Dictamen : 016 - del 11/02/2013
11
de febrero de 2013
C-016-2013
Máster
Armando Araya Rodríguez
Auditor Interno
Municipalidad de Moravia
Estimado señor:
Con la aprobación de la señora Procuradora
General de la República, me refiero al oficio N° A.I. 35-2012 del 24 de febrero
del 2012, recibido el día 28 siguiente en esta Procuraduría, el cual fue
reiterado mediante oficio N° A.I. 188-2012 del 5 de octubre del 2012, remitido
a esta Institución -vía fax- el día 16 de ese mismo mes y año. De previo a
entrar al desarrollo de este dictamen, ofrecemos disculpas por el atraso en la
emisión del criterio solicitado, justificado por el alto volumen de trabajo que
atiende este Despacho.
I.- ASUNTO PLANTEADO.
Se solicita el criterio técnico jurídico de este
Órgano Asesor, con respecto a lo siguiente:
“Si
en la sesiones en donde el alcalde municipal pone en conocimiento del concejo,
asuntos en los cuales tenga un interés directo en su calidad de alcalde y en
ejercicio de las funciones inherentes a la condición de administrador general y
jefe de las dependencias municipales, según lo estipula parte del inciso a) del
artículo N° 17 del Código Municipal y está presente la regidora que es su
esposa. ¿Debe la regidora municipal inhibirse de votar esos asuntos?”.
II.- SOBRE EL FONDO.
Esta Procuraduría General se ha
referido ampliamente sobre el deber de imparcialidad y objetividad que debe
orientar el actuar de los funcionarios públicos, así como a las reglas
procesales de la abstención y recusación que deben atenderse cuando se vislumbra
un posible conflicto de intereses que pueda poner en riesgo los principios de
probidad, imparcialidad y objetividad que deben regir el actuar administrativo.
En ese sentido, en el Dictamen N° C-106-2010 del 18 de mayo del 2010,
señalamos:
“La independencia del funcionario a la
hora de discutir y decidir respecto de un asunto es esencial, al punto que esa
independencia funda todo el régimen de abstenciones, recusaciones e
impedimentos. Normalmente, se le prohíbe al funcionario participar en actividades
o tener intereses que puedan comprometer esa independencia. Esa prohibición se
manifiesta en el deber de abstención, ya que la sujeción a las reglas éticas
que rigen la función pública obliga al funcionario a abstenerse cuando existe
un conflicto de intereses.
En efecto, el deber de abstención
existe y se impone en la medida en que un conflicto de intereses afecta, en
mayor o menor medida, la imparcialidad, la objetividad, la independencia de
criterio del funcionario que debe decidir; por ende, comprende también los
casos de conflicto u oposición de intereses: ese deber puede derivar de la
existencia de una incompatibilidad de situaciones derivadas de la oposición o
identidad de intereses. Incompatibilidad que determina la prohibición de
participar en la deliberación y decisión de los asuntos en que se manifieste el
conflicto o identidad de intereses. Es en ese sentido que se afirma que el
deber de abstención se impone aún en ausencia de una expresa disposición
escrita.
Es de advertir que el deber de abstenerse
se impone en el tanto exista un interés particular y con independencia de que
efectivamente se derive un beneficio o perjuicio concreto y directo. Lo que
importa es que el interés particular no sólo no prevalezca sobre el interés
general, sino también que ese interés particular no influya ni vicie la
voluntad del decidor. Recuérdese, al respecto, que el acto administrativo debe
constituir una manifestación de voluntad libre y consciente, "dirigida a
producir el efecto jurídico deseado para el fin querido por el
ordenamiento" (artículo 130.-1 de la Ley General de la Administración
Pública). Y la concreción de ese fin puede verse entrabada o imposibilitada por
la existencia de circunstancias que afecten la imparcialidad del funcionario
que emite el acto administrativo.
La Sala Constitucional se ha referido a
la necesidad de establecer disposiciones que tiendan a evitar los conflictos de
interés en la Administración, ya que ello afecta el funcionamiento
administrativo y los principios éticos en que debe fundarse la gestión
administrativa:
“Al
funcionario público no se le permite desempeñar otra función o trabajo que
pueda inducir al menoscabo del estricto cumplimiento de los deberes del cargo,
o de alguna forma comprometer su imparcialidad e independencia, con fundamento
en los principios constitucionales de responsabilidad de los funcionarios, del
principio-deber de legalidad y de la exigencia de eficiencia e idoneidad que se
impone a la administración pública. En el fondo lo que existe es una exigencia
moral de parte de la sociedad en relación a (sic) la prestación del servicio
público…” Sala Constitucional, resolución N° 2883-96 de 17:00 hrs. de 13 de
junio de 1996.
“…
el artículo 11 de la Constitución Política estipula el principio de legalidad,
así como sienta las bases constitucionales del deber de objetividad e
imparcialidad de los funcionarios públicos, al señalar que estos están
sometidos a la Constitución y a las leyes; aquí nace el fundamento de las
incompatibilidades, el funcionario público no puede estar en una
situación donde haya colisión entre interés público e interés privado…”. Sala
Constitucional, resolución N° 3932-95 de las 15:33 horas del 18 de julio de
1995.
Dispone la Ley General de la
Administración Pública, en lo que interesa:
“Artículo 230.-
1. Serán motivos de abstención los
mismos de impedimento y recusación que se establecen en la Ley Orgánica del
Poder Judicial y, además, los que resultan del artículo 102 de la Ley de la
Administración Financiera de la República.
2. Los motivos de abstención se
aplicarán al órgano director, al de la alzada y a las demás autoridades o
funcionarios que intervengan auxiliándolos o asesorándolos en el procedimiento.
3. Sin embargo, cuando los motivos
concurran en un miembro de un órgano colegiado, la abstención no se hará
extensiva a los demás miembros, salvo casos calificados en que éstos la
consideren procedente”.
De ese modo el legislador recogió
legalmente los valores y principios éticos que deben prevalecer en la función
pública. Sujeción a los valores que reafirma la Ley contra la Corrupción y
el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública, al establecer el deber de
probidad como parte de la Ética de la Función Pública:
“Artículo 3º—Deber de probidad.
El funcionario público estará obligado a orientar su gestión a la satisfacción
del interés público. Este deber se manifestará, fundamentalmente, al
identificar y atender las necesidades colectivas prioritarias, de manera
planificada, regular, eficiente, continua y en condiciones de igualdad para los
habitantes de la República; asimismo, al demostrar rectitud y buena fe en el
ejercicio de las potestades que le confiere la ley; asegurarse de que las
decisiones que adopte en cumplimiento de sus atribuciones se ajustan a la
imparcialidad y a los objetivos propios de la institución en la que se
desempeña y, finalmente, al administrar los recursos públicos con apego a los
principios de legalidad, eficacia, economía y eficiencia, rindiendo cuentas
satisfactoriamente”.
El funcionario público no sólo debe
actuar con objetividad, neutralidad e imparcialidad, sino que toda su
actuación debe estar dirigida a mantener la prevalencia del interés general
sobre los intereses particulares. La apreciación de ese interés general puede
sufrir alteraciones cuando el funcionario tiene un interés particular sobre el
asunto que se discute y respecto del cual debe decidir.
La circunstancia de que se ha
relacionado el deber de abstención con el poder de decidir puede llevar a considerar
que solo se aplica a los funcionarios titulares de un poder de decisión. Dicha
presunción sería incorrecta: todo funcionario público debe ser imparcial, por
lo cual debe abstenerse en caso de conflicto de interés. Así se deriva de la
jurisprudencia constitucional:
“En
cuanto al contenido de los elementos que conforman el debido proceso en la
justicia administrativa, la jurisprudencia constitucional ha sido conteste en
enumerar las garantías mínimas que lo conforman (en este sentido, consultar las
sentencias número 0015-90, 1739-92, 3404-93, 6537-94, 5596-96, 1023-97,
10198-98, 2109-98, 2001-1545, 2001-10198, 2003-13140 y 2004-09723). Sin
embargo, a efectos de resolver esta acción, resulta importante hacer mención a
uno de los principios que rigen este tipo de procedimientos y que es esencial a
ellos, también como integrante del debido proceso, este es el de la imparcialidad
(los otros son el de celeridad, informalidad o antiformalismo, búsqueda de
la verdad real, oficiosidad, y cumplimiento del debido proceso, según
desarrollo dado en sentencia número 2003-13140, de las catorce horas treinta y
siete minutos del doce de noviembre del dos mil tres); el cual tiene especiales
connotaciones en este tipo de procedimientos, toda vez que la Administración se
constituye en juez y parte; pero que no obstante ello, obliga a que los
funcionarios que instruyen los procedimientos, los que dictan el acto final, y
aquellos que conocen en alzada (apelación) lo hagan sobre la exigencia de la objetividad
e imparcialidad. Así, para evitar cualquier parcialidad en la resolución de
los asuntos que se someten a su conocimiento –en las diversas instancias
administrativas–, es que resultan de aplicación las reglas relativas a la
recusación, establecidas en el artículo 230 de la Ley General de la
Administración Pública, que remite a las regulaciones de la materia dispuestas
en la Ley Orgánica del Poder Judicial (artículo 25) y a la Ley de la
Administración Financiera de la República, hoy Ley de la Contratación
Administrativa (artículos 22, 22 bis y 24). Asimismo, y de manera supletoria,
también le son aplicables a estos procedimientos las disposiciones contenidas
en el Código Procesal Civil (artículos 49 y 53) que regulan las causales de
impedimentos, inhibiciones y recusaciones de los jueces, y se aclara, no
únicamente para los miembros que conforman el Tribunal Registral
Administrativo, sino en todos los procedimientos administrativos, las
contenidas en el artículo 8 de la Ley Reguladora de la Jurisdicción
Contencioso-Administrativa, de manera que debe inhibirse quien conoció o dictó
el acto impugnado.” (Resolución N° 2006-002874 de las 14:43 horas del 1
de marzo del 2006, la negrita es del original). (En similar sentido la
resolución N° 2007-008936 de las 16:56 horas del 21 de junio del 2007).
En el mismo sentido, en el dictamen
C-300-2006 de 25 de julio de 2006, afirmó la Procuraduría:
“Ciertamente, en su condición de
funcionarios públicos, los asesores legales están igualmente llamados a
respetar el principio de imparcialidad y transparencia que dimana del artículo
11 de la Constitución Política, y complementado por los numerales 230 y
siguientes de la Ley General de la Administración Pública.
Principio que hemos desarrollado, como bien lo puntualiza la Asesoría Legal de
ese Instituto, en múltiples dictámenes, perfilando las características y
procedimientos con que cuenta tanto la Administración como los particulares
para asegurarse el respeto a ese postulado (entre otros, Dictamen C-353-2001
del 20 de diciembre del 2001, C-079-2000 de 24 de abril de 2000, C-252-2003 de
21 de agosto de 2003, C-300-2003 de 1 de octubre de 2003, OJ-131-2004 de 22 de
octubre de 2004 y OJ-009-2005 del 19 de enero del 2005).” (Lo
destacado en negrita es del original).
En el caso concreto de las actuaciones
del alcalde y de los regidores, el inciso a) del artículo 31 del Código
Municipal establece expresamente la prohibición para éstos de “Intervenir en la discusión y votación en su
caso, de los asuntos en que tengan ellos interés directo, su cónyuge o algún
pariente hasta el tercer grado de consanguinidad o afinidad.” Sobre este
deber de abstención de los regidores, mediante el Dictamen N° C-387-2007 del 6 de noviembre de 2007, esta Procuraduría señaló:
“En virtud de que el eje de la consulta
versa sobre la eventual obligación que podría surgir para los regidores de
abstenerse de votar determinados asuntos, conviene empezar señalando que existe
en el Código Municipal –concretamente en su artículo 31- un elenco de
prohibiciones para los regidores, del cual nos interesa aquí particularmente lo
dispuesto en el inciso a), cuyo texto señala lo siguiente:
“Artículo
31. — Prohíbase al alcalde municipal y a los regidores:
a)
Intervenir en la discusión y votación en su caso, de los asuntos en que tengan
ellos interés directo, su cónyuge o algún pariente hasta el tercer grado de
consanguinidad o afinidad.”
Valga recalcar que, tal como se
advierte de la norma transcrita, el supuesto sobre el cual se establece la
prohibición se refiere a aquellos casos en que por la naturaleza del asunto que
se discute, se configura un interés directo para el regidor, o bien, para su cónyuge o parientes en
el grado que allí se indica.
Lógicamente,
de encontrarse en el supuesto que la norma indica, el funcionario de que se
trate, en atención a la prohibición legal establecida, debe abstenerse de
intervenir en la discusión y votación del caso concreto respecto del cual tiene
un interés directo.
En esta materia, existe vasta
jurisprudencia administrativa emitida por esta Procuraduría General, en el
sentido de que el deber de abstención se justifica y se exige en la medida en
que exista un conflicto de intereses que pueda afectar la imparcialidad y
objetividad de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus competencias.
En este sentido, se entiende que el interés público debe prevalecer sobre el
interés particular, motivo por el cual se impone que los funcionarios que
concurran con su voto a la adopción de acuerdos o actos se encuentren libres de
consideraciones o circunstancias que puedan poner en riesgo su independencia de
criterio, en detrimento del interés público.
(…)
De conformidad con lo dispuesto en el
inciso a) del artículo 31 del Código Municipal, a los regidores les está prohibido intervenir en la discusión y
votación de los asuntos en que tengan ellos interés directo, su cónyuge o algún
pariente hasta el tercer grado de consanguinidad o afinidad.” (La negrita es del original y el subrayado en
negrita es nuestro).
Posteriormente, en el Dictamen N° C-008-2008 del 14 de enero de 2008, este órgano consultivo reiteró la anterior posición,
indicando lo siguiente:
“Atendiendo a las consideraciones
señaladas en el dictamen transcrito, puede afirmarse, con toda certeza, que la
prohibición establecida para el caso particular del alcalde municipal y los
regidores -en los términos descritos en el inciso a) del artículo 31 referido
anteriormente- se origina a partir de la
necesidad de que estos funcionarios no intervengan en la discusión y votación de
asuntos en que tengan un interés directo y que de alguna forma impliquen la
obtención de un beneficio directo para sí o sus familiares. Esto
lógicamente en procura de evitar la existencia de conflictos de intereses, de
ahí la importancia del apego al deber de abstención bajo ciertos supuestos,
como ocurre justamente con la hipótesis sometida a consulta, según veremos más
adelante.
(…)
Así las cosas, a tenor de lo
anteriormente expuesto, resulta claro que aparejado a la imparcialidad que
impone en general el deber de probidad, en
el caso de los regidores existe además una prohibición legal expresa en el
sentido de que no pueden intervenir en la discusión y votación de asuntos en
los que ellos, o bien, familiares cercanos en el grado que allí se indica,
tengan un interés directo.
(…)
Tal como se vio líneas atrás, la
abstención obligatoriamente surge del artículo 3° de la Ley N° 8422, que
consagra el deber de probidad, y, en el caso particular de los regidores,
existe además norma expresa en el Código Municipal, concretamente su artículo
31, que contiene un elenco de de conductas que el legislador les ha prohibido a
los alcaldes municipales y a los regidores realizar, mandato que desde luego
resulta de acatamiento obligatorio para estos funcionarios.
(…)
En consecuencia, de encontrarse en el
supuesto que la norma indica, el funcionario de que se trate, en atención a la
prohibición legal establecida, debe abstenerse de realizar la conducta
descrita; en otras palabras, abstenerse de intervenir en la discusión y
votación del caso concreto que le atañe, como lo sería en una hipótesis como la
consultada, en donde existe un claro interés directo y personal sobre el
asunto.” (Lo destacado en negrita es nuestro).
Bajo ese contexto, en atención a lo
consultado, no cabe duda que si el Alcalde pone en conocimiento del Concejo asuntos en los cuales tiene un
interés directo, su esposa –en su condición de regidora- no podría intervenir
en la discusión y votación de esos asuntos, por existir una expresa prohibición
para ello en el inciso a) del artículo 31 del Código Municipal, y en vista de
que le asisten los deberes de abstención, de probidad, de imparcialidad y de
objetividad, los cuales surgen del artículo 3 de la Ley contra
la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública, N° 8422 del 6
de octubre del 2004, como parte fundamental de la ética en el ejercicio de la
Función Pública.
III.- CONCLUSIÓN.
Con fundamento en los razonamientos
expuestos, este Órgano Consultivo estima que si el Alcalde pone en conocimiento del Concejo
asuntos en los cuales tiene un interés directo, su esposa –en su condición de
regidora- no podría intervenir en la discusión y votación de esos
asuntos, por existir una expresa prohibición para ello en el inciso a) del
artículo 31 del Código Municipal, y en vista de que le asisten los deberes de
abstención, de
probidad, de imparcialidad y de objetividad, los cuales
surgen del artículo 3 de la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento
Ilícito en la Función Pública, N° 8422 del 6 de octubre del 2004, como parte
fundamental de la ética en el ejercicio de la Función Pública.
Atentamente,
Alejandro Arce Oses
Procurador
Área de Derecho Público
AAO/jqc
C-016-2013
11 DE FEBRERO DEL 2013
MUNICIPALIDAD DE MORAVIA. DEBER DE IMPARCIALIDAD Y OBJETIVIDAD.
ABSTENCIÓN Y RECUSACIÓN. CONFLICTO DE INTERESES. REGIDORES MUNICIPALES. DEBER
DE PROBIDAD.
La Municipalidad de Moravia solicita el criterio técnico
jurídico de este Órgano Asesor, con respecto a lo siguiente:
“Si
en la sesiones en donde el alcalde municipal pone en conocimiento del concejo,
asuntos en los cuales tenga un interés directo en su calidad de alcalde y en
ejercicio de las funciones inherentes a la condición de administrador general y
jefe de las dependencias municipales, según lo estipula parte del inciso a) del
artículo N° 17 del Código Municipal y está presente
la regidora que es su esposa. ¿Debe la regidora municipal inhibirse de votar
esos asuntos?”.
Mediante Dictamen N° C-016-2013
del 11 de febrero del 2013, Alejandro Arce Oses, Procurador del Área de Derecho
Público, concluye lo siguiente: si el Alcalde pone en conocimiento del
Concejo asuntos en los cuales tiene un interés directo, su esposa -en su
condición de regidora- no podría intervenir en la discusión y votación de esos asuntos, por existir una
expresa prohibición para ello en el inciso a) del artículo 31 del Código
Municipal, y en vista de que le asisten los deberes de abstención, de probidad, de imparcialidad y de objetividad, los cuales surgen del artículo
3 de la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito en la Función
Pública, N° 8422 del 6 de octubre del 2004, como
parte fundamental de la ética en el ejercicio de la Función Pública.