Dictamen : 055 - del 09/02/2005
- C-055-2005
- 9
de febrero del 2005
- Licenciado
- Eduardo
Brenes Carvajal
- Auditor
Municipal, a.í.
- Municipalidad
de Curridabat
- S. D.
Estimado
señor Auditor:
Con
la aprobación de la Sra. Procuradora General de la República, me refiero a su oficio
AIMC-156/2004, del pasado 16 de noviembre del 2004.
I. Planteamiento
de la consulta.
Nos refiere en el precitado oficio la siguiente consulta:
En
apego a la norma existente en la Ley General de Control Interno que consta en el artículo
45 que reforma al artículo 4° de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la
República No. 6815 del 27 de setiembre de 1982, por cuyo medio los Auditores Internos
podrán realizar consultas directamente, nos permitimos solicitar a esa procuraduría
General de la República se sirva emitir criterio en relación con la posibilidad de que
un Síndico Municipal integre un órgano de procedimiento en contra del Auditor Interno de
la respectiva Municipalidad.
Aclaramos,
que de previo hemos hecho la consulta a la Contraloría General de la República. Ente que conforme al oficio N°
13544 de fecha 03 de noviembre de 2004, declina pronunciarse sobre ese particular y no
(sic) refiere al Ente Procurador por ser de su competencia.
II. Antecedentes de
la Procuraduría General y análisis de la consulta.
De
la relación de los artículos 13 inciso f) y 52 del Código Municipal, y numerales 31, 40
y 42 de la Ley de Control Interno (Ley N° 8292 de 31 de julio
del 2002) en relación con el artículo 15 de la Ley Orgánica de la Contraloría General
de la República (Ley N° 7428 de 7 de setiembre de 1994), se
desprende la competencia disciplinaria que ostenta el Concejo Municipal en torno a la
figura del auditor interno. En este sentido,
nos parece oportuno citar un antecedente emanado de este Órgano Consultivo en torno a las
características que presenta el nombramiento de un órgano director en tratándose de
procedimientos administrativos que deban ser resueltos por el Concejo:
II.
Sobre el Órgano Director del Procedimiento
El
objeto de la presente consulta versa esencialmente sobre aspectos de integración y
nombramiento del órgano director del procedimiento administrativo.
Al
respecto este Órgano Asesor se ha referido en anteriores pronunciamientos a la indicada
figura, realizando una diferenciación entre órgano decisor y
órgano director del procedimiento, y analizando, entre otros aspectos, la conformación y
nombramiento del órgano director, aspectos que, por su importancia, resultan conveniente
mencionar a continuación.
En
ese sentido, la jurisprudencia ha sido conteste en señalar que el órgano decisor, es aquel que dentro de la estructura organizativa de la
entidad, posee la competencia para emitir el acto final, es decir, es quien decide, por ende, resulta ser el competente
para iniciar el procedimiento administrativo .
Como
órgano decisor puede instruir el procedimiento
administrativo, no obstante, puede delegar la fase de instrucción en un órgano director
nombrado por él, de ahí resulta la
distinción entre órgano director y órgano decisor. Al
respecto, esta Procuraduría ha señalado:
(
) En primer término, debe rescatarse que la
jurisprudencia administrativa emitida por este Órgano Asesor ha sido insistente en
indicar que el órgano director del procedimiento actúa por delegación del órgano decisor. Recientemente, también se precisó que el órgano decisor puede resolver llevar él mismo el procedimiento respectivo.
Al respecto se señaló:
Al
respecto, interesa indicar que dentro del procedimiento administrativo existen dos
órganos de importancia: el órgano decisor y el órgano
director, ambos con funciones diferentes.
El
órgano decisor,
conforme a la jurisprudencia administrativa de este Órgano Asesor ( Véanse al respecto,
entre otros, los pronunciamientos C-173-95 de 7 de agosto de 1995, C-343-2001 de 11 de
diciembre del 2001, C-353-2001 de 20 de diciembre de 2001 y C-261-2001 de 27 de setiembre del 2001. ) , será el órgano competente para dictar la
decisión final de un asunto determinado; es quien debe iniciar el procedimiento
administrativo, ( Según lo ha sostenido la Sala Constitucional, la competencia de
la formación del procedimiento administrativo, corresponde al jerarca, que es quien debe
tomar la decisión final (Voto número 7190-94 las 15:24 hrs. del '6 de diciembre de 1994)
. 'y en principio, tiene la competencia para instruirlo; no obstante lo anterior, puede
delegar la instrucción del mismo en un órgano director del procedimiento. (La
facultad primordial que tendrá ese órgano director será la de instruir el
procedimiento, pues pese a que tiene otras atribuciones y deberes (consultarse al respecto
los pronunciamientos C-173-95 de 7 de agosto de 1995, C-055-96 de 12 de abril de 1996,
C-062-96 de 2 de mayo de 1996, C-065-96 de 3 de mayo de 1996, C-88-96 de 7 de junio de
1996, O.J.-047-2000 de 10 de mayo del 2000, C-353-2001 de 20
de diciembre de 2001), su competencia se limita a la instrucción del expediente
administrativo (Véase al respecto, entre otras, la resolución Nº 0910-93 de las 10:24
horas del 20 de febrero de 1993, de la Sala Constitucional, así como la resolución Nº
595 de las 11:50 horas del 18 de agosto del 2000, de la Sala Primera de la Corte Suprema
de Justicia y la Nº 176-00 de las 11:00 horas del 23 de junio del 2000, Tribunal
Contencioso Administrativo, Sección Segunda). Véase también al respecto SOSTO LOPEZ,
Federico, en Revista "Seminario sobre Procedimientos Administrativos"; Órgano
Director: integración, facultades y responsabilidades, Imprenta Nacional, año 2000, pág. 116). (Dictamen
C-323-2003 de 9 de octubre del 2003)
La
tesis anterior también ha sido sostenida por la Sala Primera de la Corte Suprema de
Justicia en resolución Nº 000398-F-02 de las 15:10 horas del 16 de mayo del 2002, en la
que se indicó:
-
Para determinar la competencia de un órgano de la Administración debe acudirse, en
primer término, a la ley, y en ausencia de ella, al reglamento, a lo que se haya acordado
sobre delegación para un tipo de acto o para un acto determinado, y por último a los
lineamientos impuestos por el jerarca a la luz de la estructura organizativa de la
entidad. El órgano de mayor jerarquía se
identifica, por disposición expresa o implícita de la ley, atendiendo a la naturaleza de
sus funciones, entre ellas, la potestad de delimitar las tareas de los demás órganos que
le están subordinados según la materia que a cada cual corresponde y justifica o define
su propia existencia. El jerarca supremo suele actuar como decisor
y, por lo general, agota la vía administrativa. (
) Es así como resulta
incuestionable, a tenor de la citada Ley General, la obligación de la Institución, en
materia de contratación, de averiguar la verdad real de los hechos mediante el
correspondiente procedimiento administrativo dentro del cual, todo acto debe ser dictado
por el órgano competente o por aquél a quien se le haya delegado "en las
condiciones y límites indicados por esa ley" (artículos 59, 70, 89 y 129). Este procedimiento administrativo es, en algunos
casos, un precedente obligado para la validez del acto que en definitiva se adopte, pero
no siempre deben concurrir en un mismo sujeto la instrucción y la decisión. Sin embargo,
cuando el acto final deba ser adoptado por una Junta Directiva, el procedimiento sólo
puede ser delegado en su Secretario, por así disponerlo el artículo 90 inciso e) ibídem. Cabe entonces preguntarse qué ocurre, cuando, cómo en
la especie sucedió, la instrucción no sólo no recayó en el Secretario, sino en un
funcionario no designado por la Junta Directiva ni por una instancia a quien ésta
delegara hacer ese nombramiento? Desde un punto de vista sustancial, la doctrina ius administrativista es conteste en afirmar que el sujeto es un
elemento esencial del acto administrativo, lo que recoge a su vez el ordinal 129,
privilegiando la tesis de que el sujeto es uno sólo, esto es, que el órgano instructor y
el decisor deben ser uno sólo (artículos 90 y 314 ibídem), respondiendo a su vez a los principios de oralidad e inmediación de la prueba previstos en los numerales 309
y 314 ibídem. En el caso concreto esa tarea fue encomendada
al Ingeniero Víctor Rodríguez Araya, nombrado para ese efecto por el Gerente
Administrativo, sin que en autos conste, autorización o delegación alguna para hacerlo.
Esta situación provoca sin duda una irregularidad en el nombramiento del órgano del
procedimiento pues su designación fue hecha por un funcionario sin competencia para ello,
lo que vicia el acto en uno de sus elementos esenciales. El artículo 182 ibídem, en lo conducente establece:
1. El Juez no podrá declarar de oficio la invalidez del acto, salvo que se
trate de infracciones sustanciales relativas al sujeto, al procedimiento o la forma, casos
en los cuales deberá hacerlo. 2.- Para efectos de este artículo el sujeto se entenderá
como elemento comprensivo de la existencia del ente y su capacidad, de la existencia del
órgano y su competencia de los requisitos necesarios para el ejercicio de ésta y de la
regular investidura del servidor público
(Lo resaltado no es del original).
Esta norma debe relacionarse a su vez, con lo dispuesto en el ordinal 129 en cuanto
dispone: El acto deberá dictarse por el órgano competente y por el servidor
regularmente designado al momento de dictarlo, previo cumplimiento de todos los trámites
sustanciales previstos al efecto y de los requisitos indispensables para el ejercicio de
la competencia. Determinado el vicio, que en sus agravios reprocha el casacionista, es preciso establecer si con ello se produce una
nulidad absoluta o relativa. En tesis de principio, la nulidad por la nulidad misma no
existe, para que ello ocurra, es menester que se hayan omitido formalidades sustanciales,
entendiendo por tales, aquellas cuya realización correcta hubiere impedido o
cambiado la decisión final en aspectos importantes o cuya omisión causare
indefensión (artículos 166 y 223 ibídem) situaciones
que, en la especie, se echan de menos. El recurrente no procuró prueba en ese sentido y
su derecho de defensa, en los aspectos a que el recurso se contrae, fue respetado como
más adelante se expone. Por otra parte, la Junta Directiva, al adoptar el acto final, no
hizo reparo alguno a lo actuado, subsanando cualquier irregularidad en el procedimiento,
lo cual es legalmente posible en consideración a que no se trata de la inexistencia del
elemento sujeto como para sustentar una nulidad absoluta (166 ibídem)
sino de su imperfección, en atención únicamente al origen de su nombramiento (167 ibídem), siendo importante destacar aquí que se trató de un
profesional ligado al objeto en discusión y con conocimiento sobre la materia. Finalmente
y al amparo de la teoría finalista, es claro que los actos cuestionados cumplieron el fin
esencial del actuar administrativo, sea la satisfacción del interés público (113 ibídem). En consecuencia, en criterio de la Sala, al haber sido
dictado el acto final por la Junta Directiva de la Caja, órgano competente para hacerlo
(artículos 129 y 319 ibídem), no haberse causado
indefensión, pues se respetó el debido proceso, se satisfizo el interés público no es
procedente declarar la nulidad por la nulidad misma, por lo que el recurso, en cuanto a
este agravio, debe rechazarse." (Los resaltados no son del original)
Es clara la tesis sostenida por la Sala Primera de la Corte en la resolución supra transcrita, en el sentido de que el órgano decisor y el instructor son el mismo; pero que en
aplicación de la figura de la delegación puede haber una separación entre ambos.
De otra parte, y sin pretender que exista una
línea clara al respecto, la Sala Constitucional, en resolución número 6379-2002 de las
15:22 horas del 26 de junio del 2002, indicó:
Para el accionante el artículo 55 del Reglamento transgrede
el debido proceso desde dos aspectos; en primer término en relación con el principio
imparcialidad del juzgador en este caso administrativo- al encomendarle a la
Jefatura del Departamento de Relaciones la instrucción del proceso y la imposición de la
sanción. En segundo término, el principio de legalidad, al estimar que ese artículo se
aparta del numeral 102 de la Ley General de la Administración Pública, que en relación
a la potestad jerárquica desarrolla contenidos constitucionales. La Sala estima, en
relación con el primer reproche, que el hecho de concentrar en un mismo órgano la
instrucción y el dictado de la resolución final no violenta el principio de
imparcialidad del juzgador, todo lo contrario, este sistema no resulta ilegítimo, en
tanto permite la inmediación de los elementos probatorios. Precisamente por este motivo
en el proceso penal que es el sirve de inspiración al proceso administrativo sancionatorio- el juicio oral concentra la recepción de prueba y el
dictado de la sentencia en un acto procesal el debate-, dejando para casos
excepcionales la incorporación de prueba producida fuera del proceso. En este punto
tampoco encuentra la Sala enfrentamiento con el orden constitucional" (Dictamen número C-122-2004 de 22 de abril de
2004. Lo resaltado no es del original)
Propiamente,
sobre el nombramiento del órgano director, la jurisprudencia administrativa ha reiterado
que dicha potestad corresponde al órgano decisor, es decir, aquel con la potestad para decidir el asunto
mediante el dictado del acto final del procedimiento.
(
) En cuanto al nombramiento del órgano director, este Organo Asesor ha sido claro, en su jurisprudencia, en el sentido de
que el nombramiento del órgano director de un procedimiento administrativo le corresponde
al órgano decisor del procedimiento.
Esto
es, el órgano competente para dictar la decisión final en un asunto determinado es el
que debe decidir iniciar un procedimiento administrativo, pudiendo delegar la instrucción
de éste en un órgano director del procedimiento. En este sentido se ha indicado:
"
debe
precisarse que los órganos decisorios son los que, en principio, tienen la competencia
para instruir los procedimientos administrativos que ellos decidan iniciar. Pero, este Organo Asesor, ha admitido la tesis de que mediante la utilización
de la figura de la delegación, los órganos decisorios deleguen la instrucción de
procedimiento en un órgano director." (Dictamen C-261-2001 de 27 de setiembre del
2001) (Nota: La obligación de que el órgano competente para emitir el acto final es el
que debe nombrar el órgano director del procedimiento y las atribuciones de éste pueden
consultarse, entre otros, los siguientes pronunciamientos: C-173-95 de 7 de agosto de
1995, C-055-96 de 12 de abril de 1996, C-062-96 de 2 de mayo de 1996, C-065-96 de 3 de
mayo de 1996 y C-088-96 de 7 de junio de 1996) (C-343-2001 11 de diciembre del 2001)
En
el caso de los órganos colegiados, como lo son los Concejos Municipales, la instrucción
del procedimiento puede ejercerla el Concejo mismo, o bien, delegarla en la figura del
Secretario Municipal, de conformidad con el numeral 90 inciso
e) de la Ley General de la Administración Pública en relación con el numeral 53 del
Código Municipal:
(
)
se adiciona el dictamen C-261-2001 del 27 de
setiembre del 2001, en el sentido de que el Concejo Municipal puede conocer, instruir y
resolver un determinado procedimiento administrativo, o bien delegar la instrucción del
procedimiento en su secretario.
En cuanto a la segunda adición solicitada, en
el sentido de si el Concejo Municipal, en el ejercicio de sus funciones de dirección del
procedimiento, queda sujeto a las reglas que rigen los órganos colegiados, en particular
en cuanto al quórum estructural, debe indicarse que, efectivamente, cuando actúa como
órgano colegiado, aún en el ejercicio de su competencia como órgano director de
procedimiento, queda sujeto a las reglas propias de éstos, incluido el aspecto del
quórum estructural. Procuraduría
General de la República. Dictamen número C-122-2004 de 22 de abril de 2004. (Lo resaltado no es del original)
Resulta claro el criterio sostenido por la jurisprudencia administrativa en el
sentido de que el órgano competente para decidir el asunto de que se trate, es el llamado
a nombrar al órgano director,
consecuentemente, el tema de si la competencia es administrativa o de gobierno sede ante
esa titularidad. Por lo que, a efectos de su
consulta, la determinación del órgano con competencia para nombrar el órgano director
dependerá del tipo de acto final que se emita como consecuencia del procedimiento
administrativo que instruirá aquel. Con ello se atiende a la línea jurisprudencia que
recién se ha transcrito.
Por
otra parte, en punto a la integración del Órgano Director, esta Procuraduría ha
manifestado lo siguiente
IV-
SOBRE LOS INTEGRANTES DEL ORGANO DIRECTOR DEL PROCEDIMIENTO:
Varios
de los puntos consultados se refieren a la integración del órgano director del
procedimiento, por ello, los incluimos todos bajo este tema y subdividimos el mismo en dos
puntos. En el primero nos referimos al número de integrantes y en el segundo a la
posibilidad de que no sean funcionarios municipales; la aceptación expresa del cargo y la
juramentación de los integrantes.
IV.A-
Número de integrantes del órgano director del procedimiento:
El
texto de la Ley General de la Administración Pública permite concluir que el órgano
director del procedimiento puede ser unipersonal o colegiado. Así, el artículo 314
indica:
" 1. El órgano que dirige el procedimiento será el encargado
de dirigir la comparecencia.
2.
Si el órgano es colegiado, será dirigido por el Presidente o por el miembro designado al
efecto "
La
determinación del número de funcionarios que integraran el órgano director deberá
tomar en consideración el mejor logro del objeto del procedimiento y los principios de
economía, simplicidad, celeridad y eficiencia dentro del respeto al ordenamiento y a los
derechos e intereses del administrado (Artículo 269).
IV.B-
Sobre la posibilidad de que los integrantes del órgano director del procedimiento no sean
funcionarios públicos: La Ley General de la Administración Pública al referirse al tema
del órgano director no se pronuncia expresamente acerca de la posibilidad de integrarlo
con sujetos que no sean funcionarios públicos. Acudiendo a la doctrina encontramos que el
procedimiento administrativo es un canal o instrumento, por medio del que se forma la
voluntad administrativa. Es un medio para la realización de una prerrogativa pública
realizada por medio de los órganos de la Administración, según la competencia que por
ley les corresponda. Esa competencia es por supuesto un requisito de la validez del acto.
El
jurista JUAN LUIS DE LA VALLINA VELARDE, en su artículo " Sobre el Concepto de
Funcionario de Hecho " publicado en la Revista de Administración Pública Nº 29 de
mayo-agosto de 1959, señala que por órgano de la Administración se entiende un complejo
ideal de competencias y medios materiales, atribuídos a una
persona física a fin de obrar y manifestar la voluntad administrativa, es decir, los
órganos manifiestan hacia los terceros la voluntad de la Administración. El órgano y la
Entidad a la cual pertenece aquél, no son dos personas jurídicas distintas, sino una
sola, y la voluntad de la persona individual en cuanto órgano, tan sólo tiene
significación jurídica respecto de la organización general de la que forma parte.
Por
su parte, ZANOBINI citado por DE LA VALLINA indica que toda persona jurídica, y la
Administración pública lo es, obra a través de los llamados órganos, pudiendo ser
considerados desde un doble punto de vista: en abstracto y en concreto; abstractamente, se
nos presenta como un complejo de atribuciones, de competencias, de medios materiales y
personales referidos al logro de un determinado fin del Ente Público; pero en concreto el
órgano no es sino la persona física que en un determinado momento actúa como titular
del oficio, de las competencias y de las atribuciones del mismo. Bajo el primer aspecto,
el órgano es una institución, de la cual el titular es sólo el elemento principal, pero
que temporalmente puede faltar sin que la institución desaparezca; bajo el segundo
aspecto el órgano es la misma persona física del titular, es decir, en este sentido
podemos adelantar, aunque la expresión esté desprovista de rigor científico, que el
órgano equivale a funcionario, que es la denominación corrientemente usada por los
autores para designar al titular del órgano.
Ahora
bien, es cierto que el órgano director del procedimiento, es un órgano administrativo y
por regla general, las personas físicas que lo integran deben ser funcionarios públicos,
nombrados como tales para el desempeño de sus funciones. También es cierto que el
artículo 65.1 de la Ley General de la Administración Pública señala que todo órgano
será competente para realizar las tareas regladas o materiales internas necesarias para
la eficiente expedición de sus asuntos y el artículo 66.1 señala que las potestades de
imperio y su ejercicio, así como los deberes públicos y su cumplimiento son
irrenunciables, intransmisibles e imprescriptibles. Todo lo anterior nos permite deducir
que por regla general, tal como lo indica expresamente el artículo 111 de la Ley General
de la Administración Pública, los sujetos que integran el órgano director del
procedimiento deben ser servidores públicos en los términos del citado artículo,
entendidos estos como aquella persona que presta sus servicios a la Administración o a
nombre y por cuenta de ésta, como parte de su organización, en virtud de un acto válido
y eficaz de investidura, con entera independencia del carácter imperativo,
representativo, remunerado, permanente o público de la actividad respectiva.
Sin
detrimento de lo expuesto consideramos que en casos excepcionales, cuando la realización
del fin público lo amerite, podrán nombrarse funcionarios ajenos a la Administración
con el fin de que integren el órgano director de un procedimiento. Lo anterior deberá
encontrarse debidamente justificado a criterio de la Administración, por ejemplo, en el
caso que nos ocupa, mediante Acuerdo firme del Concejo Municipal en el que se indiquen las
razones por las que se considera que la Administración no cuenta con personal idóneo, ó
bien, que de constituirse el órgano con los funcionarios existentes, el fin público que
se persigue no podría alcanzarse. (
)
En
conclusión, la Municipalidad en el caso excepcional de requerir integrar el órgano
director con funcionarios ajenos en principio a la Administración, deberá seguir los
procedimientos legales establecidos para la contratación de profesionales. Por ejemplo,
cuando se proceda de esa forma, deberá contarse con la subpartida
presupuestaria que ampare el egreso. La violación de lo estipulado puede generar la
suspensión del funcionario responsable y la reincidencia será causa justa de
separación, según lo establece el artículo 127 del Código Municipal. Además, debemos
recordar que la Contraloría General de la República puede eventualmente improbar los
proyectos de presupuesto que reciba de conformidad con el artículo 125 del Código
Municipal.
El nombramiento deberá efectuarlo el Concejo Municipal mediante Acuerdo
debidamente razonado y aquéllos en quienes recaiga la designación deberán aceptar el
cargo y ser debidamente juramentados. C- 173-95 de 7 de agosto de 1995. (Lo resaltado no es del original)
De
conformidad con lo indicado en el dictamen antes citado, el órgano director puede ser
unipersonal o colegiado; puede ser integrado por funcionarios públicos, e inclusive, por
particulares en casos excepcionales, cuando la realización del fin público así lo
requiera, para lo cual deberá dictarse un acto motivado que justifique la decisión. Sin embargo, atendiendo a la transcripción
que se realizara del criterio de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia en punto
a la delegación de la tarea instructiva que hace el órgano director de procedimiento en
tratándose de un órgano colegiado, cabe hacer la siguiente precisión:
Atendiendo
la literalidad del artículo 90 inciso e) de la Ley General de la Administración
Pública, la instrucción de un procedimiento administrativo sólo podría delegarse en el
secretario. Sin embargo, la claridad del texto
no resuelve situaciones, que bien cabe calificar de excepcionales, en donde ese
funcionario esté imposibilitado de cumplir la tarea (v.g.,
configuración de una causal de abstención artículo 230 de la Ley General-). Dado el imperativo de la continuidad en el
ejercicio de las competencias públicas, y atendiendo al ya citado precedente de la Sala
Primera, cabría pensar en la posibilidad de que el Concejo Municipal, atendiendo a los
motivos de impedimento que recaen en su secretario, nombrar a un funcionario ad-hoc para que realice la instrucción de un procedimiento
administrativo. Ello, claro está, bajo
el entendido de que la decisión que se adopte en tal sentido debe estar plenamente
respaldada en un acto debidamente motivado, que haga patente la necesidad del nombramiento
excepcional de un tercero a los efectos del trámite que interesa.
Se deriva de lo indicado en el párrafo precedente que
debamos precisar y adicionar el dictamen C-175-93 supra transcrito en el siguiente sentido: el órgano director, tratándose
de un asunto de competencia del Concejo Municipal, puede estar conformado por el propio
Concejo, o bien éste puede delegar tal competencia en el secretario municipal. Excepcionalmente, y atendiendo a la justificación
que se consigne en el acto administrativo que al efecto se emita, podrá nombrarse un
secretario ad hoc, siendo que en éste último supuesto
dependerá de las específicas circunstancias que deban ser analizadas a través del
procedimiento, el que se llame a otro funcionario municipal, o bien, a un tercero que no
tenga relación de servicio con el ente corporativo.
(Dictamen C-294-2004 del 15 de octubre
del 2004)
Lo extenso de la cita se justifica, en nuestro criterio, ante la constatación de
que el análisis que en aquel momento se realizó nos sirve de fundamento para atender su
consulta. Como se puede apreciar del estudio
recién citado, siendo que el Concejo es el órgano competente para establecer la eventual
responsabilidad administrativa del auditor interno, se sigue que el procedimiento
administrativo que debe tramitarse como requisito indispensable para asegurar el debido
proceso y el derecho de defensa de éste último servidor puede ser conducido (dirigido)
ya sea por el mismo Concejo, o bien se puede delegar la instrucción en el Secretario
Municipal. Excepcionalmente, y previa la
debida fundamentación por escrito, motivada en los términos
del artículo 136 de la Ley General de la Administración Pública, el Concejo podría
delegar la tramitación del procedimiento en otro funcionario municipal, o incluso un
tercero que no tenga vínculo de servicio con el Ente Territorial.
Derivado de lo anterior, y con vista en la regulación que tiene la figura del
síndico municipal (artículo 172 de la Constitución Política y artículos 54 a 60 del
Código Municipal), es claro que un ciudadano que ostente tal condición es un funcionario
municipal (ver, en este sentido, dictamen C-333-2002 del 10 de diciembre del 2002). De suerte tal que no existiría impedimento
alguno para que el Concejo Municipal pueda delegar en dicho funcionario la tramitación de
un procedimiento administrativo que se siga contra el Auditor Interno, en el entendido de
que se ha justificado adecuadamente la decisión.
Igualmente parece oportuno advertir que, en tal supuesto, el síndico está
obligado a guardar el principio de imparcialidad en el ejercicio de competencias públicas
(ver, en este sentido, opinión jurídica OJ-009-2005 del 21 de enero del 2005)
III. Conclusión.
En virtud de las consideraciones expuestas, y atendiendo los antecedentes emanados
de esta Procuraduría General, se concluye que no existiría impedimento para el Concejo
Municipal designe, como órgano director del procedimiento administrativo a seguir contra
el auditor interno, a un síndico. Ello en
tanto se justifique, a través de un acto administrativo debidamente motivado, la
conveniencia de tal decisión, lo que se configuraría como una excepción válida a la
regla de que tales procedimientos deber ser instruidos por el Secretario Municipal. Es de advertir que, en tal supuesto, el
síndico está obligado a guardar el principio de imparcialidad en el ejercicio de
competencias públicas, con el alcance que se ha desarrollado a través de la
jurisprudencia administrativa de esta Procuraduría General.
Sin otro particular, me suscribo,
- Iván
Vincenti Rojas
- PROCURADOR
ADJUNTO
IVR/mvc
Copia: Concejo Municipal, Curridabat
C-055-2005
ORGANO DIRECTOR DEL PROCEDIMIENTO. CONCEJO MUNICIPAL. NOMBRAMIENTO DE UN
SINDICO. REQUISITOS.
El auditor interno a.í. de la Municipalidad de
Curridabat consulta sobre la posibilidad de que se designe a un síndico como órgano
director dentro de un procedimiento administrativo que se tramita contra el auditor
interno.
Iván Vincenti, mediante dictamen C-055-2005
del 9 de febrero del 2005, evacua la consulta en los siguientes términos: se
concluye que no existiría impedimento para el Concejo Municipal designe, como órgano
director del procedimiento administrativo a seguir contra el auditor interno, a un
síndico. Ello en tanto se justifique, a través de un acto administrativo
debidamente motivado, la conveniencia de tal decisión, lo que se configuraría como una
excepción válida a la regla de que tales procedimientos deber ser instruidos por el
Secretario Municipal. Es de advertir que, en tal supuesto, el síndico está
obligado a guardar el principio de imparcialidad en el ejercicio de competencias
públicas, con el alcance que se ha desarrollado a través de la jurisprudencia
administrativa de esta Procuraduría General.