiva no sólo como concurrente o delimitador de sus territorios
respectivos, sino directamente organizador del propio sistema de negociación
colectiva y de la fuerza vinculante de los convenios. M. RODRÍGUEZ-PINERO, El
papel de la ley en y tras la reforma del Estatuto de los Trabajadores, en Los
protagonistas de las relaciones laborales tras la reforma del mercado de
trabajo, CES, Madrid, 1995, pp. 19 y ss. Así como la sentencia del Tribuna (sic) Supremo (Sala 4 de lo Social) de 27 de marzo
de 2015, recaída en recurso de casación número 78/2014.
[10] Son aquellas que exhiben una voluntad del
legislador de no admitir otra regulación de una materia determinada que la
contenida en la ley aplicable. Este tipo de normas suelen llamarse de derecho
necesario absoluto y son aquellas que no admiten el juego de la autonomía de la
voluntad (ni individual ni colectiva). Este tipo de normas suponen una
indisponibilidad que impide a los sujetos desvincularse de la norma (Dictamen
C-176-2015, op. cit.).
C-101-2020
AUXILIO DE CESANTÍA,
AÑOS A INDEMNIZAR MÁXIMO 12. LEY 9635 FORTALECIMIENTO FINANZAS PÚBLICAS,
PREVALECE SOBRE CONVENCIÓN COLECTIVA. artículo 39, el transitorio XXVII y el transitorio XXXVI. Reglamento del Título III de la
Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Decreto Ejecutivo N° 41564-MIDEPLAN-H artículos 12 y 13.
Guarda relación con los dictámenes C-060-2019 del 5 de marzo del 2019 y C-194-2019 del 08 de
julio de 2019. Inadmisibilidad primera interrogante.
Por oficio DA-0874-2019 de fecha 10 de junio del 2019, la señora Elibeth
Venegas Villalobos, Alcaldesa de la Municipalidad de Pococí,
solicita el criterio de la Procuraduría General, en relación con las
siguientes interrogantes:
“1- Con respecto
al cálculo de indemnización de los funcionarios, ¿Se debe aplicar el artículo
29 del Código de trabajo o la cláusula décima Cuarta de la Convención Colectiva
vigente de la Municipalidad de Pococí?
2- En cuanto a la
cantidad de años a indemnizar por concepto de cesantía, ¿Se debe cancelar un
límite de 12 años según el Reglamento del título III de la "Ley N° 9635", del capítulo III, artículo 13 o sin límite de
años según la cláusula décima Cuarta de la Convención Colectiva vigente de la
Municipalidad de Pococí?”
Mediante el Dictamen C-101-2020 del 31 de marzo del 2020,
suscrito por la Licda. Yansi Arias Valverde,
Procuradora Adjunta y la Licda. Engie Vargas
Calderón, Abogada de Procuraduría, se concluyó:
“1.- La consulta número uno que se nos plantea no cumple
los requisitos de admisibilidad exigidos por la Ley Orgánica de la Procuraduría
General de la República y, por lo tanto, lamentablemente nos encontramos
imposibilitados para emitir el dictamen requerido.
2.- Con
fundamento en la jerarquía normativa, la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas
Públicas, aunque sobrevenida, prevalece sobre la Convención Colectiva de
Trabajo de la Municipalidad de Pococí vigente hasta
el 16 de febrero del 2020, y por lo tanto quienes ya eran funcionarios activos
al 4 de diciembre de 2018 -fecha de entrada en vigencia de la ley N° 9635- y
estaban cubiertos por la citada convención colectiva, que contemplaba un tope
de cesantía mayor a 8 años –incluso sin límite de tiempo-, podían percibir
hasta un máximo de 12 años de auxilio de cesantía.
3.- Al
haber perdido vigencia la Convención Colectiva de esa Municipalidad a partir
del 16 de febrero del año 2020, se recomienda que para el evento de renegociar o suscribir un nuevo instrumento de esa naturaleza, se adapte
su clausulado al marco de legalidad vigente, sobre el tema consultado.”