Dictamen : 103 - del 31/03/2020
31 de marzo del 2020
C-103-2020
Licenciado
Erick Calderón Carvajal
Auditor Interno
Municipalidad de Escazú
Estimado señor:
Con la aprobación del señor Procurador General de la República, doy respuesta a su oficio AI-17-2019, de fecha 20 de setiembre de 2019, por medio del cual, en cumplimiento de su plan
anual de trabajo, formula una serie de interrogantes concernientes al régimen
preventivo de incompatibilidades a nivel municipal y a la eventual restricción
del ejercicio liberal de la profesión, de forma consensuada o imperativa, en el
marco de las disposiciones normativas introducidas por la Ley de
Fortalecimiento de la Finanzas Públicas No. 9635 de 3 de diciembre de 2018,
concretamente su Título III Modificación de la Ley No. 2166, Ley de Salarios de
la Administración Pública, de 9 de octubre de 1957 y sus reformas, y su
Reglamento –Decreto Ejecutivo No.
41564-MIDEPLAN-H-.
En concreto, se consulta:
“1.
¿Conforme al deber de probidad establecido en el artículo 3 de La ley contra la
corrupción y el enriquecimiento ilícito en la función pública, ¿un profesional
municipal, en su calidad de Ingeniero Civil, Arquitecto o Topógrafo, puede
ejercer liberalmente su profesión en el mismo municipio donde labora, aunque no
sea el que al final autorice su proyecto en el Gobierno Local, o no tenga un
plus salarial como prohibición o dedicación exclusiva?
2.
¿Conforme a lo establecido en el capítulo IV del Título III de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley No. 9635 y su Reglamento, si un
profesional que actualmente labora para el municipio, que no se le paga
dedicación exclusiva o prohibición, decide acogerse a algunos de estos
regímenes de restricción de la profesión, deberá la administración municipal respetar
lo dispuesto en el capítulo supra citado y con esto, los nuevos porcentajes
establecidos en los artículos 35 y 36 de la Ley No. 9635, o por el contrario
utilizar los porcentajes estipulados en la Convención Colectiva vigente?”
Dicha gestión se fundamenta, sin mayor
justificación, en la facultad conferida a las
auditorías internas institucionales con la reforma introducida por el artículo
45 de la Ley General de Control Interno al artículo 4 de la Ley Orgánica de la
Procuraduría General.
I.- Criterios de admisibilidad de consultas de Auditorías Internas.
Si bien
con la reforma introducida al artículo 4 de la Ley Orgánica de la
Procuraduría General de la República, mediante el artículo 45, inciso c) de la
Ley No. 8292 de 31 de julio del 2002, publicada en la Gaceta # 169 de 4 de
setiembre del 2002, se dispensa a los Auditores Internos de adjuntar el
criterio jurídico; pudiendo éstos consultar directamente en lo que atañe a la
materia de su competencia, lo cierto es que esta norma debe interpretarse
en sus justas dimensiones, pues esa
potestad consultiva no es irrestricta. Y por ello, nuestra jurisprudencia
administrativa ha señalado las condiciones bajo las cuales debe ejercerse dicha
facultad.
En ese sentido, hemos reiterado recientemente en el
dictamen C-197-2019, de 08 de julio de 2019, que la materia
consultable por parte de los auditores se circunscribe a aquella que
pertenezca, de modo directo, a su competencia funcional; es decir, que la
facultad de consultar está referida a la competencia del auditor y al ámbito de
las competencias del organismo que controla y del cual forma parte (En sentido
similar, el dictamen C-181-2019, de 25 de junio de 2019).
Ello implica
que los auditores no se encuentran autorizados para consultar sobre materias que
no se refieran o no estén contenidas en la esfera de su competencia
institucional o dentro de la competencia de los órganos administrativos de los
cuales forman parte. Por esa razón, hemos estimado que las consultas realizadas
por la auditoría interna, deben estar ligadas al contenido mismo del plan de
trabajo que se esté aplicando ese año en la respectiva Administración, ya que
es esto lo que nos permite determinar los alcances del ámbito de competencia de
esa auditoría. De ahí que resulta necesario que se acredite esa relación o
ligamen por parte del consultante (Dictámenes Nos. C-042-2008 de 11 de febrero
de 2008, C-153-2009 de 1° de junio de 2009, C-314-2017 de 15 de diciembre de
2017, C-043-2019 de 20 de febrero de 2019, C-133-2019 de 14 de mayo de 2019,
C-073-2020, C-074-2020, C-075-2020 y C-076-2020, éstos últimos de 03 de marzo
de 2020).
Dado que la facultad de consultar que tienen los
auditores se encuentra limitada al ámbito de sus competencias y, por tanto, a
la ejecución del plan de trabajo correspondiente, es lógico entender que esa
facultad debe ejercerse con respecto a una duda jurídica puntual y específica,
y no ser utilizada para requerir nuestro criterio sobre una gran cantidad de
cuestionamientos, en relación con materias distintas. La amplitud y diversidad
de cuestionamientos en una consulta planteada por un auditor, podría poner en
tela de duda la relación de la consulta formulada, con el ejercicio de sus
competencias y con el plan de trabajo correspondiente.
Aun así, cuando
una Auditoría tiene dudas legales atinentes a su ámbito funcional, debe
recurrir primeramente al asesor legal del órgano o ente en el que está
orgánicamente enclavada. Si este no existe o se niega por razones justificadas
a emitir su pronunciamiento o una vez que se ha emitido, considera que es
necesario recabar otro criterio, es que debería formular la respectiva consulta
al Órgano Asesor. No podemos perder de vista de que la Procuraduría General de
la República ejerce su función consultiva para toda la Administración Pública y
desde esa perspectiva, debe racionalizarla en aras del interés público
(Dictamen C-232-2012, de 2 de octubre de 2012. En sentido similar los
dictámenes C-069-2017, de 3 de abril y C-293-2017, de 11 de diciembre, ambos de
2017, C-138-2018, de 14 de junio y C-284-2018, de 12 de noviembre, ambos de
2018).
A su vez, se reitera lo
dispuesto en el dictamen No. C-48-2018 de 9 de marzo de 2018, en cuanto a que
los dictámenes que la Procuraduría General emita por consulta directa de los
auditores internos, producen el efecto jurídico de vincular a éstos en el
cumplimiento de sus funciones de control y validación, pero, de ninguna forma,
puede entenderse que vinculen al jerarca del cual dependa orgánicamente la
respectiva auditoría. Dicho de otro modo, la facultad de los auditores no tiene
por finalidad, vincular al jerarca de la administración activa del cual
dependen orgánicamente, y, por esa misma razón, los auditores carecen de la
potestad para realizar la gestión de reconsideración del dictamen que se les
emita.
Además, puesto que la facultad de consultar que
tienen los auditores se constriñe al ámbito de sus competencias, debe
advertirse que ésta no debe ser utilizada por la administración activa para
evadir el cumplimiento de los requisitos de admisibilidad de las consultas,
canalizando sus solicitudes de criterio a través de la auditoría interna
(Dictamen C-205-2019, de 12 de julio de 2019).
Tampoco
pueden pretender consultar los Auditores Internos, expresa o implícitamente,
acerca de la validez o no de conductas administrativas concretas ya adoptadas
por la Administración activa, pues nuestra función asesora, por su naturaleza,
es previa a la toma de decisiones
concretas; sin que podamos –salvo los casos excepcionales expresamente previstos
en los ordinales 173 y 183 de la Ley General de la
Administración Pública- revisar en la vía consultiva la legalidad de actuaciones
singulares de la Administración (Entre otros, los dictámenes C-025-2018, de 30
de enero de 2018; C-064-2018, de 4 de abril de 2018; C-222-2018, de 7 de
setiembre de 2018; C-271-2018, de 30 de octubre de 2018; C-007-2019, de 10 de
enero de 2019; C-38-2019, de 14 de febrero de 2019 y C-149-2019, de 30 de mayo
de 2019).
Y mucho menos, pueden consultarse
temas en los que el ordenamiento jurídico expresamente atribuya una potestad
específica a otro órgano o ente (art. 5 de nuestra Ley Orgánica N° 6815 de 27
de setiembre de 1982) (Dictamen C-227-2019, de 12 de agosto de 2019, entre
otros).
Tómese en cuenta lo anterior para futuras
consultas.
II.- Doctrina administrativa y judicial sobre los temas
atinentes a la consulta.
Partiendo de que la gestión ha sido planteada en
términos generales e inconcretos por el consultante, y reconociendo su
innegable interés en obtener criterios jurídicos que le permitan
esclarecer las dudas que formula, actuando siempre dentro de nuestras
facultades legales como asesores técnico-jurídicos de las Administraciones
Públicas, procederemos
a emitir en abstracto nuestro criterio al respecto; máxime que los temas
atientes a su consulta han sido
ampliamente abordados por nuestra jurisprudencia administrativa y con base en
ella responderemos sus interrogantes.
La primera de sus preguntas involucra
inequívocamente los principios de imparcialidad e independencia que regentan el
ejercicio de la función pública y el régimen de incompatibilidad funcional, a
nivel municipal.
Según expusimos en el dictamen
C-334-2005 de 26 de setiembre de 2005, dentro del difuso régimen de
incompatibilidades de la función pública costarricense, encontramos el deber de
imparcialidad que tiene directa conexión –según
la doctrina [1]- con la
finalidad institucional de las Administraciones Públicas de prestar servicio a
los intereses generales con objetividad; lo que implica, en primer término, la
neutralidad o independencia política o bien eficacia indiferente de la
actuación administrativa, como también se le denomina, según la cual todo
servidor público está obligado a ejercer sus funciones observando la más
estricta neutralidad ideológica, sin acepción de personas o grupos; es decir,
sin favoritismos ni discriminaciones (Entre otras muchas, remito a las resoluciones Nºs 932-95 de las 15:33 horas del 18 de julio
de 1995, 2883-96 de 17:00 horas de 13 de junio de 1996 y 11524-2000 de 21 de diciembre del 2000, 1749 -2001 de
las 14:33 horas del 7 de marzo del 2001, de la Sala Constitucional. Así como a
los dictámenes
C-079-2000 de 24 de abril del 2000, C-062-2002 de 26 de febrero del 2002,
C-127-2002 de 24 de mayo de 2002, C-054-2005 de 8 de febrero de 2005 y
C-316-2005 de 5 de setiembre de 2005; así como los pronunciamientos
O.J.-105-2002 de 22 de julio del 2002 y O.J.-109-2002
de 5 de agosto de 2002, entre
otros muchos).
Pero aquella imparcialidad no se agota en el deber de
neutralidad política aludido, sino que además se manifiesta en las relaciones
del funcionario, en el desempeño del cargo, con la sociedad; lo cual supone
que, como derivación del principio de igualdad jurídica y no discriminación de
los administrados (artículos 4, 8, y 10
de la Ley General de la Administración Pública y 33 constitucional), todo servidor
público debe abstenerse de toda actuación que suponga favorecer ilegítima o
ilegalmente a sí mismo o a terceras personas, organizaciones sociales o grupos
privados [2].
Así, al decir de la propia Sala
Constitucional, con fundamento en una
exigencia moral y ética de parte de la sociedad en relación con la prestación
concreta del servicio público y bajo la égida de los principios
constitucionales de legalidad, responsabilidad, transparencia, igualdad de
trato para todos los administrados y de la exigencia de idoneidad y eficiencia
en el empleo público (Al respecto, véase la resolución Nº 2883-96 de las 17:00 hrs. del 13 de junio de 1996), al funcionario no se le permite colocarse
en situaciones o circunstancias que puedan
comprometer la imparcialidad o independencia funcionarial o bien porque puedan
impedir o menoscabar el estricto cumplimiento de sus deberes e incluso
perjudicar los intereses generales - casos de conflicto u oposición de
intereses directos e inmediatos -. Todo en aras de asegurar que la
Administración tome sus decisiones únicamente conforme al ordenamiento jurídico
y con la finalidad de interés general que lo motiva; esto es: “(...) la
consecución de una justicia objetiva, imparcial, independiente y cristalina,
propia de regímenes democráticos y de derecho” (Resoluciones Nºs 7531-97 de
las 15:45 horas del 12 de noviembre de 1997 y 00-11524 de 21 de diciembre del 2000, ambas de la Sala
Constitucional).
Es claro
entonces que la función pública está regentada por un conjunto de valores, principios
y normas de un alto contenido ético y moral, con el propósito de garantizar la
imparcialidad, la objetividad -véanse, entre otros, los votos números
1749-2001 y 5549-99 del Tribunal Constitucional, los cuales, aunque referidos a
las incompatibilidades, tienen un alcance general- (Dictamen C-069-2017, de
03 de abril de 2017).
Así, “En
cuanto a la duda sobre los funcionarios que ostentan la profesión de
ingeniería, arquitectura o topografía, u otras similares, cabe observar que si
bien no existe norma legal que les restrinja el ejercicio liberal de la
profesión, o no están sujetos al Régimen de Dedicación Exclusiva de la Función
Pública, es lo cierto que existen en el ordenamiento jurídico municipal,
disposiciones legales que expresamente prohíben a todo funcionario o servidor
municipal actuar en el desempeño de sus cargos, con fines distintos de los
encomendados en sus contratos de trabajo, tener obligaciones laborales en otras
entidades, públicas o privadas, o adquirir compromisos con evidente superposición
horaria con la municipalidad, o bien se le prohíbe participar en actividades
vinculadas con empresas o intereses privados que puedan causar evidente
perjuicio a los municipales o competir con ellos (véanse incisos b),c) y d) del
artículo 148[3] del Código Municipal).
De manera que, si no hay norma legal expresa que impida a esos funcionarios
para ejercer privadamente dichas profesiones, es con sustento en las citadas
disposiciones que deben restringirse a realizar actividades que contravengan con
los deberes allí estipulados, los cuales se acuñan en el deber de probidad y
los principios éticos de la función pública a que se encuentran sometidos todo
funcionario a cumplir en virtud del principio de legalidad regente en todo
actuar de la Administración Pública, y su homólogo de la Ley General de la
Administración Pública.” (Dictamen C-139-2012, de 5 de junio de 2012).
Y en ese sentido, aludiendo el precedente
contenido en el dictamen C-128-2007, de 27 de abril de 2007 –aunque referido al caso de un Ingeniero,
aplica mutatis mutandis a otras profesiones-, esta Procuraduría General ha
reiterado lo siguiente:
“Antes de
entrar al análisis del tema de fondo, cabe hacer la observación de que la
gestión de mérito no hace mención alguna acerca de la posible sujeción del
ingeniero municipal al régimen de prohibición o dedicación exclusiva, de tal
suerte que el análisis que a continuación exponemos parte de la premisa de que
este funcionario se encuentra en posibilidad de ejercer liberalmente su
profesión, desde luego, una vez cumplida su jornada laboral, toda vez que la
superposición horaria constituye una grave falta en la función pública, tal
como lo ha señalado reiteradamente este Despacho.
Una vez
aclarado lo anterior, a modo de marco general sobre el tema que involucra la
consulta, resulta de especial importancia recalcar que todo funcionario debe
garantizar la prevalencia del interés público y el interés institucional sobre
cualquier tipo de interés privado. Al respecto, el artículo 3 de la Ley Contra
la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública (Ley N° 8422),
dispone:
“Artículo 3º—Deber
de probidad. El funcionario público estará obligado a orientar su gestión a
la satisfacción del interés público. Este deber se manifestará, fundamentalmente,
al identificar y atender las necesidades colectivas prioritarias, de manera
planificada, regular, eficiente, continua y en condiciones de igualdad para los
habitantes de la República; asimismo, al demostrar rectitud y buena fe en el
ejercicio de las potestades que le confiere la ley; asegurarse de que las
decisiones que adopte en cumplimiento de sus atribuciones se ajustan a la
imparcialidad y a los objetivos propios de la institución en la que se
desempeña y, finalmente, al administrar los recursos públicos con apego a los
principios de legalidad, eficacia, economía y eficiencia, rindiendo cuentas
satisfactoriamente”.
De modo
complementario, el inciso 11) del artículo 1º del reglamento a la Ley Contra la
Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito establece en lo conducente:
“Artículo 1º— Definiciones. Para la aplicación del presente
Reglamento, los términos siguientes tienen el significado que a continuación se
indican:
(...)
11) Deber de probidad: Obligación del funcionario público de orientar su
gestión a la satisfacción del interés público, el cual se expresa,
fundamentalmente, en las siguientes acciones:
a) Identificar y atender las necesidades colectivas prioritarias de
manera planificada, regular, eficiente, continua y en condiciones de igualdad para
los habitantes de la República;
b) Demostrar rectitud y buena fe en el ejercicio de las potestades que
le confiere la ley;
c) Asegurar que las decisiones que adopte en cumplimiento de sus
atribuciones se ajustan a la imparcialidad y a los objetivos propios de la
institución en la que se desempeña;
(…)
f) Abstenerse de conocer y resolver un asunto cuando existan las mismas
causas de impedimento y recusación que se establecen en la Ley Orgánica de
Poder Judicial, en el Código Procesal Civil, y en otras leyes.
g) Orientar su actividad administrativa a satisfacer primordialmente el
interés público.” (énfasis agregado)
Asimismo,
resulta importante tener en cuenta que el artículo 4º de la citada Ley N°
8422 dispone expresamente que “sin perjuicio de las responsabilidades civiles y
penales que procedan, la infracción del deber de probidad, debidamente
comprobada y previa defensa, constituirá justa causa para la separación
del cargo público sin responsabilidad patronal”. De igual modo,
eventualmente puede resultar aplicable el artículo 38 inciso b) del mismo
cuerpo normativo, que a la letra dispone:
“Artículo 38.- Causales
de responsabilidad administrativa. Sin perjuicio de otras causales
previstas en el régimen aplicable a la respectiva relación de servicios, tendrá
responsabilidad administrativa el funcionario público que:
(...)
b)
Independientemente del régimen de prohibición o dedicación exclusiva a que esté
sometido, ofrezca o desempeñe actividades que comprometan su imparcialidad,
posibiliten un conflicto de intereses o favorezcan el interés privado en
detrimento del interés público. Sin que esta ejemplificación sea taxativa, se
incluyen en el supuesto los siguientes casos: el estudio, la revisión, la
emisión de criterio verbal o escrito, la preparación de borradores relacionados
con trámites en reclamo o con ocasión de ellos, los recursos administrativos,
las ofertas en procedimientos de contratación administrativa, la búsqueda o
negociación de empleos que estén en conflicto con sus deberes, sin dar aviso al
superior o sin separarse del conocimiento de asuntos en los que se encuentre
interesado el posible empleador.
Así las cosas, debe tenerse presente que la condición de funcionario
público implica el cumplimiento de deberes y obligaciones de carácter ético
consagrados en el ordenamiento jurídico. En consecuencia, si el funcionario
está llamado a proteger y a defender el interés público y el interés de la
institución a la cual sirve, así como a actuar con rectitud en todo momento,
las actividades de cualquier índole que realice a nivel privado –aun cuando sea
fuera de horas de trabajo– no pueden entrañar un conflicto de
intereses respecto de sus funciones como servidor público.
Por consiguiente, aun cuando el servidor se encuentre legalmente
autorizado para ejercer de modo liberal su profesión, ello no puede aparejar la
violación de postulados básicos del servicio público, que le obligan a observar
una conducta apegada a los más altos principios éticos, mostrando en todo
momento el respeto al deber de probidad, la lealtad al cargo que ejerce y la
defensa de los intereses públicos que persigue la institución para la cual
presta sus servicios. Es decir, no debe en modo
alguno comprometer su imparcialidad, generando conflictos de intereses al
propiciar el favorecimiento del interés privado –incluyendo el suyo propio– en
detrimento del interés público.
Bajo este orden
de ideas, si un funcionario ocupa el cargo de ingeniero municipal, en el
ejercicio liberal de su profesión no podría asumir la dirección profesional de
un proyecto que debe ser conocido y aprobado en la propia Municipalidad para la
cual labora, situación que innegablemente lo colocaría en un evidente conflicto
de intereses.
En efecto, en
este punto no puede perderse de vista que el ingeniero municipal ejerce una
serie de potestades respecto del visado o aprobación con que debe contar toda
obra que se vaya a construir en el respectivo cantón, situación que resulta
claramente inconciliable con la posibilidad de dirigir profesionalmente
proyectos de obra a nivel privado, que serán construidos dentro de la
jurisdicción de ese municipio, pues justamente son esas obras las que le
corresponde aprobar y fiscalizar. Entra en juego aquí el principio de que quien
ostenta la autoridad para fiscalizar no puede a su vez ocupar la posición del
sujeto fiscalizado, como una garantía básica de imparcialidad, transparencia y
prevención de conflictos de intereses. Admitir lo contrario vendría a propiciar
una situación que genera un grave daño para la credibilidad del gobierno local
y para el ejercicio transparente de la función pública.
En ese sentido, el asesoramiento de un cliente que presente un proyecto
dentro del territorio de esa municipalidad estaría lesionando sensiblemente el
deber de probidad consagrado en el artículo 3° de la Ley contra la Corrupción y
el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública, e igualmente atentaría contra
los deberes y prohibiciones establecidos en los artículos 147 y 148 [4]
del Código Municipal (Ley N° 7794).
Reviste importancia resaltar que esta Procuraduría ya tuvo oportunidad
de referirse puntualmente al tema de consulta, de ahí que conviene citar en lo
conducente nuestro dictamen N° C-315-2002 del 25 de noviembre del 2002, que
expone las siguientes consideraciones:
“La
Constitución Política, en su artículo 169, establece la competencia de las
municipalidades para administrar los intereses y servicios locales de cada
cantón. En materia de ejecución de obras y construcciones, corresponde a las
municipalidades de cada jurisdicción, sin perjuicio de las facultades que las
leyes conceden en esta materia a otros órganos administrativos, otorgar los
respectivos permisos o licencias, según lo establece la Ley de Construcciones
Número 833 de 2 de noviembre de 1949 y sus reformas. En este sentido, toda obra
relacionada con la construcción en el territorio de la República, debe contar
con el respectivo permiso municipal, según disposición del artículo 74 de la
citada Ley que dice así:
"Artículo
74.- Licencias. Toda obra relacionada con la construcción que se ejecute en las
poblaciones de la República, sea de carácter permanente, como provisional,
deberá ejecutarse con licencia de la Municipalidad correspondiente."
Dichos permisos
o licencias, en relación con la ejecución de obras y construcciones, los
otorgan las municipalidades respectivas a través del Departamento de Ingeniería
o del Ingeniero Municipal, incluso, si fuere del caso, por medio de un
Ingeniero ad hoc, según se observa del articulado de la citada Ley de Construcciones.
Prevé dicha legislación, como dato importante, que si una Municipalidad no
cuenta con un Ingeniero Municipal, deberá remitir las solicitudes de
construcción a la Municipalidad más cercana que sí lo tuviere, según se dispuso
mediante reforma al artículo 83 de la referida ley, por iniciativa de la
Escuela de Ingeniería de la Universidad de Costa Rica (acta 176 de la sesión de
5 de octubre de 1951 de la Asamblea Legislativa), por lo que en el artículo
único de la Ley Nº 17 de 9 junio de 1953, se introdujo el siguiente párrafo:
'Las
Municipalidades que no tuvieren Ingeniero Municipal, deberán remitir las
solicitudes de construcción a la Municipalidad más cercana que cuente con los
servicios de un Ingeniero Civil incorporado. "
Lo anterior
supone que los municipios deberán contar con los servicios de un Ingeniero
Civil, que verificará que las solicitudes de licencias de construcción cumplan
con las normas técnicas establecidas para ese efecto. En el caso de que la
municipalidad no cuente con el servicio de un Ingeniero Civil, ésta deberá
proceder en los términos que señala el artículo citado, sea, remitir la
solicitud al municipio más cercano que cuente con un profesional en Ingeniería.
Cabe indicar que la práctica nos muestra que las municipalidades cuentan,
generalmente, con un Departamento especializado a cargo de un Ingeniero, quien
se encarga de los asuntos relativos a su área profesional. En el caso de esa
Municipalidad así consta en el artículo 3º de su Reglamento Interior de
Trabajo.
(…)
Por otra parte,
en relación con el segundo punto consultado, sobre si es legal que el Ingeniero
Municipal también sea el ingeniero responsable, directo y particular de otros
proyectos que por jurisdicción requieren de su aprobación, y si en ese caso es
posible que el permiso lo otorgue el mismo Ingeniero Municipal.
Al respecto es
importante mencionar que el Código Municipal determina una serie de normas que
rigen, entre otras cosas, los derechos, deberes, obligaciones y prohibiciones
de sus servidores.
En ese sentido,
el Código de rito estipula en los artículos 147 y 148 [5]
lo concerniente a las obligaciones y prohibiciones del funcionario municipal.
En lo que interesa, indican los citados artículos lo siguiente:
"Artículo147
–actual 156-. Son deberes de los servidores
municipales:
(…)
b) Prestar los
servicios contratados con absoluta dedicación, intensidad y calidad,
responsabilizándose de sus actos y ejecutando sus tareas y deberes con apego a
los principios legales, morales y éticos.
(…)
d) Garantizar,
a la administración municipal, su compromiso en cuanto a la integridad y
fidelidad en su trabajo la naturaleza que sea, en aras de lograr el
cumplimiento de los objetivos y la misión de la municipalidad."
"Artículo 148 –actual
157-. Está prohibido a los servidores municipales (…):
c) Tener
obligaciones laborales en otras entidades, públicas o privadas, o adquirir
compromisos con evidente superposición horario a su contrato con la
municipalidad.
d) Participar
en actividades vinculadas con empresas o intereses privados que puedan causar
evidente perjuicio a los municipales o competir con ellos."
Las normas
antes señaladas dejan claro que en tratándose del ejercicio de la función
pública, en este caso del ejercicio de un puesto en un ente municipal, no es
posible, al estar expresamente prohibido, ejercer actividades privadas que
puedan interferir en el desempeño de las funciones propias del cargo que se
ocupa.
Debe recordarse
que en el ejercicio de la función pública existen principios cuyo cumplimiento
resulta indispensable, tales como el de imparcialidad e independencia, pilares
fundamentales del régimen de incompatibilidades. Acerca de este tema, viene al
caso mencionar lo expuesto por este órgano asesor en el Dictamen número
C-079-2000 de 24 de abril del 2000, en el que se expresó lo siguiente:
" En este
sentido, es válido afirmar que la imparcialidad constituye uno de los
principios rectores en el ejercicio de la función pública, derivado de lo
dispuesto en el artículo 11 Constitucional. Así lo ha reconocido la Sala
Constitucional:
" (...) el
artículo 11 de la Constitución Política establece el principio de legalidad,
así como también sienta las bases constitucionales del deber de objetividad e
imparcialidad de los funcionarios públicos, al señalar que éstos están
sometidos a la Constitución y a las leyes; aquí nace el fundamento de las
incompatibilidades, el funcionario público no puede estar en una situación
donde haya colisión entre interés público e interés privado". (Sentencia
Nº.° 3932-95 de las 15:33 hrs. del 8 de junio de 1995).
Se desprende de
lo anterior, que el principio de imparcialidad, conjuntamente con el de
independencia en la gestión pública, constituye el pilar en el que se asienta
toda legislación sobre incompatibilidades. En efecto, para obviar los
conflictos de intereses y salvaguardar el interés público, el legislador ha
elaborado un conjunto de reglas éticas que deben ser observadas por los
funcionarios en el ejercicio de la función pública. Entre tales reglas están
las referentes a la abstención y recusación (artículos 230 y siguientes de la
Ley General de la Administración Pública).
En el dictamen
número C-112-98 de 15 de junio de 1998, la Procuraduría General de la República
sostuvo que el fundamento de la incompatibilidad es la existencia o
eventualidad de un conflicto de intereses, de tal manera que en todo aspecto en
que pueda existir un conflicto entre el interés público y privado existe una
incompatibilidad.
El anterior
razonamiento lo encontramos implícitamente en la resolución de la Sala
Constitucional Nº 2883-96 de las 17:00 hrs. del 13 de junio de 1996, cuando
expresa:
"… al
funcionario público no se le permite desempeñar otra función o trabajo que
puede inducir al menoscabo del estricto cumplimiento de los deberes del cargo,
o de alguna forma comprometer su imparcialidad o independencia, con fundamento
en los principios constitucionales de responsabilidad de los funcionarios, del
principio – deber de legalidad y de la exigencia de eficiencia e idoneidad que
se impone a la administración pública. En el fondo lo que existe es una
exigencia moral de parte de la sociedad en relación (sic) a la prestación del
servicio público. El régimen de incompatibilidades persigue evitar que corra
peligro la función pública, con el consecuente perjuicio para la administración
y los usurarios, que resultaría inaceptable. El sistema de garantías para el
ejercicio de la función pública, tiene un soporte ético relacionado con el
principio de igualdad de trato para todos los administrados…"
Es importante
señalar, que al impedir la incompatibilidad el acceso a cargos públicos,
constituye una limitación a un derecho fundamental, por lo que siempre debe
tener origen en una ley (reserva de ley). Empero, si en un caso concreto se da
un conflicto de intereses, y no ha sido contemplado por ley como un supuesto de
incompatibilidad, el funcionario deberá abstenerse, tal y como se deriva del
artículo 230 y siguientes de la Ley General de la Administración Pública".
(Procuraduría General de la República. Oficio Nº C-062-2002 de 26 de febrero de
2002).
De lo expuesto
en líneas precedentes, se concluye que no es jurídicamente posible, ni
ético, que el Ingeniero Municipal apruebe proyectos en que funja como Ingeniero
Responsable y que por jurisdicción requieren de su aprobación, toda vez que,
existe un evidente conflicto entre el interés público y el privado, razón por
la cual, el Ingeniero Municipal no puede conocer los proyectos de los que sea
responsable aún cuando esté habilitado para ejercer privadamente su profesión.
Sobre este tema
resultan de aplicación las causales de abstención y recusación establecidas en
los artículos 230 y siguientes de la Ley General de la Administración Pública.”
(énfasis agregado)
En abono a esta tesis, resulta de interés para el caso en análisis citar
nuestra opinión jurídica N° OJ-117-2004 del 27 de setiembre del 2004, cuando
expone:
“Así pues, en
tesis de principio y en lo que interesa al presente estudio, existe en el régimen
municipal un deber básico de dedicarse exclusivamente al ejercicio del cargo
asignado en la corporación de la localidad correspondiente. En otras palabras,
los funcionarios deben dedicarse únicamente a las labores
encomendadas en el cargo ocupado en la administración, de tal manera que está
descartada o eliminada cualquier posibilidad de efectuar trabajos fuera de la
municipalidad, que incluso podrían contravenir los intereses de la institución.
Esta situación se deduce claramente de la precitada normativa.
De todas
maneras es importante recalcar que en nuestro medio jurídico, el funcionario
público, sin excepción, se encuentra impedido para desempeñar cualquier labor o
actividad que pueda transgredir los intereses del Estado; es decir, le
está vedado realizar negocios, actos o cualquier otra actividad que comprometa
los deberes de imparcialidad, lealtad, objetividad e independencia que
caracteriza el ejercicio de la función estatal, las cuales derivan,
naturalmente del principio de legalidad y responsabilidad que establecen los
Artículos 11 de la Carta Política y 11 de la Ley General de la Administración
Pública. Así, lo ha externado la Sala Constitucional de la Corte Suprema de
Justicia en reiterados pronunciamientos, al argüir:
"En otra ocasión,
la Sala se refirió al profundo contenido ético que reviste el denominado
"conflicto de intereses", destacando que las normas, valores y
principios constitucionales, instauran de manera clara y sólida, los motivos
para exigir la imparcialidad en el funcionamiento del Estado. Además, no está
permitido a ningún servidor estatal, en el ejercicio de sus competencias,
actuar en su propio beneficio o el de su clientes o familiares, según sea el
caso, porque "...qué mayor agravio que ser perjudicado por aquél
empleado público contratado precisamente para amparar su derecho, pero que a su
vez representa a la parte contraria. Esto no es más que la denegación de
auxilio y de justicia en la vía administrativa." (El resaltado en
negrilla no pertenece al texto original). (Sentencia No. 3502-94 de las 15:18
horas del 12 de julio de 1994).
(…)
Como se ha
dejado notar de lo transcrito, la responsabilidad del personal en la función
pública, va más allá de una simple prohibición legal de ejercer privadamente la
profesión; es decir, en el fondo, hay una cuestión de incompatibilidad,
netamente palpable, de ética profesional y aspectos de moralidad, entre esa
labor y cualquier otra actividad que pueda colisionar con el interés del
patrono-Estado, que es el interés propio de la colectividad. Por ello, al
funcionario le está vedado realizar o autorizar negocios, actos o contratos que
puedan causar algún conflicto de intereses con la Administración Pública. De
ahí que lleva razón El Tribunal Constitucional al subrayar "... qué
mayor agravio que ser perjudicado por aquél empleado público contratado
precisamente para amparar sus derechos, pero que a su vez representa a la parte
contraria."
Pensamiento que
recoge toda la filosofía en torno a la imposibilidad de funcionar, en dos aristas
diferentes como la apuntada.
Por ello, las
normas del Código Municipal arriba transcritas, recogen todo ese espíritu del
deber que tiene el funcionario dentro de su ámbito de trabajo, a fin de que las
tareas se desenvuelvan dentro de un marco de legalidad, derivando de este
postulado, la objetividad, imparcialidad y lealtad de la función pública.” (el
subrayado es nuestro)
Como se
desprende de lo anterior, a cualquier funcionario público, por un mandato
derivado de los principios éticos y morales, le está prohibido ejercer
actividades profesionales a nivel privado que estén en colisión o
contraposición a los intereses o asuntos que conciernen o deben ser conocidos,
tramitados o resueltos en la institución en la cual ocupa su cargo.
Bajo este razonamiento, igualmente cobra especial importancia recordar
que la imparcialidad que debe regir la actuación de todo funcionario público
constituye un principio constitucional de la función pública,
que es fundamental para lograr la satisfacción de las necesidades públicas a
través de conductas objetivas que permitan la prestación del servicio de manera
eficaz y continua para la colectividad. Sobre el particular, la Sala
Constitucional ha señalado:
“(…) DE LOS PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES QUE RIGEN LA FUNCIÓN PÚBLICA. En
un Estado democrático como el nuestro, es necesario someter a la función
pública a una serie de normas que garanticen un comportamiento objetivo a
través del cual se evite, en la medida de lo posible, la manipulación del
aparato del Estado para satisfacer los intereses particulares de algunos
funcionarios. Existen una serie de principios generales y preceptos
fundamentales en torno a la organización de la función pública que conciben a
la Administración como un instrumento puesto al servicio objetivo de los
intereses generales: a) que la Administración debe actuar de acuerdo a una
serie de principios organizativos (eficacia, jerarquía, concentración,
desconcentración); b) que sus órganos deben ser creados, regidos y coordinados
por la ley; y c) que la ley debe regular el sistema de acceso a la función
pública, el sistema de incompatibilidades y las garantías para asegurar la
imparcialidad en el ejercicio de sus funciones. La mayoría de estos principios
se han materializado en la Ley General de la Administración Pública, pero que
derivan de varias normas constitucionales, los artículos 1°, 9, 11, 100, 109,
111, 112, 132, 191 y 192, de los que deriva todo lo concerniente al Estado de
la República de Costa Rica en relación con los principios democrático, de
responsabilidad del Estado, de legalidad en la actuación pública, el régimen de
incompatibilidades de los miembros de los Supremos Poderes, y los principios
que rigen el servicio público, tanto en lo que se refiere al acceso como la
eficiencia en su prestación. No basta que la actividad administrativa sea
eficaz e idónea para dar cumplida respuesta al interés público, así como
tampoco que sean observadas las reglas de rapidez, sencillez, economicidad y
rendimiento, sino que también es necesaria la aplicación de instrumentos de
organización y control aptos para garantizar la composición y la óptima
satisfacción global de los múltiples intereses expresados en el seno de una
sociedad pluralista, de modo tal que los ciudadanos que se encuentren en igual
situación deben percibir las mismas prestaciones y en igual medida. Es así como
el principio de imparcialidad se constituye en un límite y –al mismo tiempo- en
una garantía del funcionamiento o eficacia de la actuación administrativa, que
se traduce en el obrar con una sustancial objetividad o indiferencia respecto a
las interferencias de grupos de presión, fuerzas políticas o personas o grupos
privados influyentes para el funcionario. Este es entonces el bien jurídico
protegido o tutelado en los delitos contra la administración pública en general
o la administración de justicia en lo particular: la protección del principio
de imparcialidad o neutralidad de la actuación administrativa como medio de
alcanzar una satisfacción igual y objetiva de los intereses generales
(…)." (Resolución N° 11524-2000 de las 14:48 horas del 21 de
diciembre del 2000)
Asimismo, conviene tener presente lo dispuesto en las “Directrices
generales sobre principios y enunciados éticos a observar por parte de los
jerarcas, titulares subordinados, funcionarios de la Contraloría General de la
República, auditorías internas y servidores públicos en general” que
señalan –en lo que aquí nos interesa- lo siguiente:
“1.4 Conflicto de intereses.
(...)
7. Los jerarcas, titulares subordinados y demás funcionarios públicos no
deberán llevar a cabo trabajos o actividades, remuneradas o no, que estén en
conflicto con sus deberes y responsabilidades en la función pública, o cuyo
ejercicio pueda dar motivo de duda razonable sobre la imparcialidad en la toma
de decisiones que competen a la persona o a la institución que representa.
(...)
17. Los jerarcas, titulares subordinados y demás funcionarios públicos
deberán excusarse de participar en actos que ocasionen conflicto de intereses.
El funcionario público debe abstenerse razonablemente de participar en
cualquier actividad pública, familiar o privada en general, donde pueda existir
un conflicto de intereses con respecto a su investidura de servidor público,
sea porque puede comprometer su criterio, ocasionar dudas sobre su
imparcialidad a una persona razonablemente objetiva, entre otros.”
En virtud de todas las razones expuestas, en
esta ocasión cabe reiterar en todos sus extremos la posición que ya ha expresado
anteriormente esta Procuraduría General en el sentido de que resulta
improcedente que el ingeniero municipal asuma la dirección profesional de
proyectos –como ingeniero responsable- de obras que deben contar con la
aprobación del departamento a su cargo, en razón de que serán realizadas en la
propia jurisdicción del municipio para el cual labora (…)” (Dictamen C-128-2007, de 27 de abril de 2007).
Según hemos advertido en otras ocasiones, “No obstante la extensa transcripción del
dictamen en referencia, ello resulta útil para la duda planteada, pues allí se
analizan diferentes hipótesis en donde eventualmente podrían suscitarse
conflictos de intereses, entre la Municipalidad y el interés particular del
ingeniero o topógrafo con ocasión del ejercicio liberal de su profesión fuera
de la jornada de trabajo. De modo que, si bien, esta clase
funcionarial no tiene, en tesis de principio, impedimento para ejercer la
profesión de ingeniería y topografía u otras similares, es claro que de
conformidad con los artículos 3, 4 y 38 de la Ley contra la Corrupción y
Enriquecimiento Ilícito (Ley No. 8422 de 06 de octubre del 2004), así como los
artículos 147 y 148 [6]
del Código Municipal, y demás principios que rigen el servicio
público, -según la normativa que se extrae de dicho pronunciamiento- sí tienen
el deber de cumplir dentro de la jornada de trabajo y a cabalidad con las
funciones encomendadas en el puesto que ocupan en la municipalidad, bajo los
cánones de la objetividad, imparcialidad, respeto y lealtad que
demanda la función pública, pues de lo contrario se expondrían a la sanciones
disciplinarias correspondientes, sin perjuicio de las responsabilidades civiles
y penales que pudieran caberle por su irregular actuar, en perjuicio de los
intereses municipales”. (Dictamen C-139-2012, op. cit. Y en sentido similar, ratificando la posición
esbozada, los dictámenes C-163-2012, de 28 de junio de 2012; C-215-2012, de 17
de setiembre de 2012; C-144-2014, de 7 de mayo de 2014; C-022-2016, de 01 de
febrero de 2016 y C-059-2016, de 01 de abril de 2016).
Y con respecto a la segunda interrogante, referida a la
aplicación prevalente de las disposiciones sobre el régimen retributivo del
empleo público, concretamente los
nuevos porcentajes para el pago de la compensación económica por concepto de
dedicación exclusiva y prohibición, contempladas en la Ley de Fortalecimiento
de las Finanzas Públicas y en específico su
Título III, referido a la Modificación de la Ley No. 2166, Ley de Salarios de
la Administración Pública, de 9 de octubre de 1957 y sus reformas, y demás
disposiciones Transitorias, por sobre cualquier otra disposición de rango legal
o inferior preexistentes en el Sector Público, hemos reafirmado lo siguiente de
interés.
Nuestra jurisprudencia
administrativa ha sido consistente en afirmar que las corporaciones
municipales, conforme a la Ley o con sujeción a ésta, y por medio de sus
Concejos municipales –arts. 4 y 13 del
Código Municipal-, como manifestación de su autonomía, tienen competencia
para determinar su régimen retributivo-salarial -artículos 168, 169, 170 y 188 de la Constitución Política, 4 del
Código Municipal y 21 de la Ley de la
Administración Financiera y Presupuestos Públicos , No. 8131 del 18 de
setiembre de 2001- (Dictámenes C-293-2012, de 04 de diciembre de 2012;
C-017-2013, de 11 de febrero de 2013 y C-035-2019, de 14 de febrero de 2019,
entre otros muchos). Y en lo que atañe a la consulta no podemos perder de vista
la vocación y carácter de generalidad con que se emitió la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, No. 9635 de 3 de diciembre de 2018, concretamente
su Título III Modificación de la Ley No. 2166, Ley de Salarios de la
Administración Pública, de 9 de octubre de 1957 y sus reformas) y su Reglamento
–Decreto Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H y
sus reformas-, con una clara
finalidad de someter a criterios uniformes todo lo concerniente a la política
salarial de la Administración Pública (art. 140 inciso 7) constitucional[7]); disposiciones
normativas a las que deben someterse
inexorablemente las municipalidades que, por excelencia, constituyen la
descentralización territorial de nuestro país (OJ-068-2018, de 20 de junio de
2019) -arts. 26.2 de la Ley No. 2166 y 3 de su Reglamento-
Decreto reglamentario No. 41564-MIDEPLAN-H-. Por lo que no podría entonces,
por imperativo legal, subsistir un régimen retributivo municipal que no se
justifique y desarrolle dentro de los límites legales impuestos por la Ley No.
9635 y aquellos otros presupuestarios que prevé adicionalmente el Código
Municipal vigente. Criterio por demás compartido y sostenido por el Ministerio
de Planificación Nacional y Política Económica, en su condición de órgano
Rector del empleo público –arts. 46 de la
Ley de Salarios de la Administración Pública, introducido por la Ley No. 9635 y
22 del Decreto Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H - (Oficio DM-634-2019, de 10
de abril de 2019). (Véanse entre otros, los dictámenes C-160-2019 y C-161-2019,
de 10 de junio último, así como en el C-194-2019, de 8 de julio de 2019 y el
C-282-2019, de 04 de octubre de 2019).
Ahora bien, en lo que interesa a su consulta, el cambio más
sustancial y significativo introducido por la el Título III de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, N°9635, en materia de la Dedicación
Exclusiva, siguiendo la línea ya trazada
anteriormente por la citada resolución DG-082-2018
de 15 de junio de 2018, fue el rebajo –pero esta vez por mandato de ley - de
los porcentajes asignados para el cálculo de la compensación económica por
aquél concepto, a un 25% para los servidores con nivel de Licenciatura u otro
grado académico superior y un 10% para profesionales con nivel de bachiller
universitario (art. 35); calculados sobre el salario base correspondiente al
puesto que ocupe el funcionario (art. 38 inciso 2). Disposiciones
aplicables, en términos generales, a los funcionarios que, con
posterioridad a la entrada en vigencia de la citada Ley No. 9635, suscriban nuevos contratos de Dedicación Exclusiva con
las distintas instituciones públicas mencionadas en el artículo 26 de la misma
Ley de Salarios reformada (Dictámenes
C-277-2019, de 20 de setiembre de 2019 y C-335-2019, op. cit.), pues con base
en lo dispuesto por los Transitorios XXV y XXVIII del Título III de la Ley No.
9635, y los artículos 4 y 5 del Decreto Ejecutivo No.
41564-MIDEPLAN-H vigente a la fecha, esos nuevos porcentajes rebajados no serán
de aplicación, en principio y en lo que interesa a la presente consulta, para
los servidores que a la fecha de entrada en vigencia de la citada Ley contaran
con un contrato de Dedicación Exclusiva vigente. De modo que estos últimos
conservarían, en caso de ulteriores prórrogas debidamente justificadas, los
porcentajes devengados anteriormente; esto en aras del principio de indemnidad salarial.
Por
otro lado, el
artículo 36 de la Ley de Salarios de la Administración Pública, Ley N°2166, de
9 de octubre de 1957, adicionado por el artículo 3° del Título III de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635, de 3 de diciembre de
2018, estableció nuevos porcentajes para el pago de la compensación económica
por prohibición y en los artículos 9 inciso d) y 10 incisos a) y b) del
Reglamento del Título III de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas
Públicas, Ley N°9635 de 3 de diciembre de 2018, referente a empleo público,
Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H de 11 de febrero de 2019, se establecieron
originariamente disposiciones para aclarar en cuáles supuestos resultaban
aplicables los nuevos porcentajes de prohibición, siendo uno de estos supuestos
el cambio en razón del requisito académico -arts.
9 inciso d) y 10 inciso b) [8]-.
Y según advertimos en
el dictamen C-065-2020, de 26 de febrero de 2020, por Decreto Ejecutivo No.
42163-MIDEPLAN-H, de 20 de enero de 2020 –
publicado en el Alcance No. 10 de La Gaceta No. 18 de 29 de enero de 2020-,
se reformó el inciso b) del artículo 10 del Decreto Ejecutivo No.
41564-MIDEPLAN-H (art.1) y se derogó
el inciso d) de su artículo 9 (art. 3).
De modo que el texto actual de las
normas aludidas es el siguiente:
De
la Ley No. de
Salarios de la Administración Pública, Ley N°2166:
“Artículo 36- Prohibición y porcentajes de
compensación. Los funcionarios públicos a los que por vía legal se les ha
impuesto la restricción para el ejercicio liberal de su profesión, denominada
prohibición, y que cumplan con los requisitos establecidos en el artículo 31 de
la presente ley, recibirán una compensación económica calculada sobre el
salario base del puesto que desempeñan, de conformidad con las siguientes
reglas:
1. Un
treinta por ciento (30%) para los servidores en el nivel de licenciatura u otro
grado académico superior.
2. Un
quince por ciento (15%) para los profesionales en el nivel de bachiller
universitario.”
Del Reglamento del Título III de la
Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635 de 3 de diciembre
de 2018, referente a empleo público, Decreto Ejecutivo N°41564-MIDEPLAN-H:
“Artículo 9.- Prohibición. Los
porcentajes señalados en el artículo 36 de la Ley N° 2166, adicionado mediante
artículo 3 de la Ley N° 9635, así como aquellos señalados en las reformas
legales a los regímenes de prohibición del artículo 57 de esa misma ley,
resultan aplicables a:
a) Los
servidores que sean nombrados por primera vez en la Administración Pública en
un puesto en el cual cumplen los requisitos legales para recibir la
compensación por prohibición.
b) Los
servidores que previo a la publicación de la Ley N° 9635, no se encontraban
sujetos al régimen de prohibición y que de manera posterior a la publicación
cumplen los requisitos legales respectivos.
c) Los
servidores que finalizan su relación laboral y posteriormente se reincorporan a
una institución del Estado, por interrupción de la continuidad laboral.
d)…
(Derogado por el artículo 3° del decreto ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del
2020).”
“Artículo
10.- Servidores sujetos al régimen de prohibición previo a la entrada en
vigencia de la Ley N° 9635. Los
porcentajes señalados en el artículo 36 de la Ley de Salarios de la
Administración Pública, Ley N°2166, de 9 de octubre de 1957, así como aquellos
señalados en las reformas legales a los regímenes de prohibición del artículo
57 de esa misma ley, no resultan aplicables a: (Así reformado el párrafo anterior por el artículo 1° del decreto
ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020) (Lo subrayado no es del original)
a) Los servidores que previo a la publicación de la Ley N° 9635 se
encontraban sujetos a algún régimen de prohibición y mantengan la misma
condición académica.
b) Los servidores sujetos al régimen de prohibición, antes de la entrada
en vigencia de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635,
de 3 de diciembre de 2018, en razón de los incisos b), c) y d) del artículo 1°
de la Ley de Compensación por pago de Prohibición, Ley N°5867, del 15 diciembre
de 1975, que procedan a modificar dicha condición con referencia a
Bachillerato, Licenciatura o superior. (Así reformado el inciso anterior por el
artículo 1° del decreto ejecutivo N° 42163 del 20 de enero del 2020) (Lo
destacado no es del original)
c) Aquellos movimientos de personal a través de las figuras de ascenso,
descenso, traslado, permuta o reubicación, sea en la misma organización en la
que se labora o entre instituciones, órganos y empresas del Estado indicadas en
el artículo 26 de la Ley de Salarios de la Administración Pública, N°2166 de 9
de octubre de 1957, siempre que el servidor se hubiese encontrado sujeto a
algún régimen de prohibición, previo a la publicación de la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley N°9635, de 3 de diciembre de 2018
y siempre que exista continuidad laboral. (Así
adicionado el inciso anterior por el artículo 2° del decreto ejecutivo N° 42163
del 20 de enero del 2020)”
De modo que,
con base en lo dispuesto actualmente por el artículo 10 inciso b) del Decreto Ejecutivo
N°41564-MIDEPLAN-H, reformado por el artículo 1° del Decreto ejecutivo N° 42163
del 20 de enero del 2020, a los servidores públicos que estuvieran sujetos a un
determinado régimen de prohibición antes de la entrada en vigencia de la Ley
No. 9635, se les continuará aplicando los porcentajes de compensación económica
anteriormente previstos, aun cuando modifiquen la condición de su grado
académico, sin que les resulten aplicables los nuevos porcentajes de
prohibición establecidos por la denominada Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas.
De modo que, en
lo relativo al pago de compensación económica por prohibición, deberán
aplicarse las reglas dispuestas en el artículo 36 de la Ley de Salarios de la
Administración Pública, en relación con lo establecido en los artículos 9 y 10
vigentes del Reglamento del Título III de la Ley Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas.
Y según fuimos categóricos a
partir del dictamen C-060-2019, de 05 de marzo de 2019, y lo refirmamos, entre
otros, en los dictámenes C-160-2019, C-161-2019, C-194-2019; C-257-2019, de 09
de setiembre de 2019; C-277-2019, de 20 de setiembre de 2019, C-282-2019,
C-324-2019, op. cit. y pronunciamientos no vinculantes OJ-041-2019, op. cit. y OJ-068-2019, de 20 de junio recién pasado, la citada Ley estatal, aunque sobrevenida,
prevalecería sobre lo dispuesto en
los convenios colectivos “anteriormente” suscritos, en virtud del principio de
jerarquía normativa, que impone la preeminencia de la Ley sobre el convenio
colectivo; máxime cuando la norma
legal está dirigida a derogar, y por ende, a determinar la pérdida de vigencia
de las normas convencionales anteriores en un contenido normativo específico.
Sirva la siguiente trascripción para
ilustrar nuestra postura al respecto:
“IV.- Prevalencia jerárquica de la
Ley sobrevenida sobre las convenciones colectivas, por derogación expresa.
Véase que el problema
planteado con esta consulta y lo hasta aquí descrito, evidencian, entre otras
cosas, las diversas, complejas y dinámicas técnicas de articulación normativa del
ordenamiento jurídico laboral, que involucran distintos grados de imperatividad
de las normas que regulan ciertas y determinadas condiciones de trabajo en el
empleo público; lo cual, en última instancia determinará la aplicación
prevalente de una norma por sobre otra y permitirá o no, en menor o mayor
grado, la complementación normativa a través de la negociación colectiva
(Dictámenes C-176-2012, de 9 de julio de 2012, C-381-2014, de 5 de noviembre de
2014 y C-176-2015, de 06 de julio de 2015, entre otros). Y en ese contexto es
claro que la Ley estatal, aun aquella sobrevenida, debe prevalecer sobre lo
dispuesto en los convenios colectivos en virtud del principio de jerarquía
normativa, que impone la preeminencia de la Ley sobre el convenio colectivo; máxime cuando la norma legal está dirigida a
derogar, y por ende, a determinar la pérdida de vigencia de las normas
convencionales anteriores en un contenido normativo específico. Recordemos la derogación expresa sólo tendrá lugar en la
medida en que el propio ordenamiento así lo determine; es decir, en la medida
en que exista una norma sobre la producción jurídica que establezca el efecto
derogatorio específico (Dictamen C-085-2018, de 25 de abril de 2018).
Ahora bien, es frecuente
que entre los intérpretes del Derecho y, sobre todo entre algunos operadores
jurídicos, se produzca una especie de deslumbramiento que les lleve a pensar
que debe prevalecer la eficacia de los convenios (arts. 62 constitucional, 54,
55 y 712 del Código de Trabajo vigente [9]),
incluso sobre las leyes ordinarias; lo cual es jurídicamente inadmisible,
porque en realidad el convenio colectivo es una norma que sólo tiene fuerza
vinculante y despliega su eficacia en el campo de juego que la Ley señala,
jamás al contrario. Véase que en nuestro ordenamiento jurídico la Ley no sólo
es la configuradora del Estatuto de Personal en el empleo público (art. 191
constitucional), incluido en aquél el reconocimiento del derecho a
la negociación de convenciones colectivas en las Administraciones Públicas (art. 112 inciso
5) de la Ley General de la Administración Pública –LGAP-, reforma introducida
por la Reforma Procesal Laboral, No. 9343) [10],
sino que también la Ley es la que configura este último derecho (arts. 688 y
ss. del Código de Trabajo vigente). De modo que nuestro Ordenamiento Jurídico
se limita a reconocer la existencia de las convenciones colectivas en el Sector
Público y señala la obligatoriedad de lo acordado en ellas. Pero esto no
implica atribuirle rango constitucional o de ley al contenido de ningún
convenio, sino que este contenido deberá mantenerse dentro de la legalidad
administrativa, pues son las leyes estatales las competentes para fijar la
jerarquía de las fuentes jurídicas (art. 6 de la LGAP) y la ley aplicable a
este respecto (art. 57 del Código de Trabajo vigente [11])
ha dispuesto que el convenio colectivo esté subordinado a las Leyes.
La jurisprudencia
judicial ha sido clara y consistente en reconocer y advertir la supremacía de
la Ley sobre la convención colectiva, como algo normal, en el tanto la segunda
debe insertarse en el Ordenamiento jurídico general en un orden descendente,
por así decirlo; o sea, subordinándose a la primera, que es la Ley de origen
estatal y de carácter forzoso (Resolución No. 2004-00335 de las 09:40 hrs. del
7 de mayo de 2004, Sala Segunda); con lo que se quiere decir que las
convenciones colectivas de trabajo quedan sujetas y limitadas por las leyes de
orden público (Resolución No. 1355-96 de las 12:18 hrs. del 22 de marzo de
1996, Sala Constitucional). De ahí que la fuerza de ley
les está conferida, en el tanto, las convenciones colectivas se hayan acordado
conforme a la legislación (Resolución No. 783 de las 15:21 hrs. del 3 de junio
de 2010, Sala Segunda). De lo cual se desprende una subordinación de éstas a la
potestad legislativa del Estado que produce un precepto normativo de orden
público, inderogable por esencia ante la simple iniciativa privada –art. 129
constitucional-, de modo que un convenio colectivo no puede dejar sin efecto
normas de carácter imperativo (Resolución No. 2007-000213 de las 11:00 hrs. del
30 de marzo de 2007. Y en sentido similar, entre otras muchas, la Nos. 108 de
las 09:40 hrs. del 12 de marzo de 2003, 2015-000399 de las 09:00 hrs. del 14 de
abril de 2015, 2016-000011 de las 09:45 hrs. del 8 de enero de 2016 y
2016-000075 de las 09:45 hrs. del 27 de enero de 2016, todas de la Sala
Segunda. No. 94-2013-I de las 13:00 hrs. del 28 de agosto de 2013, del Tribunal
Contencioso Administrativo, Sección Primera. No. 18485 de las 18 horas 2 minutos
del 19 de diciembre de 2007, Sala Constitucional). Y esto
es así, porque en el Derecho laboral el pacto sólo puede decidir en aquellos
aspectos no regulados por normas de orden público o normas imperativas dictadas
por el legislador cuando se considera que hay campos de interés que ameriten
imponer la voluntad del Estado en la negociación (arts. 1, 11, 14 a 17 del
Código de Trabajo); casos en los que no rige en toda su extensión el principio
de autonomía de la voluntad colectiva, porque esas leyes imperativas conducen a
establecer, entre patrono y trabajador, ciertos principios o normas que se
incorporan a la relación jurídica e imperan sobre la voluntad de las partes
(Resolución No. 100 de las 10:40 hrs. del 29 de marzo de 1995, Sala Segunda).
Todo lo cual evidencia
que la Ley opera en un doble
canal: como instrumento que viene a configurar otra fuente de derecho menor: el
convenio colectivo estatutario; con obligación de dotarle de un espacio
material para que esta pueda ser real, existente y eficaz; y en segundo lugar,
la Ley como fuente concurrente con el convenio colectivo, propia fuente de
derecho que puede regular directamente la materia que regula el convenio
estatutario o incluso reservarse para sí determinadas materias que quedan excluidas,
por tanto, de la contratación colectiva; lo que implica que el convenio
colectivo ha de adecuarse a lo establecido por la Ley.
No es dable entonces
alegar la inmutabilidad o inalterabilidad del convenio colectivo frente a la
Ley incluso aunque se trate de una norma estatal sobrevenida, puesto que en
virtud del principio de jerarquía normativa, es el convenio colectivo el que
debe respetar y someterse a la Ley, y no al contrario; máxime cuando está de
por medio la indeclinable y permanente tarea del legislador de configurar, con
carácter de orden público, el régimen jurídico aplicable a los funcionarios y
empleados públicos (art. 191 constitucional), incluido el marco regulador en el
que deberá ejercerse el derecho a celebrar convenciones colectivas, en especial
en el Sector Público; sea con disposiciones normativas de distinta
configuración imperativa, según explicamos; sea a través de normas imperativas,
dispositivas o dispositivas que faculten o no el concurso de la autonomía
colectiva; legislar al respecto es una competencia, general, permanente y
disponible por entero del legislador, quien discrecionalmente puede optar por
mantener o no dichas regulaciones [12].
De modo que, aunque los convenios colectivos en el
Sector Público tienen fuerza vinculante entre las partes que los han suscrito y
constituyen quizás la norma más directa y específica que regula las relaciones
jurídico-laborales existentes entre ellas, lo cierto es que desde el punto de
vista formal y material, en el sistema de fuentes del Derecho, está siempre
supeditada a la Ley; la cual, como indiscutida fuente de derecho de mayor rango
jerárquico que aquella otra, tiene capacidad permanente para, entre otras
materias, regular las condiciones laborales y, por ende, se incorpora de forma
automática al contrato de trabajo, pudiendo incluso tener, a diferencia de la
convención colectiva, eficacia general. Por ello, en caso de conflicto, la Ley
impone su primacía frente a la convención colectiva.
Por todo ello,
aun cuando el principio de autonomía colectiva en la regulación de las
relaciones de trabajo del sector público se inserta en los derechos de libertad sindical y de negociación
colectiva; entendida esta última –con
algún grado de estrechez conceptual- como el poder de regulación y
ordenación consensuada de las relaciones laborales en su conjunto que se ha
reconocido a los representantes de los trabajadores, con eficacia jurídica
directa – fuerza de ley, a modo de norma
especial - sobre los contratos individuales (arts. 54 y 55 del Código de Trabajo),
lo cierto es que esa fuerza vinculante de los convenios no hace a éstos inmunes
a lo establecido en la Ley, aunque ésta sea posterior a aquellos y altere su
equilibrio interno, pues no es de ningún modo oponible aquel derecho de
negociación colectiva y la fuerza vinculante de los convenios a la competencia
normativa general del legislador, que es expresión de la voluntad popular en
los sistemas democráticos y que no puede permanecer inerme o inactiva ante la
realidad social y las transformaciones que la misma impone, con independencia
de su incidencia en situaciones jurídicas anteriores y en la producción de
tratamientos diferenciados a través del tiempo (arts. 105 y 121
constitucional). Así que el convenio colectivo ha de adecuarse a lo previsto en
las Leyes. Y en consecuencia, no hay derecho alguno a que lo establecido en el
convenio colectivo permanezca inalterado y sea inmune a lo establecido en una
ley posterior hasta el momento en que pierda vigencia; la existencia de
convenciones colectivas no puede, de ningún modo, imposibilitar la producción
de efectos dispuestos por las leyes y en la fecha prevista por las mismas; lo
que equivaldría contradecir el mandato del ordinal 129 constitucional,
desarrollado en los arts. 7 y 8 del Código Civil. Por tanto, es el convenio el
que debe respetar y someterse a la ley y a las normas de mayor rango jerárquico
y no al contrario, siendo constitucionalmente inaceptable que una ley no pueda
entrar en vigor y producir los efectos programados en la fecha dispuesta por el
legislador [13].
Lo hasta aquí expuesto ratifica que la prevalencia de
la ley en nuestro sistema constitucional está, por tanto, sólida e
inequívocamente establecida en el ámbito del empleo público (art. 191
constitucional). Y en consecuencia, no podemos más que afirmar la primacía de
rango de las disposiciones normativas contenidas en la Ley No. 9635 sobre las
convenciones colectivas y cualesquiera otros productos de la negociación
colectiva, así como la sujeción inexorable de éstas a lo dispuesto por aquella
con carácter de derecho necesario e imperativo absoluto [14].
Y debemos ser claros y contundentes en señalar que con la modificación legal operada por la
Ley No. 9635 no se busca la negación y mucho menos la supresión de la
negociación colectiva y de su ejercicio efectivo como facultad negociadora de
los sindicatos en nuestro medio, ni se está dejando inoperante o sin contenido –por dispensa o inaplicación administrativa-
la convención colectiva suscrita en aquél ámbito institucional, sino la adaptación
a futuro de las condiciones de trabajo a las nuevas circunstancias imperantes
que, por disposición del legislador, obligan medidas coyunturales de
reordenación y racionalización, para la contención y reducción del gasto de
personal de las Administraciones Públicas, exigidas por el proceso de
consolidación fiscal y sostenibilidad de las cuentas públicas, a fin de frenar
el déficit público y alcanzar la gradual recuperación del equilibrio
presupuestario. Lo cual hace que dicho precepto legal resulte de por sí
compatible con la efectividad de las convenciones colectivas pactadas.”
(Dictamen C-060-2019, op. cit.).
De lo hasta aquí
expuesto, a criterio de la Procuraduría General las normas convencionales
pactadas “anteriormente” pueden resultar afectadas en su eficacia por una norma
sobrevenida con rango de Ley, que tendría un indubitado carácter prevalente –por sujeción estricta al principio de
jerarquía normativa- sobre aquella en materias de derecho necesario y de
contenido absoluto así normadas por el legislador. Imponiéndose así la
preeminencia de la Ley sobrevenida, y a futuro, respecto del convenio colectivo
previamente pactado.
En todo caso, por encontrarse pendiente la acción de
inconstitucionalidad tramitada bajo el expediente No. 19-2620-0007-CO, en la
que cuestiona, entre otros aspectos, la prevalencia o no de la Ley sobrevenida
(Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas) sobre las convenciones
colectivas vigentes, en última instancia deberá estarse a
lo que resuelva la Sala Constitucional en la materia. (Dictamen C-031-2020, de 30 de enero de
2020).
Incluso, en nuestro
dictamen C-281-2019, de 1 de octubre de 2019, reafirmamos que dado su ámbito de aplicación general y su
innegable vocación de uniformidad y homogeneidad, como una opción
constitucionalmente válida de regular las condiciones retributivas del empleo
en todo el sector público (art. 192 constitucional), las disposiciones sobre el
régimen retributivo del empleo público contempladas en la Ley de
Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y en específico su Título III, referido a la Modificación de la Ley No. 2166, Ley de
Salarios de la Administración Pública, de 9 de octubre de 1957 y sus reformas,
y demás disposiciones Transitorias, privan sobre cualquier otra disposición de
rango legal o inferior preexistentes en el Sector Público, que incluye tanto la
Administración Central, como la descentralizada, con independencia del grado de
autonomía de cada institución, o del tipo de servicios que se prestan al
Estado; esto a modo de derogación tácita –total
o parcial- por incompatibilidad normativa de sus contenidos (Dictamen
C-281-2019, de 1 de octubre de 2019).
Por último, es
importante reafirmar que las instituciones púbicas, y concreto las
municipalidades, no pueden pretender ampararse, por ejemplo, en su autonomía de
gobierno, para desatender las disposiciones de la Ley de Fortalecimiento de las
Finanzas Pública, Número 9635, porque aquella autonomía debe desarrollarse
conforme y dentro de los límites establecidos en la Ley, especialmente cuando
ésta pretende asumir un control sobre
los diferentes disparadores del gasto público, y establecer límites a la
Administración Central y descentralizada, con el fin de que las instituciones
públicas actúen ajustadas con las políticas nacionales, y lineamientos acordes
con el tema de la responsabilidad fiscal, vigente y necesaria hoy (Dictámenes C-282-2019, de 04 de octubre
de 2019 y C-324-2019, de 06 de noviembre de 2019. Y véanse al respecto, entre
otras, las sentencia Nos. 1992-00495, 1993-01313, 8499-2015 y 12747-2019, de la
Sala Constitucional).
Consecuentemente, y
en atención a lo consultado, se mantiene lo indicado por este órgano consultivo
en su jurisprudencia administrativa; por consiguiente, estese el señor Auditor Interno
de la Municipalidad de Escazú a lo establecido supra.
Conclusiones:
Conforme a una
consistente línea jurisprudencial administrativa, por demás vinculante (arts. 2
y 3 inciso b) de la Ley Nº 6815), esta Procuraduría General concluye y reafirma
que:
De
conformidad con lo dispuesto en los artículos 156, 157 del Código Municipal,
así como los artículos 3, 4 y 38 de la Ley contra la Corrupción y
Enriquecimiento Ilícito, los funcionarios que ostentan la profesión de ingeniero, arquitecto o topógrafo, u otras similares, si bien
no existe disposición legal que expresamente les
impidan el ejercicio liberal de la profesión, o podrían no encontrarse sujetos
al Régimen de la Dedicación Exclusiva de la Función Pública, están impedidos a
actuar en el desempeño de sus cargos, con fines distintos de los encomendados
en sus contratos de trabajo, tener obligaciones laborales en otras entidades,
públicas o privadas, o adquirir compromisos con evidente superposición horaria
con la municipalidad, o bien se le prohíbe participar en actividades vinculadas
con empresas o intereses privados que puedan causar evidente perjuicio a los
municipales o competir con ellos; o donde medie una conflicto de intereses
entre la función pública y la privada.
Las disposiciones normativas sobre materia
retributiva del empleo público, introducidas
por la Ley de Fortalecimiento de la Finanzas Públicas No.
9635 de 3 de diciembre de 2018, concretamente su Título III Modificación de la
Ley No. 2166, Ley de Salarios de la Administración Pública, de 9 de octubre de
1957 y sus reformas) y su Reglamento, prevalecen sobre las cláusulas de las convenciones
colectivas (incluso de las preexistentes) u otras disposiciones
incluso de rango legal o inferior preexistentes, que
tengan un contenido contrario a dicha ley, independientemente de que ésta
última lo disponga así expresamente o no.
Así en lo
relativo al pago de compensación económica por concepto de dedicación
exclusiva, deberá aplicarse lo dispuesto por el artículo 35, conforme a lo
dispuesto en los Transitorios XXV y XXVIII del Título III de la Ley No. 9635,
y los artículos 4 y 5 del Decreto Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H
vigente a la fecha.
Mientras que lo
relativo al pago de la compensación económica por concepto de prohibición,
deberán aplicarse las reglas dispuestas en el artículo 36 de la Ley de Salarios
de la Administración Pública, en relación con lo establecido en los artículos 9
y 10 vigentes del Reglamento del Título III de la Ley Fortalecimiento de las
Finanzas Públicas.
En todo caso,
por estar pendiente de resolver la acción
de inconstitucionalidad que se tramita bajo el expediente n.° 19-2620-0007-CO,
en la que se cuestiona, entre otros aspectos, la prevalencia o no de la ley
sobrevenida (Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas) sobre las
convenciones colectivas vigentes, en última instancia deberá estarse a lo que resuelva la Sala Constitucional sobre ese punto
y sobre otros temas atinentes planteados en esa acción.
Con base en la doctrina administrativa expuesta
y la normativa legal vigente, esa Auditoría cuenta con los criterios
hermenéuticos necesarios para encontrar, por sus propios medios, concretas
respuestas a cada una de sus interrogantes y subsecuentemente, aplicar
lo aquí interpretado y sugerir a lo interno de la Administración activa la
adopción de las medidas correctivas necesarias, en caso de estimarse
procedentes, para una solución justa y acorde con el ordenamiento jurídico.
Queda
así evacuada su consulta.
MSc. Luis Guillermo
Bonilla Herrera
Procurador Adjunto
Área
de la Función Pública
LGBH/sgg
[1]
SANCHEZ MORON, Miguel. “Derecho
de la Función Pública”. Segunda Edición. Editorial Tecnos, Madrid, 2000, pág.
250 y 251.
[2] Véase GONZALEZ PEREZ, Jesús. “Comentarios a la Ley de
Procedimiento Administrativo”, Editorial Civitas S.A., Madrid, 1987, págs. 165
y 166.
[3] Corrida su numeración por el artículo 1° de la ley N° 9542 "Ley de Fortalecimiento de
la Policía Municipal" del 23 de abril del 2018, que lo traspasó del
antiguo artículo 148 al 157 actual.
[4] Corrida su numeración por el artículo 1° de la ley N° 9542 "Ley de Fortalecimiento de la Policía Municipal" del 23 de abril del 2018, que los traspasó del antiguo artículos 147 y 148 a los 156 y 157 actuales.
[5] Corrida su numeración por el artículo 1° de la ley N° 9542 "Ley de Fortalecimiento de la Policía Municipal" del 23 de abril del 2018, que los traspasó del antiguo artículos 147 y 148 a los 156 y 157 actuales.
[6] Corrida su numeración por el artículo 1° de la ley N° 9542 "Ley de Fortalecimiento de la Policía
Municipal" del 23 de abril del 2018, que los traspasó del antiguo
artículos 147 y 148 a los 156 y 157 actuales.
[7] Entre otras, véase las resoluciones Nos. 3309-94 de las 15:00 hrs. del 5 de julio de 1994 y 2001-01822 de las 15:46 hrs. del 7 de
marzo de 2001 y la 2018-19511 de las 21:45 hrs. del 23 noviembre de 2018 –esta
última ante consulta legislativa del proyecto de Ley No. 20.580, hoy Ley No.
9635, todas de la Sala Constitucional. Así como la
sentencia del 16-6-84 de la Corte Plena.
[8] “Artículo
9.- Prohibición. Los porcentajes señalados en el artículo 36 de la Ley N° 2166,
adicionado mediante artículo 3 de la Ley N° 9635, así como aquellos señalados
en las reformas legales a los regímenes de prohibición del artículo 57 de esa
misma ley, resultan aplicables a:
a) Los servidores que sean nombrados
por primera vez en la Administración Pública en un puesto en el cual cumplen
los requisitos legales para recibir la compensación por prohibición.
b) Los servidores que previo a la
publicación de la Ley N° 9635, no se encontraban sujetos al régimen de
prohibición y que de manera posterior a la publicación cumplen los requisitos
legales respectivos.
c) Los servidores que finalizan su
relación laboral y posteriormente se reincorporan a una institución del Estado,
por interrupción de la continuidad laboral.
d) Los servidores sujetos al régimen de
prohibición con la condición de grado académico de Bachiller Universitario
previo a la publicación de la Ley N° 9635, y proceden a modificar dicha
condición con referencia al grado de Licenciatura o superior.” (El subrayado es nuestro).
“Artículo
10.- Servidores sujetos al régimen de prohibición previo a la entrada en
vigencia de la Ley N° 9635. Los porcentajes señalados en el
artículo 36 de la Ley N° 2166, adicionado mediante artículo 3 de la Ley N°
9635, así como aquellos señalados en las reformas legales a los regímenes de
prohibición del artículo 57 de esa misma ley, no resultan aplicables a:
a) Los servidores que previo a la
publicación de la Ley N° 9635 se encontraban sujetos a algún régimen de
prohibición y mantengan la misma condición académica.
b) Aquellos movimientos de personal a
través de las figuras de ascenso, descenso, traslado, permuta o reubicación,
sea en una misma institución o entre instituciones del Estado, siempre que el
funcionario se hubiese encontrado sujeto a algún régimen de prohibición, previo
a la publicación de la Ley N° 9635. Lo anterior, siempre que exista la
continuidad laboral y no implique un cambio en razón del requisito
académico.” (El subrayado es nuestro).”
[9] Tienen
carácter de ley profesional - no tienen rango de ley
-, y “esa condición no puede supeditar o
sustituir las normas de derecho público que surgen del Poder Legislativo”
(Resolución No. 2018-001451 de las 10:20 hrs. del 24 de agosto de 2018, Sala
Segunda). “Si bien es cierto, la
Constitución Política y el Código de Trabajo reconocen "fuerza de
ley" a las Convenciones Colectivas, ello no les confiere formal y
sustancialmente, naturaleza de leyes. La expresión "fuerza de ley",
está referida a los efectos del pacto interpartes, pues se trata de un
contrato; sea, es utilizada para reforzar la idea de obligatoriedad en ese
ámbito (…) Tratándose de las Convenciones Colectivas, el término es utilizado
en ese mismo sentido contractual; y tal utilización no significa que ellas
adquieran la naturaleza jurídica de una Ley” (Resolución No. 67 de las
14:50 hrs. del 17 de agosto de 1994, Sala Primera).
[10] Según advertimos en los pronunciamientos OJ-203-2005, de 7 de diciembre de 2005 y OJ-17-2006, de 13 de febrero de 2006, el reconocimiento y regulación del derecho a la negociación colectiva en el Sector Público es materia de pura legalidad ordinaria. Posterior a ello, con la denominada Reforma Procesal Laboral –Ley No. 9343-, se introdujeron una serie de reformas por las que se reconoce y regula actualmente el derecho de negociación colectiva en el Sector Público, supeditado siempre a las regulaciones que legalmente se establezcan (arts. 112.5 de la Ley General de la Administración Pública, 682 párrafo segundo, 688 y ss. del Código de Trabajo). Lo cual reafirma la posición asumida por esta Procuraduría General y sobretodo la preminencia de la Ley en esta materia, sin que se pueda negar su obligada concurrencia en la regulación sustantiva de las condiciones laborales que integran el contenido normativizado del contrato de trabajo en el empleo público. Y no en vano, a modo de principio orientador, los trabajos preparatorios del Convenio 154 sobre la Negociación Colectiva de la OIT, aluden que, como manifestación de la acción sindical, la negociación colectiva no es ilimitada, pues debe darse siempre dentro de los límites de las leyes y el orden público -trabajos preparatorios del Convenio 154 sobre la Negociación Colectiva de la OIT; Relaciones profesionales, Informe V (2), Conferencia Internacional del Trabajo, 34.ª reunión, 1951, págs. 53-54)-. Y por ello en el caso de las Administraciones Públicas se dispone expresamente que será la Ley o la práctica nacional las que fijarán modalidades particulares de aplicación de dicho Convenio (art. 1.3 Ibídem.). Así que resulta innegable que el convenio colectivo al que se llega por negociación colectiva en el Sector Público, es un derecho de configuración legal, conforme al art. 7 del Convenio 151 de la OIT y la Recomendación núm. 159 sobre Relaciones de Trabajo en la Administración Pública, 1978).
[11] “ARTICULO
57.- La convención colectiva se extenderá
por escrito en tres ejemplares, bajo pena de nulidad absoluta. Cada una de las
partes conservará un ejemplar y el tercero será depositado en la Oficina de
Asuntos Gremiales y de Conciliación Administrativa del Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social directamente o por medio de la autoridad de trabajo o política
respectiva (…) Dicho depósito será comunicado inmediatamente a la Oficina de
Asuntos Gremiales y de Conciliación Administrativa del Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social para que ésta ordene a las partes ajustarse a los
requisitos de ley en caso de que la convención contenga alguna violación de
las disposiciones del presente Código.”
[12] En
este sentido puede verse incluso, a modo de precedente ancestral, el voto
salvado de los entonces Magistrados Fernando Coto A. y Juan Luis Arias A., en
la sentencia del Laudo Arbitral del Caso SEBANA C/BNCR, No. 29 de las 16:00
hrs. del 14 de junio de 1984, dictada por la Corte Suprema de Justicia: “Las convenciones colectivas tienen
“fuerza de la ley”, según el artículo 62 de la Constitución Política pero eso
no quiere decir que sean de igual valor a las leyes, al extremo de que puedan
modificarse o sobreponerse a las de orden público (…) Es verdad que la Segunda
Reforma a la Convención Colectiva fue suscrita entre el Banco Nacional de Costa
Rica y el Sindicado de sus empleados con anterioridad a la vigencia de la Ley
de Creación de la Autoridad Presupuestaria (…) entender que la Autoridad tiene
que ceñirse estrictamente a las convenciones, equivaldría a dejar inoperante
las reglas sobre directrices salariales que esa Ley contiene, porque entonces
bastaría celebrar una convención o modificar las existentes, para que los
aumentos de salarios queden a salvo de toda directriz, límite o control por
parte de aquella Autoridad, de modo que, conforme a esa tesis, sería lo mismo
que si la Ley no existiera, al menos en cuento a sueldos (…) las disposiciones
de la Ley (…) prevalecen sobre el artículo 59 de la Segunda Reforma a la
Convención Colectiva de Trabajo (…)”.
[13] La
prioridad de la ley sobre la fuerza vinculante de los convenios colectivos
encuentra apoyo firme y sostenido en la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional español (SSTC 144/1988, FJ 2; 177/1988, FJ 4; 171/ 1989, FJ
2.b); 210/1990, FJ 3; 62/2001, FJ 3; 145/1991, FJ 6; 28/1992, FJ 2; 92/1992, FJ
2; 177/1993, FJ 5), constituyendo su expresión más diáfana la reiteradamente
citada STC 210/1990. Hasta desembocar en la Sentencia 208/1993 en que el
Tribunal enfoca el papel de la ley respecto de la negociación colectiva no sólo
como concurrente o delimitador de sus territorios respectivos, sino
directamente organizador del propio sistema de negociación colectiva y de la
fuerza vinculante de los convenios. M. RODRÍGUEZ-PINERO, El papel de la ley en
y tras la reforma del Estatuto de los Trabajadores, en Los protagonistas de las
relaciones laborales tras la reforma del mercado de trabajo, CES, Madrid, 1995,
pp. 19 y ss. Así como la sentencia del Tribunal Supremo (Sala 4 de lo Social)
de 27 de marzo de 2015, recaída en recurso de casación número 78/2014.
[14] Son
aquellas que
exhiben una voluntad del legislador de no admitir otra regulación de una
materia determinada que la contenida en la ley aplicable. Este tipo de normas
suelen llamarse de derecho necesario absoluto y son aquellas que no admiten el
juego de la autonomía de la voluntad (ni individual ni colectiva). Este tipo de
normas suponen una indisponibilidad que impide a los sujetos desvincularse de
la norma (Dictamen C-176-2015, op. cit.).
C-103-2020
INCOMPATIBILIDADES
FUNCIONARIALES, PROHIBICIÓN Y DEDICACIÓN EXCLUSIVA; TÍTULO III DE LA LEY DE FORTALECIMIENTO DE LAS FINANZAS
PÚBLICAS, REFERIDO A LA MODIFICACIÓN DE LA LEY NO. 2166, LEY DE SALARIOS DE LA
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA, DE 9 DE OCTUBRE DE 1957 Y SUS REFORMAS, Y DEMÁS
DISPOSICIONES TRANSITORIAS.
Por oficio AI-17-2019, de fecha 20 de setiembre de 2019, en
cumplimiento de su plan anual de trabajo, el Auditor de la Municipalidad de
Escazú formula una serie de interrogantes concernientes al régimen preventivo
de incompatibilidades a nivel municipal y a la eventual restricción del
ejercicio liberal de la profesión, de forma consensuada o imperativa, en el
marco de las disposiciones normativas introducidas por la Ley de Fortalecimiento de la Finanzas Públicas No. 9635 de
3 de diciembre de 2018, concretamente su Título III Modificación de la Ley No.
2166, Ley de Salarios de la Administración Pública, de 9 de octubre de 1957 y
sus reformas, y su Reglamento –Decreto
Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H-.
En concreto, se consulta:
“1. ¿Conforme al deber de probidad
establecido en el artículo 3 de La ley contra la corrupción y el
enriquecimiento ilícito en la función pública, ¿un profesional municipal, en su
calidad de Ingeniero Civil, Arquitecto o Topógrafo, puede ejercer liberalmente
su profesión en el mismo municipio donde labora, aunque no sea el que al final
autorice su proyecto en el Gobierno Local, o no tenga un plus salarial como
prohibición o dedicación exclusiva?
2. ¿Conforme a lo establecido en el capítulo
IV del Título III de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, Ley
No. 9635 y su Reglamento, si un profesional que actualmente labora para el
municipio, que no se le paga dedicación exclusiva o prohibición, decide
acogerse a algunos de estos regímenes de restricción de la profesión, deberá la
administración municipal respetar lo dispuesto en el capítulo supra citado y
con esto, los nuevos porcentajes establecidos en los artículos 35 y 36 de la
Ley No. 9635, o por el contrario utilizar los porcentajes estipulados en la
Convención Colectiva vigente?”
Con la
aprobación del Procurador General de la República, mediante dictamen
C-103-2020, de 31 de marzo de 2020, el Procurador Adjunto Luis Guillermo
Bonilla Herrera, del Área de la Función Pública, conforme a una consistente línea jurisprudencial
administrativa, por demás vinculante (arts. 2 y 3 inciso b) de la Ley Nº 6815),
concluye y reafirma que:
“De conformidad con lo
dispuesto en los artículos 156, 157 del Código Municipal, así como los
artículos 3, 4 y 38 de la Ley contra la Corrupción y Enriquecimiento Ilícito,
los funcionarios que ostentan la profesión de
ingeniero, arquitecto o topógrafo,
u otras similares, si bien no
existe disposición legal que
expresamente les impidan el ejercicio liberal de la profesión, o podrían no
encontrarse sujetos al Régimen de la Dedicación Exclusiva de la Función
Pública, están impedidos a actuar en el desempeño de sus cargos, con fines
distintos de los encomendados en sus contratos de trabajo, tener obligaciones
laborales en otras entidades, públicas o privadas, o adquirir compromisos con
evidente superposición horaria con la municipalidad, o bien se le prohíbe
participar en actividades vinculadas con empresas o intereses privados que
puedan causar evidente perjuicio a los municipales o competir con ellos; o
donde medie una conflicto de intereses entre la función pública y la privada.
Las disposiciones normativas sobre materia retributiva del
empleo público, introducidas por la Ley
de Fortalecimiento de la Finanzas Públicas No. 9635 de 3 de diciembre de 2018,
concretamente su Título III Modificación de la Ley No. 2166, Ley de Salarios de
la Administración Pública, de 9 de octubre de 1957 y sus reformas) y su
Reglamento, prevalecen sobre las cláusulas de las convenciones colectivas
(incluso de las preexistentes) u otras disposiciones incluso de rango legal o
inferior preexistentes, que tengan un contenido
contrario a dicha ley, independientemente de que ésta última lo disponga así
expresamente o no.
Así en lo relativo al pago
de compensación económica por concepto de dedicación exclusiva, deberá
aplicarse lo dispuesto por el artículo 35, conforme a lo dispuesto en los Transitorios XXV y XXVIII del Título III
de la Ley No. 9635, y los artículos 4 y 5 del Decreto
Ejecutivo No. 41564-MIDEPLAN-H vigente a la fecha.
Mientras que lo relativo al pago de la compensación
económica por concepto de prohibición, deberán aplicarse las reglas dispuestas en el
artículo 36 de la Ley de Salarios de la Administración Pública, en relación con
lo establecido en los artículos 9 y 10 vigentes del Reglamento del Título III
de la Ley Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.
En todo caso, por estar pendiente de resolver la acción de
inconstitucionalidad que se tramita bajo el expediente n.° 19-2620-0007-CO, en la que se cuestiona, entre otros
aspectos, la prevalencia o no de la ley sobrevenida (Ley de Fortalecimiento de
las Finanzas Públicas) sobre las convenciones colectivas vigentes, en última
instancia deberá
estarse a lo que resuelva la Sala Constitucional sobre ese punto y sobre otros
temas atinentes planteados en esa acción.”