Dictamen : 102 - del 31/03/2020
31 de marzo de 2020
C-102-2020
Señora
Rita María Mora Bustamante
Auditora Interna
Instituto Nacional de Aprendizaje
Estimada señora:
Con la
aprobación del señor Procurador General
de la República, damos respuesta al oficio N°
AI-00680-2019, de fecha 17 de setiembre del 2019, por medio del cual solicita
el criterio de la Procuraduría General, en relación con lo siguiente:
“Es por todo lo expuesto
que esta Auditoría Interna solicita el dictamen de esa Procuraduría General de
la República, en relación con el porcentaje que, por concepto de prohibición,
debe percibir el personal de nuevo ingreso que realiza funciones de
fiscalización en las auditorías internas; toda vez que la Ley del
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, 9635, no reforma, adiciona, aclara ni
deroga ninguna disposición de la Ley General de Control Interno, 8292, incluido
lo contenido en el artículo 34, sobre ese porcentaje por prohibición”.
I.- Consideraciones previas:
Si bien
con la reforma introducida al artículo 4 de la Ley
Orgánica de la Procuraduría General de la República, mediante el artículo 45,
inciso c) de la Ley N° 8292 del 31 de julio del 2002, publicada en la Gaceta N°
169 del 4 de setiembre del 2002, se dispensa a los Auditores Internos de adjuntar
el criterio jurídico; pudiendo éstos consultar directamente en lo que atañe a
la materia de su competencia, lo cierto es que esta norma debe
interpretarse en sus justas dimensiones, pues esa potestad consultiva no es irrestricta. Y por ello, nuestra jurisprudencia
administrativa ha señalado las condiciones bajo las cuales debe ejercerse dicha
facultad.
En ese sentido, hemos reiterado en el dictamen N°
C-197-2019, del 08 de julio de 2019, que la materia consultable por parte
de los auditores se circunscribe a aquella que pertenezca, de modo directo, a
su competencia funcional; es decir, que la facultad de consultar está referida
a la competencia del auditor y al ámbito de las competencias del organismo que
controla y del cual forma parte (en sentido similar, el dictamen N° C-181-2019
del 25 de junio de 2019).
Ello implica que los auditores no se encuentran
autorizados para consultar sobre materias que no se refieran o no estén
contenidas en la esfera de su competencia institucional o dentro de la
competencia de los órganos administrativos de los cuales forman parte. Por esa
razón, hemos estimado que las consultas realizadas por la auditoría interna,
deben estar ligadas al contenido mismo del plan de trabajo que se esté
aplicando ese año en la respectiva Administración, ya que es esto lo que nos
permite determinar los alcances del ámbito de competencia de esa auditoría.
(Dictámenes Nos. C-042-2008 del 11 de febrero de 2008, C-153-2009 del 1 de
junio de 2009, C-314-2017 del 15 de diciembre de 2017, C-043-2019 del 20 de
febrero de 2019, C-133-2019 del 14 de mayo de 2019 y C-283-2019 del 04 de
octubre de 2019)
Dado que la facultad de consultar que tienen los
auditores se encuentra limitada al ámbito de sus competencias y, por tanto, a
la ejecución del plan de trabajo correspondiente, es lógico entender que esa
facultad debe ejercerse con respecto a una duda jurídica puntual y específica,
y no ser utilizada para requerir nuestro criterio sobre una gran cantidad de
cuestionamientos, en relación con materias distintas. La amplitud y diversidad
de cuestionamientos en una consulta planteada por un auditor, podría poner en
tela de duda la relación de la consulta formulada, con el ejercicio de sus
competencias y con el plan de trabajo correspondiente.
A su vez, se reitera lo dispuesto en el dictamen
N° C-48-2018 del 9 de marzo de 2018 en cuanto a que los dictámenes que la
Procuraduría General emita por consulta directa de los auditores internos,
producen el efecto jurídico de vincular a éstos en el cumplimiento de sus
funciones de control y validación, pero, de ninguna forma, puede entenderse que
vinculen al jerarca del cual dependa orgánicamente la respectiva auditoría.
Dicho de otro modo, la facultad de los auditores no tiene por finalidad, vincular
al jerarca de la administración activa del cual dependen orgánicamente, y, por
esa misma razón, los auditores carecen de la potestad para realizar la gestión
de reconsideración del dictamen que se les emita.
Además, puesto que la facultad de consultar que
tienen los auditores se constriñe al ámbito de sus competencias, debe
advertirse que ésta no debe ser utilizada por la administración activa para
evadir el cumplimiento de los requisitos de admisibilidad de las consultas,
canalizando sus solicitudes de criterio a través de la auditoría interna
(dictamen N° C-205-2019 del 12 de julio de 2019).
Tampoco
pueden pretender consultar los Auditores Internos, expresa o implícitamente,
acerca de la validez o no de conductas administrativas concretas ya adoptadas
por la administración activa, pues nuestra función asesora, por su naturaleza,
es previa a la toma de decisiones
concretas; sin que podamos –salvo los casos excepcionales expresamente
previstos en los ordinales 173 y 183 de la Ley General de la Administración
Pública- revisar en la
vía consultiva la legalidad de actuaciones singulares de la Administración
(entre otros, los dictámenes Nos. C-025-2018 del 30 de enero de 2018;
C-064-2018 del 4 de abril de 2018; C-222-2018 del 7 de setiembre de 2018;
C-271-2018 del 30 de octubre de 2018; C-007-2019 del 10 de enero de 2019;
C-38-2019 del 14 de febrero de 2019 y C-149-2019 del 30 de mayo de 2019).
Y mucho menos, pueden consultarse
temas en los que el ordenamiento jurídico expresamente atribuya una potestad
específica a otro órgano o ente (artículo 5 de nuestra Ley Orgánica N° 6815 del 27 de setiembre de 1982) (dictamen N°
C-227-2019 del 12 de agosto de 2019, entre otros).
Finalmente, las
consultas que planteen los auditores internos en el ejercicio de sus competencias
deben cumplir los requisitos de admisibilidad que señala nuestra Ley Orgánica,
salvo, claro está, la necesidad de aportar un criterio legal sobre el tema
consultado y que la consulta provenga del jerarca de la institución.
II.- Sobre la inadmisibilidad de la consulta:
Conforme se expuso en el apartado
anterior, la facultad para consulta por parte de los Auditores Internos no es
irrestricta, tal y como lo hemos reiterado en nuestra jurisprudencia
administrativa sus alcances deben estar ligados a la competencia funcional del
auditor y al ámbito de las competencias del organismo que controla –en este
caso el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA)- y del cual forma parte. Ergo,
las consultas deben circunscribirse al contenido mismo del plan de
trabajo que se esté aplicando ese año en el INA.
En este caso concreto la duda
planteada se relacionada con la aplicación de normas en orden al tema del
porcentaje que, por concepto de prohibición, debe percibir el personal de nuevo
ingreso que realiza funciones de fiscalización en las auditorías internas; toda
vez que la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, 9635, no reforma,
adiciona, aclara ni deroga ninguna disposición de la Ley General de Control
Interno, 8292, incluido lo contenido en el artículo 34, sobre ese porcentaje.
Es evidente que lo que se indique
al respecto tiene trascendencia directa en el personal de la Auditoría que
usted representa en orden al porcentaje a aplicar por concepto de prohibición.
En consecuencia, es criterio de este Órgano Consultivo que de previo a
solicitar el pronunciamiento debió esa Auditoría agotar la asesoría legal
interna, de lo cual no hay evidencia en la consulta de que se haya realizado, y
de persistir la duda el Jerarca del INA realizar la consulta de forma directa
para tener certeza jurídica de cómo proceder en este caso con los funcionarios
que se encuentren en el supuesto consultado y que estaría en una relación de
subordinación con su persona, en su condición de Auditora Interna.
Además, hasta por un tema de
transparencia, objetividad y control interno la presente gestión debió ser
formulada por el jerarca de esa institución, con el objetivo de dilucidar qué
normativa aplicar a los funcionarios que se mencionan a modo general.
En este
contexto, cabe advertir que la reforma introducida al ordinal 4 de nuestra Ley
Orgánica, que dispensa a los Auditores Internos de adjuntar el
criterio jurídico; pudiendo éstos consultar directamente en lo que atañe a la
materia de su competencia, no debe ser utilizada por
la administración activa para evadir el cumplimiento de los requisitos de
admisibilidad de las consultas, canalizando, precisamente, sus solicitudes de
criterio a través de la Auditoría Interna, lo cual conforme lo hemos reiterado
en nuestros pronunciamientos, constituye una práctica administrativa
inaceptable.
Además,
llama la atención de este Órgano Asesor que la consulta se encuentre motivada
en un criterio de la Contraloría General de la República (dictamen N° 12419
(DJ-1153-2018 del 30 de agosto del 2018) emitido antes de la entrada en
vigencia de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas N° 9635,
conforme lo reconoce la consultante, que vino a reformar la Ley de Salarios de
la Administración Pública, ya que, indudablemente, sus señalamientos se
generaron en orden al panorama normativo vigente en ese momento y en atención a
lo consultado. Por lo tanto, no puede ser utilizado como fundamento para
formular este requerimiento.
Finalmente,
es necesario precisar que este órgano superior consultivo, no puede ni debe
emitir un pronunciamiento particular y vinculante en relación con las
situaciones jurídico administrativas concretas y específicas que pudieran
subyacer en este asunto, sin extra limitar su competencia.
Por todo lo expuesto, deviene improcedente
entrar a conocer por el fondo su gestión. Y, por ende, se deniega su trámite y
se archiva.
III.- Criterios atinentes al tema en consulta:
No obstante, lo anterior, y con el
único fin de colaborar con la señora Auditora Interna, valga resaltar que el
tema objeto de consulta no es nuevo para esta Procuraduría y ya ha sido
analizado en nuestra jurisprudencia administrativa.
Al respecto, hemos estimado que en
virtud de la pretensión de generalidad y uniformidad que inspiró la reforma a
la Ley de Salarios de la Administración Pública, operada por la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, debe entenderse que el artículo 34 de
la Ley de Control Interno fue tácitamente reformado, de manera tal que la
compensación económica aplicable por la prohibición establecida en esa norma es
la que contempla el artículo 36 de la Ley de Salarios de la Administración
Pública.
Concretamente, y en lo conducente, se
ha señalado en el dictamen N° C-281-2019 del 1 de octubre de 2019, reiterado en el N° C-334-2019 del 11 de
noviembre de 2019[1]:
“(…)
II.- SOBRE LA DEROGACIÓN TÁCITA POR
INCOMPATIBILIDAD NORMATIVA Y SU APLICACIÓN A LOS TEMAS EN CONSULTA
La derogación tácita es una figura que opera cuando
existe incompatibilidad objetiva entre el contenido de una nueva norma jurídica
y una norma anterior, lo cual deriva en que la nueva norma prevalezca sobre las
disposiciones establecidas en la más antigua.
Diez Picazo ha indicado que la derogación por
incompatibilidad se caracteriza por la inexistencia de un acto legislativo de
derogación, por la ausencia de una identificación directa y precisa del objeto
derogado, y por tratarse de un fenómeno meramente interpretativo:
“… en la
derogación por incompatibilidad no hay, en rigor, un acto de derogación; o, al
menos, no hay un acto legislativo cuya finalidad directa e inmediata sea
producir la cesación de la vigencia de una ley o disposición legal
anterior. Ello puede parecer una afirmación puramente tautológica, ya
que, si existiera tal acto legislativo, el supuesto no sería de derogación por
incompatibilidad, sino, por definición, de derogación expresa. Aun
así, es importante dejar constancia de este hecho, porque no dejará de ser
relevante a la hora de analizar los efectos de la derogación por
incompatibilidad. En ésta, pues, no hay acto de derogación en sentido
propio −a lo sumo, hay un acto del Juez o del operador jurídico al
constatar la incompatibilidad− sino simplemente ejercicio positivo
ordinario de la potestad legislativa, o sea, creación de nuevas normas. (...)
En segundo lugar, precisamente por la falta de un acto de derogación stricto
sensu, en la derogación por incompatibilidad no se da, a diferencia de lo que
ocurre en la derogación expresa, una identificación directa y precisa del
objeto derogado. Este no es ya el designado por una disposición
derogatoria ad hoc, sino aquello que resulte incompatible con la nueva
ley. Pero es más: esta falta de
delimitación formal del objeto derogado y, sobre todo, la naturaleza misma de
la incompatibilidad o antinomia como relación lógica entre proposiciones
determinan que el objeto de la derogación por incompatibilidad no pueda ser
jamás el texto legal −como sucede en la derogación expresa−, sino
que haya de ser necesariamente la norma jurídica. (...) En tercer lugar, como
consecuencia de todo lo anterior, es unánime la afirmación −aunque no lo
sean las implicaciones que de ella se extraigan− de que la derogación por
incompatibilidad es un fenómeno de naturaleza eminentemente interpretativa o,
si se prefiere, dependiente de la interpretación que se dé a las normas
hipotéticamente incompatibles." (DIEZ
PICAZO (Luis María), La Derogación de las Leyes, Madrid, Editorial Cívitas, primera edición, 1990, pp. 301-304).
Para dirimir los conflictos de incompatibilidad
normativa se ha hecho uso de varios criterios. Entre ellos, el
jerárquico, según el cual, la norma de mayor rango priva sobre la de rango menor;
el cronológico, el cual establece que, ante disposiciones de igual rango
normativo, ha de privar la que haya sido emitida de último, lo que implica que
la norma posterior deroga a la anterior del mismo rango; y, finalmente, el de
especialidad, según el cual, la norma especial ha de privar sobre la norma
general de igual rango, independientemente de la fecha de vigencia de cada una
de ellas.
En principio, los dos primeros criterios aludidos
presentan poca complejidad en su aplicación, pues basta con constatar datos
objetivos (como son el rango normativo de las disposiciones en conflicto, o la
fecha de emisión de esas disposiciones) para hacer prevalecer un precepto sobre
otro; sin embargo, el tercer criterio enunciado ₋el de la especialidad₋
sí reviste mayor complejidad.
Ya ésta Procuraduría ha puesto en evidencia los
problemas que surgen cuando se pretende decidir sobre el carácter especial o
general de una norma (en ese sentido pueden consultarse, entre, otros, los
pronunciamientos C-007-2003 del 16 de enero del 2003, C-063-2004 del 24 de
febrero del 2004, y OJ-134-2004 del 27 de octubre del 2004). Por su parte,
alguna de la doctrina más calificada sobre la materia se ha referido a la
dificultad de clasificar una norma como especial, o general, en los siguientes
términos:
"De su
propia definición se desprende la relatividad del concepto de ley especial.
Este es relativo, ante todo, por su naturaleza relacional: una norma no puede
ser intrínsecamente especial, sino que lo ha de ser por comparación con otra
norma. La generalidad y la especialidad no son rasgos esenciales y absolutos de
las normas. Son, más bien, graduaciones de su ámbito de regulación, que, en
cuanto tales, sólo adquieren sentido cuando se parangonan con los ámbitos de
regulación de otras normas. Pero es
más: si la especialidad radica en concretar un supuesto de hecho a partir de
otro más amplio, resulta evidente que una norma, especial con respecto a otra,
puede a su vez ser general con respecto a una tercera y así
sucesivamente. La especialidad, como característica relacional de
las normas, es susceptible ₋como si de un sistema de círculos
concéntricos se tratara₋ de reproducirse indefinidamente, a medida que
las previsiones normativas del ordenamiento van diferenciándose y concretándose". (DIEZ-PICAZO, op cit.,
p. 345)
Ha de tomarse en cuenta, además, que la
problemática a la que se ha venido haciendo alusión no se acaba cuando se logra
discernir el carácter especial o general de las normas en conflicto, pues si
bien es cierto la regla es que la norma especial priva sobre la general,
existen excepciones a esa regla, excepciones que aplican cuando se logra
acreditar que la intención del legislador es que la norma general posterior
prive sobre la norma especial anterior. En esa línea, se ha señalado
lo siguiente:
"... la
preferencia por la norma especial sobre la norma posterior no puede tener jamás
un valor absoluto, porque razones de orden teleológico pueden impeler a dar
prioridad a la lex posterior generalis. Piénsese en las hipótesis de nueva regulación
integral de la materia, por reducida que la materia sea: parece que la vocación
de regulación uniforme debe prevalecer sobre las diferencias sectoriales
preexistentes. Por ello, incluso quienes defienden la primacía del criterio de la
especialidad en caso de conflicto con el criterio cronológico lo hacen con
reservas y sin atribuir a esta afirmación un valor absoluto. Ha sido sugerido,
en este sentido, que el
aforismo lex posterior generalis non derogat legi priori speciali opera
como una mera presunción hermenéutica, que puede ser destruida por una
clara voluntas legis de
sentido contrario". (DIEZ-PICAZO, op cit., p. 363.)
Esta Procuraduría ha indicado también,
reiteradamente, que no siempre la norma especial anterior prevalece sobre la
general posterior. Para acreditar la existencia de tales
precedentes, valgan las siguientes transcripciones:
“… la
especialidad de la norma es un criterio hermenéutico que permite la solución de
los conflictos normativos bajo ciertos requerimientos. Dicho criterio no es de
carácter absoluto o incondicionado, ya que la lógica y el carácter de sistema
del ordenamiento puede determinar la aplicación de la norma general sobre la
especial. Esa aplicación puede derivar, en efecto, del necesario cumplimiento
del fin de la norma general. Cumplimiento que se vería afectado si superviviera
la ley especial anterior.” (Dictamen
C-010-97 del 21 de enero de 1997).
“… si la
vigencia y la eficacia de la ley especial impiden que se concretice el fin
público a que tiende la norma general, debe dársele preferencia a esta última.” (Dictamen C-253-2001 del 21 de setiembre del
2001).
“… el criterio
de especialidad de la norma, en tanto señala la prevalencia de la norma
especial sobre la general no tiene el valor de una regla jurídica aplicable
siempre por sobre el criterio cronológico. Por el contrario, dicha prevalencia
cede a favor de la norma general cuando sólo así la norma general posterior
adquiere sentido, en virtud de que esa norma general tiene la vocación de regular
uniformemente y, por ende, comprender dentro de sus regulaciones los supuestos
anteriormente excluidos, prevaleciendo sobre situaciones preexistentes.” (Dictamen C-224-2003 del 23 de julio del
2003).
“Para que pueda
entenderse que una ley especial priva sobre una ley con pretensión de
generalidad, es necesario que la primera sea posterior, lo que evidenciaría la
intención irrefutable del legislador de establecer una excepción a la
regla.” (Dictamen
C-048-2008 del 18 de febrero del 2008).
“El criterio de especialidad es uno de los
criterios hermenéuticos que se aplican en casos en que el operador jurídico se
enfrenta ante una antinomia normativa, incluso cuando la antinomia está
presente dentro de un mismo texto legal. Es decir, la circunstancia
de que estemos ante normas emitidas en una misma ley no impide aplicar esos
mismos criterios. Una precisión se impone: el criterio de especialidad de la norma, en tanto señala la prevalencia
de la norma especial sobre la general, no tiene el valor de una regla jurídica
aplicable siempre por sobre los otros criterios, incluido el de generalidad.
Por el contrario, dicha prevalencia cede a favor de la norma general cuando
sólo así la norma general posterior adquiere sentido, en virtud de que esa
norma general tiene la vocación de regular uniformemente y, por ende,
comprender dentro de sus regulaciones los supuestos anteriormente excluidos,
prevaleciendo sobre situaciones preexistentes.” (C-347-2015
del 11 de diciembre del 2015. En sentido similar pueden consultarse
además el dictamen C-188-98 del 4 de setiembre de 1998, la OJ- 028-2000 del 21
de marzo del 2000 y el dictamen C-209-2005 del 30 de mayo del 2005).
La Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia ha
señalado también que "(...)
el aforismo jurídico de que "la ley general no deroga a la especial",
no puede seguirse como norma estricta de interpretación, porque si la ley
general no hace excepciones y si sus términos dejan ver que rige también para
situaciones reguladas en una ley especial, no habría duda de que la nueva ley
sí incide sobre lo que la primera dispuso.” Y agregó
que “… aun entendiendo que se
trata de una ley general, la solución consistiría en desentrañar el
"espíritu o voluntad" de esa ley”. (Sala Primera de la
Corte Suprema de Justicia, sentencia n.° 18 de las 16 horas del 30 de marzo de
1982, citada en el dictamen C-188-98 del 4 de setiembre de 1998).
Ahora bien, antes de definir si la Ley de Salarios
de la Administración Pública debe privar sobre las leyes especiales anteriores
que establecieron condiciones salariales particulares en relación con ciertas
instituciones, o ciertos grupos profesionales específicos, es necesario
determinar si el legislador está facultado para regular de manera general las
relaciones de empleo en todo el sector público.
Al respecto, considera ésta Procuraduría que la
respuesta a esa pregunta es afirmativa. La potestad con la que
cuenta el legislador para imponer las condiciones de trabajo que han de imperar
en todo el sector público tiene fundamento constitucional pues el artículo 191
de la Carta Política admite la posibilidad de que un solo Estatuto (de
rango legal) regule las relaciones entre el Estado (en sentido amplio) y sus
servidores.
La Sala
Constitucional, al analizar una acción de inconstitucionalidad planteada contra
la Ley de Creación de la Autoridad Presupuestaria, señaló que el legislador
está facultado para establecer las condiciones de trabajo que han de privar en
toda la Administración Pública:
“… el régimen de autonomía administrativa concedido
a las instituciones descentralizadas por el artículo 188 de la Constitución
Política, no comprende el régimen del Servicio Civil, respecto del cual el legislador
está facultado para definir las condiciones generales de trabajo que deben
imperar en toda la administración pública. En este sentido, la
política de salarios de Gobierno es parte integrante de la política de
gobierno, que debe constituir un régimen estatal de empleo público
uniforme y universal. Al respecto la Corte Plena actuando como Tribunal
Constitucional había resuelto el punto con diáfana claridad en los siguientes
términos: "Las metas (típica "materia de gobierno")
que se fije el Estado en la remuneración de sus servidores constituyen toda una
política salarial que tiene que ver no sólo con la retribución del esfuerzo de
la persona individualmente considerada, sino también con sus consecuencias
sobre los demás aspectos de la economía, ya que puede introducir factores de
distorsión en lo económico debido a la intranquilidad social. Por
"directriz" debe entenderse el "conjunto de instrumentos o
normas generales para la ejecución de alguna cosa", o sea de pautas u
orientaciones que sirven de marco conceptual para la toma de decisiones. De
manera que lo relativo a la fijación de salarios como política general en el
Sector Público no puede decirse que es materia principal, exclusiva o
predominantemente "administrativa", sino más bien de "gobierno",
y en que la sujeción de un ente descentralizado a la ley no sólo es posible
sino también necesaria y conveniente." Corte Plena, sentencia del
16-6-84.” (Sala Constitucional, sentencia n.° 3309-94 de las 15:00
horas del 5 de julio de 1994. El subrayado es nuestro).
En la misma
resolución a la que se refiere el extracto anterior, la Sala Constitucional
reiteró que la intención del artículo 191 constitucional es la de crear un
régimen único de empleo para la totalidad de las instituciones del Estado:
“VII.- Definida la política salarial como parte de
la política de gobierno, es necesario reiterar que cuando el constituyente
descentralizó el Poder Ejecutivo, procuró evitar las injerencias arbitrarias
y antitécnicas en cuanto a la gestión de
cada una de esas instituciones, definida por ley. Pero no optó el legislador
constituyente por crear un régimen salarial o laboral segregado del Poder
Ejecutivo central, pues no hay duda que el Título XV, Capítulo Único de la
Constitución Política tiene como antecedente inmediato, la práctica anterior de
destituir masivamente a los funcionarios y empleados estatales con ocasión de
cada cambio de gobierno. La antítesis de esta práctica, entonces es un sistema
de servicio público estable, profesional, permanente, regido por un cuerpo
normativo integrado y coherente, estableciéndose un régimen único de empleo
para los servidores públicos que incluye a la totalidad de las
instituciones del Estado (…).” (El subrayado es nuestro).
Por otra parte,
debemos indicar que ésta Procuraduría se ha pronunciado también sobre validez
de emitir, en materia de empleo público, normativa de rango legal aplicable a
todas las instituciones del sector público. Así,
en la OJ-110-2015 del 24 de setiembre del 2015, reiterada en la OJ-161-2017 del
15 de diciembre del 2017 y en la OJ-162-2017 del 15 de diciembre del 2017,
indicamos lo siguiente:
“El proyecto de ley que se analiza pretende que sus
disposiciones se apliquen a todo el sector público, ámbito que está compuesto
no solo por la Administración Pública centralizada, sino también por la
descentralizada, incluyendo a las instituciones autónomas.
En esa línea, podría surgir la duda en punto a si
una ley que establezca las regulaciones por las cuales habrán de regirse las
instituciones autónomas en lo que a las relaciones con su personal se refiere,
viola la autonomía que le confiere a ese tipo de entes el artículo 188 de la
Constitución Política.
Al respecto, debemos señalar que ésta Procuraduría
ha indicado que las instituciones autónomas están sujetas a la ley en esa
materia. Por ejemplo, en el caso específico de la Caja Costarricense
de Seguro Social, sostuvimos que la autonomía administrativa y de gobierno que
la Constitución Política le garantiza, está en función de los seguros sociales,
no así en relación con otras actividades o fines que el legislador le imponga a
esa entidad. (Dictamen C-130-2000 del 9 de junio de 2000). También
hemos dicho que la autonomía de la Caja se refiere únicamente a la materia de
seguros sociales y que, por tal motivo, no podría una norma de rango infraconstitucional atentar contra la potestad
de autorregulación de la Caja en ese campo, pero que para todos los
demás fines que le sean asignados, diferentes a esa materia, sí está sujeta a
lo que indique el legislador. (OJ-034-2014 del 10 de marzo de
2014). Y, concretamente, en materia salarial, indicamos que la
autonomía administrativa y política o de gobierno que ostenta la Caja, no
faculta a esa institución para apartarse de disposiciones de rango legal que
establezcan un determinado sistema retributivo. (Dictamen C-180-2015 del 9 de
julio de 2015).
Asimismo, en el caso de las universidades públicas,
hemos sostenido que la potestad normativa de esos entes está referida estrictamente
al ámbito garantizado por la autonomía universitaria, es decir, a la actividad
académica, la investigación y las actividades de extensión social o cultural, y
que fuera de ese ámbito, las universidades están sujetas a las regulaciones
legales dirigidas a todos los sujetos del ordenamiento jurídico. (C-269-2003
del 12 de setiembre de 2003).
También la Sala Constitucional ha indicado
que el régimen de autonomía administrativa concedido a las instituciones
descentralizadas por el artículo 188 de la Constitución Política, no comprende
el régimen del Servicio Civil, pues el legislador está facultado para definir
las condiciones generales de trabajo que deben imperar en toda la
Administración Pública. (Sentencia n.° 3309-94 de las 15:05 horas del 5 de
julio de 1994).
Partiendo de lo anterior, estima esta
Procuraduría que ninguna institución del sector público está habilitada, en
virtud de su autonomía, para desatender el mandato del legislador en lo
relativo a la regulación de las condiciones de empleo de sus servidores…”.
Establecido entonces que no siempre la ley especial
anterior priva sobre la ley general posterior, y que el legislador está
facultado para regular de manera general las condiciones de empleo en todo el
sector público, interesa determinar si esa pretensión de generalidad fue la que
privó con la aprobación de la reforma a la Ley de Salarios de la Administración
Pública, reforma que se concretó por medio de la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas.
Sobre lo anterior, considera esta Procuraduría que es público y notorio que la
intención del legislador con la emisión de la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas y, concretamente, con su Título III, relacionado con el tema
de empleo público, fue la de establecer parámetros generales aplicables a la
totalidad de las relaciones de empleo del sector público, sector que incluye
tanto la Administración Central, como la descentralizada, con independencia del
grado de autonomía de cada institución, o del tipo de servicios que se prestan
al Estado.
Esa pretensión de generalidad quedó plasmada en el
artículo 26 de la Ley de Salarios de la Administración Pública (reformado por
el numeral 3 de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas), según el
cual, las disposiciones del Capítulo III de la ley n.° 2166 (capítulo que se
denominó “Ordenamiento del
Sistema Remunerativo y Auxilio de Cesantía para el Sector Público”) son
aplicables a la Administración central, a los órganos desconcentrados adscritos
a los distintos ministerios, al Poder Legislativo, al Poder Judicial, al
Tribunal Supremo de Elecciones (así como a sus dependencias y órganos
auxiliares) a la Administración descentralizada, incluyendo a las instituciones
autónomas y semiautónomas, a las empresas públicas del Estado y a las
municipalidades.
Incluso, esa intención del legislador de hacer
privar lineamientos generales en todas las relaciones de empleo del sector
público quedó de manifiesto en los antecedentes de la ley n.° 9635 citada.
Así, por ejemplo, en la sesión del 14 de marzo del
2018 de la Comisión Especial encargada de dictaminar el expediente n.°
20580 “Ley de Fortalecimiento de
las Finanzas Públicas”, la diputada Sandra Piszk indicó
que el Estado es patrono único, independientemente del lugar donde se labore y
de su grado de autonomía:
“… yo creo que
es importante que quede claro que detrás de todo este asunto, hay un esfuerzo
por reconocer que el Estado es un patrón único, que independientemente donde se
labora, es el Estado, y la plata sale del mismo presupuesto, porque se ha
interpretado a través de los años, de que la autonomía es absoluta, y la
autonomía no es absoluta. Durante el transcurso de nuestras discusiones, voy a
presentarles a ustedes, incluso, la opinión de la Caja Costarricense del Seguro
Social, donde ellos mismos reconocen que la autonomía no es absoluta, y, más
bien, recomiendan modificaciones interesantes. Pero ya habrá momentos para
discutir estas cosas.” (Asamblea
Legislativa, expediente legislativo n.° 20580, folio 333).
Posteriormente, en la sesión del 20 de marzo del
2018, la misma diputada se refirió a la necesidad de aplicar las regulaciones
sobre empleo público no solo a la Administración central, sino también a las
instituciones autónomas, como quedó establecido finalmente en el artículo 26 de
la Ley de Salarios de la Administración Pública:
“Todo el sector
público o la mayor parte del sector público calcula sus anualidades sobre
salario base, ¿verdad, así es? Y por cierto,
los que más bajo tienen porcentaje es, precisamente, el sector educación.
Resulta que hoy nos llega ₋o ayer₋ nos llega la información de las
universidades y usted sabe que en la
Universidad de Costa Rica, por lo menos, la anualidad no solo es de 5.5 %,
ahora se bajó a 3.75%, algo así, por acuerdo. Pero, resulta que la anualidad en
la Universidad de Costa Rica se calcula, no sobre el salario base, sino sobre
el salario base más todos los demás pluses. ¿Y saben de cuánto es la anualidad
del rector? ¡Cuatro millones trescientos dos mil colones! Entonces, yo me
pregunto, si son cosas que tenemos o no tenemos que arreglar. Cuando nosotros
señalamos que esto hay que corregirlo y hablamos de que en esto tiene que
incluirse no solo el gobierno central, sino incluso las
autónomas es porque se encuentra uno con injusticias verdaderas.
¿Usted se imagina lo que es tener cuatro millones solo en anualidades? ¡Por
Dios! No hay FEES que alcance para cosas de esas.” (Asamblea Legislativa, expediente legislativo
n.° 20580, folios 994 y 995).
Tomando como base lo expuesto hasta el momento,
procederemos de seguido a analizar la incidencia de la Ley de Salarios de la
Administración Pública sobre las disposiciones mencionadas en la gestión
consultiva.
III.- RESPECTO A LA PREVALENCIA DE LA LEY DE
SALARIOS DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA SOBRE LAS NORMAS A LAS QUE SE REFIERE LA
CONSULTA
Para dar respuesta a las inquietudes concretas que
se nos plantean, nos referiremos seguidamente a los efectos que tuvo la entrada
en vigencia de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas (básicamente,
mediante las reformas que introdujo a la Ley de Salarios de la Administración
Pública) en cuatro temas específicos: A) lo relativo a los artículos 1° y 5 de
la Ley de Compensación por el pago de Prohibición, B) lo relacionado con la Ley
de Incentivos a los Profesionales en Ciencias Médicas, C) lo concerniente a la
Ley General de Control Interno, y D) lo referente al salario de los integrantes
de los Tribunales Administrativos.
(…)
C.- Incidencia de la Ley de Salarios de la
Administración Pública sobre la Ley General de Control Interno
Se nos consulta si el artículo 36 de la Ley de
Salarios de la Administración Pública, transcrito con anterioridad (el cual
prevé el pago de una compensación económica por la prohibición al ejercicio
liberal de la profesión de un 15% calculado sobre el salario base para los
bachilleres universitarios y de un 30% para los funcionarios que ostenten
grados de licenciatura o superior) debe privar sobre el artículo 34 de la Ley General
de Control Interno, n.° 8292 del 31 de julio del 2002. El texto del
artículo 34 citado es el siguiente:
“Artículo 34.— Prohibiciones. El auditor interno,
el subauditor interno y los demás
funcionarios de la auditoría interna, tendrán las siguientes prohibiciones:
a) Realizar
funciones y actuaciones de administración activa, salvo las necesarias para
cumplir su competencia.
b) Formar parte de un órgano director
de un procedimiento administrativo.
c) Ejercer
profesiones liberales fuera del cargo, salvo en asuntos estrictamente
personales, en los de su cónyuge, sus ascendientes, descendientes y colaterales
por consanguinidad y afinidad hasta tercer grado, o bien, cuando la jornada no
sea de tiempo completo, excepto que exista impedimento por la existencia de un
interés directo o indirecto del propio ente u órgano. De esta prohibición se
exceptúa la docencia, siempre que sea fuera de la jornada laboral.
d) Participar
en actividades político-electorales, salvo la emisión del voto en las
elecciones nacionales y municipales.
e) Revelar
información sobre las auditorías o los estudios especiales de auditoría que se
estén realizando y sobre aquello que determine una posible responsabilidad
civil, administrativa o eventualmente penal de los funcionarios de los entes y
órganos sujetos a esta Ley.
Por las
prohibiciones contempladas en esta Ley se les pagará un sesenta y cinco
por ciento (65%) sobre el salario base.” (El subrayado es nuestro).
Evidentemente, existe una antinomia entre la
disposición recién transcrita y el artículo 36 de la Ley de Salarios de la
Administración Pública, pues no es posible aplicar una de ellas sin desaplicar
la otra.
En este caso, al igual que en el analizado en el
punto anterior, considera ésta Procuraduría que debe privar la pretensión de
generalidad y uniformidad que inspiró la reforma a la Ley de Salarios de la
Administración Pública.
Independientemente de la naturaleza especial o no
de la Ley General de Control Interno con respecto a la Ley de Salarios de la
Administración Pública, lo que debe prevalecer en este asunto es la voluntad
legislativa de unificar las disposiciones relativas al pago de las
compensaciones económicas originadas en la prohibición para el ejercicio liberal
de la profesión.
Nótese incluso que, si se opta por aplicar el
porcentaje de compensación económica por prohibición contemplado en el artículo
34 de la Ley General de Control Interno, ello implicaría que al personal subalterno de
las auditorías internas sujeto a prohibición debería cancelársele un 65% de
compensación económica, mientras que “… a los auditores y subauditores internos” ,
es decir, a los jefes de las auditorías, solo les correspondería un
30% de compensación económica si ostentan el grado de licenciatura o superior,
y un 15% en caso de que sean bachilleres universitarios. Esto debido
a que el artículo 15 de la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento
Ilícito en la Función Pública sí fue reformado expresamente por la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, a efecto de establecer que los
funcionarios que ahí se citan (dentro de los que figuran los auditores y subauditores internos de la Administración Pública)
les corresponde un 30% de compensación económica si ostentan el grado de
licenciatura o superior, y un 15% en caso de que sean bachilleres
universitarios.
Debe tenerse presente, en todo caso, que por
haberlo dispuesto así el artículo 10 del reglamento al Título III de la ley n.°
9635, los nuevos porcentajes de compensación económica establecidos en el
artículo 36 de la ley n.° 9635 no son aplicables a los funcionarios que antes
de la publicación de esa ley se encontraban sujetos ya a algún régimen de
prohibición.
También es necesario reiterar que de conformidad
con el Transitorio XXV de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, y
para salvaguardar los derechos adquiridos, el salario total de los servidores
que se encontraban activos al 4 de diciembre del 2018, fecha en que entró en
vigencia esa ley, no puede ser disminuido.
(…)
IV.- CONCLUSIÓN
Con fundamento en lo expuesto, ésta Procuraduría
arriba a las siguientes conclusiones:
1.- Para dirimir los conflictos de incompatibilidad
normativa se ha hecho uso de varios criterios. Entre ellos, el
jerárquico, según el cual, la norma de mayor rango priva sobre la de rango
menor; el cronológico, el cual establece que, ante disposiciones de igual rango
normativo, ha de privar la que haya sido emitida de último, lo que implica que
la norma posterior deroga a la anterior del mismo rango; y el de especialidad,
según el cual, la norma especial ha de privar sobre la norma general de igual
rango, independientemente de la fecha de vigencia de cada una de ellas.
2.- Los dos primeros criterios hermenéuticos
aludidos presentan poca complejidad en su aplicación, pues basta con constatar
datos objetivos (como son el rango normativo de las disposiciones en conflicto,
o la fecha de emisión de esas disposiciones) para hacer prevalecer un precepto
sobre otro; sin embargo, el tercer criterio enunciado ₋el de la
especialidad₋ sí reviste mayor complejidad, pues aun cuando la regla es
que la norma especial priva sobre la general, existen excepciones a esa regla,
excepciones que aplican cuando se logra acreditar que la intención del
legislador es que la norma general posterior prive sobre la norma especial
anterior.
3.- La intención del legislador con la emisión de
la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y, concretamente, con su
Título III, relacionado con el tema de empleo público, fue la de establecer
parámetros generales aplicables a la totalidad de las relaciones de empleo del
sector público, sector que incluye tanto la Administración Central, como la
descentralizada, con independencia del grado de autonomía de cada institución,
o del tipo de servicios que se prestan al Estado.
(…)
9.- El artículo 34 de la Ley General de Control
Interno dispone que la compensación económica por las prohibiciones que
establece esa norma a los auditores internos, a los subauditores internos
y a los demás funcionarios de la auditoría interna, es de un 65% sobre el
salario base de cada uno de esos funcionarios; sin embargo, en virtud de la
pretensión de generalidad y uniformidad que inspiró la reforma a la Ley de Salarios
de la Administración Pública operada por la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas, debe entenderse que el artículo 34 citado fue tácitamente
reformado, de manera tal que la compensación económica aplicable por la
prohibición establecida en esa norma es la que contempla el artículo 36 de la
Ley de Salarios de la Administración Pública. (…)”.
Bajo esa inteligencia, la compensación
económica aplicable por la prohibición establecida en el artículo 34 de la Ley
de Control Interno es la que contempla el artículo 36 de la Ley de Salarios de
la Administración Pública y debe tomar en cuenta esa Auditoría lo indicado en
nuestra jurisprudencia administrativa, con especial énfasis los dictámenes
citados.
Ahora bien, aunque no es objeto de
consulta en esta oportunidad, es importante resaltar lo señalado por esta
Procuraduría General en el dictamen N° C-065-2020 del 26 de febrero de 2020, en
orden a que los servidores públicos que estuvieran sujetos a un determinado
régimen de prohibición antes de la entrada en vigencia de la Ley N° 9635, se
les continuará aplicando los porcentajes de compensación económica
anteriormente previstos, aun cuando modifiquen la condición de su grado
académico, sin que les resulten aplicables los nuevos porcentajes de prohibición
establecidos por la denominada Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.
Ello, con base en lo dispuesto actualmente por el artículo 10 inciso b) del
Decreto Ejecutivo N° 41564-MIDEPLAN-H, reformado por el artículo 1° del Decreto
ejecutivo N° 42163 del 20 de enero de 2020. Veamos:
“II.- Doctrina
administrativa atinente al tema en consulta.
(…)
Así, el artículo 36 de la Ley de Salarios de la
Administración Pública, Ley N°2166, de 9 de octubre de 1957, adicionado por el
artículo 3° del Título III de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas
Públicas, Ley N°9635, de 3 de diciembre de 2018, estableció nuevos porcentajes
para el pago de la compensación económica por prohibición y en los artículos 9
inciso d) y 10 incisos a) y b) del Reglamento del Título III de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635 de 3 de diciembre de 2018,
referente a empleo público, Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H de 11 de
febrero de 2019, se establecieron originariamente disposiciones para aclarar en
cuáles supuestos resultaban aplicables los nuevos porcentajes de prohibición,
siendo uno de estos supuestos el cambio en razón del requisito académico -arts.
9 inciso d) y 10 inciso b) [2]-.
No obstante, aun cuando en nuestro dictamen C-166-2019, de 13 de junio de 2019 [3],
concluimos que “Lo dispuesto en el artículo 9, inciso d), y en el 10,
inciso b) del decreto 41564 no contradice la ley n.° 9635, ni impide su
aplicación, por lo que no podría afirmarse que por medio de ellos se haya
abusado del ejercicio de la potestad reglamentaria”, por Decreto Ejecutivo No.
42163-MIDEPLAN-H, de 20 de enero de 2020 – publicado en el Alcance No. 10 de La
Gaceta No. 18 de 29 de enero de 2020-, se reformó el inciso b) del artículo 10
del Decreto Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H (art.1) y se derogó el inciso d) de
su artículo 9 (art. 3).
De modo
que el texto actual de las normas aludidas es el siguiente:
De la Ley No. de Salarios de la Administración
Pública, Ley N°2166:
“Artículo 36- Prohibición y porcentajes de compensación. Los
funcionarios públicos a los que por vía legal se les ha impuesto la restricción
para el ejercicio liberal de su profesión, denominada prohibición, y que
cumplan con los requisitos establecidos en el artículo 31 de la presente ley,
recibirán una compensación económica calculada sobre el salario base del puesto
que desempeñan, de conformidad con las siguientes reglas:
1. Un treinta por ciento (30%)
para los servidores en el nivel de licenciatura u otro grado académico
superior.
2. Un quince por ciento (15%)
para los profesionales en el nivel de bachiller universitario.”
Del Reglamento del Título III de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635 de 3 de diciembre de 2018,
referente a empleo público, Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H:
“Artículo 9.- Prohibición. Los porcentajes señalados en el artículo
36 de la Ley N° 2166, adicionado mediante artículo 3 de la Ley N° 9635, así
como aquellos señalados en las reformas legales a los regímenes de prohibición
del artículo 57 de esa misma ley, resultan aplicables a:
a) Los servidores que sean
nombrados por primera vez en la Administración Pública en un puesto en el cual
cumplen los requisitos legales para recibir la compensación por prohibición.
b) Los servidores que previo a
la publicación de la Ley N° 9635, no se encontraban sujetos al régimen de
prohibición y que de manera posterior a la publicación cumplen los requisitos
legales respectivos.
c) Los servidores que finalizan
su relación laboral y posteriormente se reincorporan a una institución del
Estado, por interrupción de la continuidad laboral.
d)… (Derogado por el artículo 3°
del decreto ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020).”
“Artículo 10.- Servidores sujetos al régimen de prohibición previo a la
entrada en vigencia de la Ley N° 9635. Los porcentajes señalados en el
artículo 36 de la Ley de Salarios de la Administración Pública, Ley N°2166, de
9 de octubre de 1957, así como aquellos señalados en las reformas legales a los
regímenes de prohibición del artículo 57 de esa misma ley, no resultan
aplicables a: (Así reformado el párrafo anterior por el artículo 1° del
decreto ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020) (Lo subrayado no es del
original)
a) Los servidores que previo a
la publicación de la Ley N° 9635 se encontraban sujetos a algún régimen de
prohibición y mantengan la misma condición académica.
b) Los servidores sujetos al régimen de prohibición, antes de la entrada
en vigencia de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635,
de 3 de diciembre de 2018, en razón de los incisos b), c) y d) del artículo 1°
de la Ley de Compensación por pago de Prohibición, Ley N°5867, del 15 diciembre
de 1975, que procedan a modificar dicha condición con referencia a
Bachillerato, Licenciatura o superior. (Así reformado el inciso anterior por
el artículo 1° del decreto ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020) (Lo
destacado no es del original)
c) Aquellos movimientos de
personal a través de las figuras de ascenso, descenso, traslado, permuta o
reubicación, sea en la misma organización en la que se labora o entre
instituciones, órganos y empresas del Estado indicadas en el artículo 26 de la
Ley de Salarios de la Administración Pública, N°2166 de 9 de octubre de 1957,
siempre que el servidor se hubiese encontrado sujeto a algún régimen de
prohibición, previo a la publicación de la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas, Ley N°9635, de 3 de diciembre de 2018 y siempre que exista
continuidad laboral. (Así adicionado el inciso anterior por el artículo 2° del
decreto ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020)”
De modo que, con base en lo dispuesto actualmente
por el artículo 10 inciso b) del Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H, reformado por el artículo 1° del Decreto
ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020, a los servidores públicos que
estuvieran sujetos a un determinado régimen de prohibición antes de la entrada
en vigencia de la Ley No. 9635, se les continuará aplicando los porcentajes de
compensación económica anteriormente previstos, aun cuando modifiquen la
condición de su grado académico, sin que les resulten aplicables los nuevos
porcentajes de prohibición establecidos por la denominada Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.
El cambio normativo aludido en lo reglamentario,
fue advertido a partir de nuestro dictamen C-032-2020, de 31 de enero pasado y
en el que reiteramos que “En lo relativo al pago de compensación económica por prohibición,
deberán aplicarse las reglas dispuestas en el artículo 36 de la Ley de Salarios
de la Administración Pública, en relación con lo establecido en los artículos 9
y 10 del “Reglamento del Título III de la Ley Fortalecimiento de las Finanzas
Públicas, Ley N° 9635 referente al Empleo Público”, vigentes -agregaríamos
nosotros-.
Por lo
expuesto, al margen de la vinculación que pueda producir la doctrina
administrativa derivada de nuestros dictámenes, la cual no es en todo caso inmutable,
y menos frente a un evidente cambio normativo operado en la materia, nos vemos
en la obligación de reconsiderar parcialmente y en lo conducente, los
dictámenes C- 277-2019, de
20 de setiembre de 2019, C-324-2019, de 06 de noviembre del 2019, C-329-2019 y
C-331-2019, ambos de 07 de noviembre del 2019, C-334-2019, de 11 de noviembre
del 2019 y el pronunciamiento OJ-041-2019, de 29 de mayo del 2019, en el tanto
contienen una trascripción de los artículos 9 inciso d) y 10 inciso b) del Reglamento del Título III de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635 de 3 de diciembre de 2018,
referente a empleo público, Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H, anterior a la
reforma operada por el citado Decreto No.
42163-MIDEPLAN-H, de 20 de enero de 2020.
Conclusiones:
Con base en lo expuesto, la Procuraduría General concluye que:
En lo relativo al pago de
compensación económica por prohibición, deben aplicarse las reglas dispuestas
en el artículo 36 de la Ley de Salarios de la Administración Pública, en
relación con lo establecido en los artículos 9 y 10 del “Reglamento del Título
III de la Ley Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N° 9635 referente
al Empleo Público” -Decreto
Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H y sus reformas-; en especial la operada
recientemente por Decreto No. 42163-MIDEPLAN-H, de 20 de enero de 2020 – publicado en el Alcance No.
10 de La Gaceta No. 18 de 29 de enero de 2020-.
Con base en lo dispuesto actualmente por el
artículo 10 inciso b) del Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H, reformado por el artículo 1° del Decreto
ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020, a los servidores públicos que
estuvieran sujetos a un determinado régimen de prohibición antes de la entrada
en vigencia de la Ley No. 9635, se les continuará aplicando los porcentajes de
compensación económica anteriormente previstos, aun cuando modifiquen la
condición de su grado académico, sin que les resulten aplicables los nuevos
porcentajes de prohibición establecidos por la denominada Ley de Fortalecimiento
de las Finanzas Públicas.
Se reconsideran y modifican
parcialmente en lo conducente, los dictámenes C-
277-2019, de 20 de setiembre de 2019, C-324-2019, de 06 de noviembre del 2019,
C-329-2019 y C-331-2019, ambos de 07 de noviembre del 2019, C-334-2019, de 11
de noviembre del 2019 y el pronunciamiento OJ-041-2019, de 29 de mayo del 2019”.
En otro orden de ideas, es menester
resaltar que el propio Instituto Nacional de Aprendizaje está en la posibilidad
y en la obligación de tomar las decisiones administrativas que correspondan
para los casos de los funcionarios en consulta, apegando su actuación, desde
luego, al bloque de legalidad y a los principios constitucionales de
razonabilidad y proporcionalidad; todo bajo su entera y exclusiva responsabilidad.
IV.- Conclusión:
Por las razones expuestas deviene inadmisible su gestión; y, por ende,
se deniega su trámite y se archiva.
No obstante, tome en cuenta esa Auditoría lo referido sobre el tema en
consulta en nuestra jurisprudencia administrativa, posición que se reitera en
este pronunciamiento.
Cordialmente,
Yansi Arias Valverde Engie Vargas Calderón
Procuradora Adjunta
Abogada de Procuraduría
Área de la Función Pública Área de la
Función Pública
Yav/evc/sgg
[1] Reconsiderado
parcialmente por el Dictamen C-065-2020
del 26
de febrero del 2020, en orden al cambio normativo operado en la materia, nos vemos en la obligación de
reconsiderar parcialmente y en lo conducente, los dictámenes C-
277-2019, de 20 de setiembre de 2019, C-324-2019, de 06 de noviembre del 2019,
C-329-2019 y C-331-2019, ambos de 07 de noviembre del 2019, C-334-2019, de 11
de noviembre del 2019 y el pronunciamiento OJ-041-2019, de 29 de mayo del 2019, en el tanto contienen una
trascripción de los artículos 9 inciso d) y 10 inciso b) del Reglamento del
Título III de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635 de
3 de diciembre de 2018, referente a empleo público, Decreto Ejecutivo
N°41564-MIDEPLAN-H, anterior a la reforma operada por el citado Decreto No. 42163-MIDEPLAN-H, de 20 de enero de 2020, conforme se
puede corroborar en este pronunciamiento.
[2] “Artículo 9.- Prohibición. Los porcentajes señalados en el artículo 36 de
la Ley N° 2166, adicionado mediante artículo 3 de la Ley N° 9635, así como
aquellos señalados en las reformas legales a los regímenes de prohibición del
artículo 57 de esa misma ley, resultan aplicables a:
a) Los servidores que sean nombrados por primera vez en la
Administración Pública en un puesto en el cual cumplen los requisitos legales para
recibir la compensación por prohibición.
b) Los servidores que previo a la publicación de la Ley N° 9635,
no se encontraban sujetos al régimen de prohibición y que de manera posterior a
la publicación cumplen los requisitos legales respectivos.
c) Los servidores que finalizan su relación laboral y
posteriormente se reincorporan a una institución del Estado, por interrupción
de la continuidad laboral.
d) Los servidores sujetos al régimen de prohibición con la
condición de grado académico de Bachiller Universitario previo a la publicación
de la Ley N° 9635, y proceden a modificar dicha condición con referencia al
grado de Licenciatura o superior.”
(El subrayado es nuestro).
“Artículo 10.- Servidores sujetos al régimen de prohibición previo a
la entrada en vigencia de la Ley N° 9635. Los porcentajes señalados en el artículo 36 de
la Ley N° 2166, adicionado mediante artículo 3 de la Ley N° 9635, así como
aquellos señalados en las reformas legales a los regímenes de prohibición del
artículo 57 de esa misma ley, no resultan aplicables a:
a) Los servidores que previo a la publicación de la Ley N° 9635 se
encontraban sujetos a algún régimen de prohibición y mantengan la misma
condición académica.
b) Aquellos movimientos de personal a través de las figuras de ascenso,
descenso, traslado, permuta o reubicación, sea en una misma institución o entre
instituciones del Estado, siempre que el funcionario se hubiese encontrado
sujeto a algún régimen de prohibición, previo a la publicación de la Ley N°
9635. Lo anterior, siempre que exista la continuidad laboral y no implique
un cambio en razón del requisito académico.” (El subrayado es nuestro).”
[3] Por dicho
dictamen se atendió una consulta en torno a la posibilidad de que el inciso d)
del artículo 9, y el inciso b) del artículo 10 del citado Reglamento, hubieran
excedido los alcances de la Ley No. 9635, al establecer que los porcentajes a
los que se refiere el artículo 36 de la Ley de
Salarios de la Administración Pública se deben aplicar en los casos en los
cuales el servidor, pese a estar incorporado a un régimen de prohibición antes
de la entrada en vigor de la citada ley, pase del grado académico de bachiller,
al de licenciatura o superior (artículo 9, inciso d), o bien, cuando presente
movimientos a través de las figuras de ascenso, descenso, traslado, permuta, o
reubicación y ello implique un cambio en el requisito académico (artículo 10,
inciso b).
C-102-2020
CONSULTA INADMISIBLE COSO
CONCRETO. nO OBSTANTE, DEBE TOMAR EN CUENTA LA ADMINISTRACIÓN CONSULTANTE QUE
en virtud de la pretensión de generalidad y uniformidad que inspiró la reforma
a la Ley de Salarios de la Administración Pública, operada por la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, debe entenderse que el artículo 34 de
la Ley de Control Interno fue tácitamente reformado, de manera tal que la
compensación económica aplicable por la prohibición establecida en esa norma es
la que contempla el artículo 36 de la Ley de Salarios de la Administración
Pública. DICTÁMENES RELACIONADOS C-281-2019 del 1 de octubre de 2019, C-334-2019 del 11 de noviembre DEL 2019 Y C-065-2020
del 26 de febrero de 2020.
Por oficio AI-00680-2019, de fecha 17
de setiembre del 2019, la señora Rita María Mora Bustamante, Auditora Interna
del Instituto Nacional de Aprendizaje, solicita el
criterio de la Procuraduría General, en relación con la siguiente interrogante:
“Es por todo lo
expuesto que esta Auditoría Interna solicita el dictamen de esa Procuraduría
General de la República, en relación con el porcentaje que, por concepto de
prohibición, debe percibir el personal de nuevo ingreso que realiza funciones
de fiscalización en las auditorías internas; toda vez que la Ley del
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, 9635, no reforma, adiciona, aclara ni
deroga ninguna disposición de la Ley General de Control Interno, 8292, incluido
lo contenido en el artículo 34, sobre ese porcentaje por prohibición”.
Mediante el Dictamen C-102-2020 del 31 de marzo del 2020,
suscrito por la Licda. Yansi Arias Valverde,
Procuradora Adjunta y la Licda. Engie Vargas
Calderón, Abogada de Procuraduría, se concluyó:
“Por las razones expuestas deviene inadmisible su
gestión; y, por ende, se deniega su trámite y se archiva.
No obstante, tome en cuenta esa Auditoría lo referido
sobre el tema en consulta en nuestra jurisprudencia administrativa, posición
que se reitera en este pronunciamiento.”