Opinión Jurídica : 056 - del 23/04/2002
OJ-056-2002
23 de abril del 2002
Ingeniero
Guillermo Ruiz Castro
Presidente Ejecutivo
Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico
Estimado señor:
Con la aprobación del señor Procurador General Adjunto, me refiero a su oficio PESJ 422-2002 de 15 de abril del año en curso.
En su misiva, usted pone en nuestro conocimiento el criterio del Asesor Legal, relacionado con el fundamento de orden jurídico para proceder a establecer una negociación en el proceso judicial de la empresa Oricosta S.A., contra su Institución.
Lamentablemente, la consulta planteada por usted no puede ser evacuada por tratarse de un caso concreto. Reiteradamente, se ha insistido en que "…éste órgano también se ve imposibilitado de emitir su criterio en casos concretos, pues su función asesora se circunscribe a la clarificación de aspectos generales que puedan despertar dudas a la Administración (Nota: En este sentido pueden consultarse, entre otros los dictámenes C-104-90 de 9 de julio de 1990, C-094-94 de 8 de junio de 1994 y C-064-97 de 29 de abril de 1997). De lo contrario, se estaría suplantando a la administración activa en la toma de la decisión que corresponda." (Dictamen C-231-99 de 19 de noviembre de 1999)
Asimismo, en tratándose de una transacción, se ha indicado que "En cuanto a la valoración del contenido de los principales elementos de solución, según ya se indicó, ello es materia propia de decisión de la Administración activa y no nuestra, máxime que se requiere de apreciaciones relacionados con razones de oportunidad y conveniencia, lo que excede nuestras competencias." (OJ-155-2001 de 24 de octubre del 2001)
En todo caso, y como colaboración, se transcribirá un dictamen que recoge el criterio que se ha sostenido sobre la existencia de autorización para que la Administración utilice la figura de la transacción.
"Debe aclararse, en
primer término, que el artículo 27.3 de la Ley General de la Administración
Pública, autoriza, en lo que interesa, al Poder Ejecutivo para transar los
asuntos del ramo. Con anterioridad a la derogatoria del inciso 4) de ese
numeral – dispuesta por la Ley Nº 7495 de 3 de mayo
de 1995 – este Organo Asesor tenía que emitir
criterio favorable en las transacciones sobre asuntos de derecho privado cuyo
monto fuese superior a los cien mil colones. Al haberse derogado ese inciso, ya
no se tiene participación en esta materia.
En todo caso, y a efectos
de orientar la participación de la Administración en esta clase de asuntos, nos
permitimos reiterar algunos de los criterios que se han externado sobre el
tema, que se encuentran reunidos en los dictámenes C-253-99 de 22 de diciembre
de 1999 y C-111-2001, que se transcribirán, en lo relevante, en ese orden:
"Así pues, la
transacción se constituye en un contrato en el cual la renuncia recíproca de
las partes a sus pretensiones resulta ser un elemento esencial
, ya que por medio de ella éstas toman la decisión de concluir, de
manera extrajudicial un litigio pendiente, mediante la renuncia que hacen de
sus recíprocas pretensiones.
La transacción es un
convenio, y en este sentido Guillermo Cabanellas en su Diccionario de Derecho
Usual la define de la siguiente manera:
"Concesión que se hace
al adversario a fin de concluir una disputa, causa o conflicto, aún estando
cierto de la razón o justicia propia.", o también como la "adopción
de un término medio en una negociación; ya sea en el precio o en alguna otra
circunstancia". (CABANELLAS, Guillermo. Volumen IV. Op.
Cit. Pág. 277)
La transacción es pues un
convenio jurídico bilateral mediante el cual las partes efectúan recíprocas
concesiones extinguen obligaciones de carácter
litigioso.
Como bien indica el mismo
G. Cabanellas, mediante la transacción:
"se puede poner fin a
un pleito en curso, con efectos de cosa juzgada entre las partes. Esencial en
la misma es la reciprocidad en las adquisiciones o renuncias; pues se trata de
que no haya vencedores ni vencidos, al menos plenamente." (CABANELLAS,
Guillermo. Op. Cit. Pág. 277)
Esta figura jurídica posee
la ventaja de resolver con agilidad y rapidez las cuestiones planteadas, sin
arrastrar las dilaciones ni los gastos que conlleva normalmente un juicio.
En el campo de la
disponibilidad de la materia que puede ser sometida a transacción, conviene
retener que hay materias que pueden ser sometidas a dicho medio de solución
alterno de conflictos en virtud de la potestad discrecional de la
Administración y su capacidad efectiva de decisión. Sin embargo, no podemos
dejar de considerar que existen ciertos asuntos en los que definitivamente no
cabe la aplicación de un proceso de esta naturaleza, por ejemplo, la salud, los
tributos, el dominio público, la seguridad, el orden público, por citar
algunos.
No podemos obviar que al
ser la transacción un contrato, en el cual la renuncia recíproca de las partes
a sus pretensiones es un elemento de su esencia, es lógico concluir que por
ella las partes deciden terminar extrajudicialmente un litigio pendiente,
mediante la renuncia que estas hacen de sus recíprocas pretensiones.
Finalmente, en lo que
respecta a la capacidad para transigir, resulta claro que solamente pueden
hacerlo aquellos que tiene libre facultad de enajenar bienes y derechos. En el
caso del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, su Ley
Orgánica otorga tanto al Gerente y al Sugerente de la institución, de manera
indistinta, la representación judicial y extrajudicial de la Institución, con
las facultades concedidas por ley a los apoderados generalísimos,
consecuentemente, estos pueden, entre otras cosas, vender, hipotecar y de
cualquier otro modo enajenar o gravar toda clase de bienes, pues así lo dispone
de manera clara y precisa el artículo 1253 del Código Civil, reiteramos, sin
traspasar aquellos otros límites expresamente dispuestos tanto por la Ley
Constitutiva del ICAA como del resto del ordenamiento jurídico administrativo.
Para fundamentar esa
afirmación, recurrimos al artículo 103 de la Ley General de la Administración
Pública, mismo que en lo conducente establece que:
"El jerarca o superior
jerárquico supremo, tendrá, además, la representación extrajudicial de la
Administración Pública en su ramo (...)
2. Cuando a la par del
órgano deliberante haya un gerente o funcionario ejecutivo, éste tendrá la
representación del ente o servicio (...)."
En ese mismo sentido,
indica la Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y
Alcantarillados en su artículo 25: (…)
Existiendo armonía entre lo
dispuesto por la Ley General de la Administración Pública y la mencionada Ley
Constitutiva del ICAA, se puede afirmar que, para los efectos que nos
interesan, el órgano deliberante en el Instituto Costarricense de Acueductos y
Alcantarillados resulta ser la Junta Directiva, la cual, por acuerdo de cuatro de
sus miembros puede acordar la transacción judicial o extrajudicialmente,
señalando quien le corresponde la representación para proceder en tal sentido,
o sea, ejecutar tal acuerdo, una vez que se encuentre firme el mismo."
"A diferencia del
arbitraje, la transacción es un medio de auto-composición, pues son las mismas
partes, sin participación de ningún tercero, que resuelven la controversia. No
se valen de un agente externo que dirima el conflicto, ellas mismas, mediante
acuerdo, lo hacen. (Al respecto, véase la OJ-048-99, Op.
cit.).
Por ello, la transacción se
entiende "como el convenio que efectúan las partes haciéndose
recíprocas concesiones con el fin de poner coto a sus diferencias de carácter
litigioso, es una de las formas más sencillas que la ley permite para dirimir
las controversias" (Dictamen C-074-89 de 21 de abril de 1989).
En cuanto a las concesiones recíprocas a las que se alude, es preciso aclarar que: "... la jurisprudencia afirma como necesaria esta reciprocidad, no exige en modo alguno que los sacrificios sean de igual valor. Así, el simple deseo de evitar un pleito largo y costoso puede legitimar, a título de transacción el abandono de derechos relativamente importante..." (Planiol, Marcel y Ripert, Jorge. "Tratado Práctico de Derecho Civil Francés", Tomo XI. Los Contratos Civiles, Segunda Parte, Cultural S.A., La Habana, 1946, Nº 1533, p. 921, Citado en el dictamen C-014-92 de 22 de enero de 1992).
En lo que interesa a la
consulta formulada, debemos indicar que el artículo 27.3 de la Ley General de
la Administración Pública dispone que corresponderá conjuntamente al Presidente
y al Ministro respectivo "transar y comprometer en árbitros los
asuntos del ramo".
El artículo 219 del Código
Procesal Civil establece la transacción como una forma de terminación anormal
del proceso judicial.
Por su parte, el artículo 2º de la Ley sobre Resolución Alterna de Conflictos y Promoción de la Paz Social –Número 7727– establece que tanto la negociación, la mediación, la conciliación y otros mecanismos similares se aplican "para solucionar sus diferencias patrimoniales". Y el artículo 18 Ibídem dispone que "Todo sujeto de derecho público, incluyendo el Estado, podrá someter sus controversias a arbitraje de conformidad con las reglas de la presente ley y el inciso 3), del artículo 27 de la Ley General de la Administración Pública"
Si bien es cierto, esta
última norma no hace mención expresa de la conciliación y/o transacción, a la
luz de estas disposiciones, se puede afirmar que existe una autorización general
para que la Administración pueda someter sus diferencias a transacción, lo
anterior por mención expresa del artículo 27 antes aludido y la conciliación
por interpretación ampliativa del citado numeral 18.
Y cabe advertir, como ya lo hicimos, que mediante interpretación, tanto de esta Procuraduría como de la Contraloría General, se ha considerado que tanto la Administración centralizada como la descentralizada, incluidas las corporaciones territoriales municipales, están autorizadas a acudir tanto al arbitraje como a la transacción (Al respecto, véanse los dictámenes C-225-88 de 11 de noviembre de 1988 de la Procuraduría General, y 2239 de 23 de febrero de 1996 de la Contraloría General). (Nota: Reiterando ese criterio, pueden consultarse los siguientes dictámenes y pronunciamientos: C-089-99 de 10 de mayo de 1999, OJ-077-2000 de 20 de julio del 2000, C-111-2001 de 16 de abril del 2001, OJ-155-2001 de 24 de octubre del 2001)
De manera general, la
decisión de transar o conciliar, así como la de acudir a un arbitraje, debe ser
tomada por el jerarca respectivo, aunque la implementación del acuerdo puede
ser llevado a la práctica por un funcionario distinto del jerarca, como una
delegación de funciones o bien utilizando la figura de la representación
institucional. Pero en todo caso, la decisión de transar debe estar debidamente
motivada.
En cuanto a las materias transigibles, no existe disposición alguna que expresamente
las regule, por lo cual, en tesis de principio, podría pensarse en una amplitud
mayor que la existente en tratándose del arbitraje, pues a diferencia de ésta,
en la conciliación y/o transacción, es la propia Administración la que se
encuentra negociando y resolviendo, y no un tercero.
En todo caso, debemos advertir que la limitación va a estar definida por la imposibilidad de negociar en contra de lo dispuesto en el ordenamiento jurídico. De esta forma, no es posible que se concilie aspectos sobre los que hay norma expresa en contrario, incluidas las reglamentarias, por el principio de inderogabilidad singular de los reglamentos." (Dictamen C-111-2001 de 16 de abril del 2001)
Como se desprende de lo
dispuesto en los dictámenes supra transcritos, y
otros a los cuales se hace referencia, se ha interpretado el artículo 27 de la
Ley General de la Administración Pública, en el sentido de que la posibilidad
de acudir a la transacción como método de resolución alternativo de conflictos
de encuentra previsto, no solamente para el Poder Ejecutivo, sino para la
Administración Pública en general.
(…)
Finalmente, debe recordarse que, en todo caso, la discrecionalidad queda sujeta a las reglas unívocas de la ciencia o de la técnica, o a principios elementales de justicia, lógica o conveniencia (principio contemplado en el artículo 16 de la Ley General de la Administración Pública)." (Dictamen C-335-2001 de 5 de diciembre del 2001)
Así pues, será la Administración activa, la que deba determinar, en casos concretos, si existen o no motivos suficientes para acudir a una transacción determinada, máxime en supuestos que existe un proceso judicial en el que este Organo no es parte. Recuérdese que, en todo caso, el acto que deberá estar debidamente motivado y sujeto a las reglas del artículo 16 de la Ley General de la Administración Pública.
Asimismo, le adjunto el Dictamen C-205-2001 de 23 de julio del 2001, referido a la conciliación en vía judicial.
Atentamente,
Ana Lorena Brenes Esquivel
Procuradora Administrativa
ALBE/albe
OJ-056-2002
TRANSACCIÓN – CASO CONCRETO
El Presidente Ejecutivo del Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico, mediante oficio PESJ 422-2002 de 15 de abril del 2002, solicita nuestro criterio sobre el fundamento jurídico para proceder a establecer una transacción en el proceso judicial de la empresa Oricosta.
La Procuradora Administrativa, Ana Lorena Brenes Esquivel, mediante pronunciamiento OJ-056-2002 de 23 de abril del 2002 concluye:
Que de acuerdo con la jurisprudencia administrativa, no se resuelven casos concreto. En todo caso, se reitera lo expuesto en el Dictamen C-335-2001 de 5 de diciembre del 2001, indicándose además, que, será la Administración activa, la que deba determinar, en casos concretos, si existen o no motivos suficientes para acudir a una transacción determinada, máxime en supuestos que existe un proceso judicial en el que este Organo no es parte, decisión que deberá estar debidamente motivada y sujeta a las reglas del artículo 16 de la Ley General de la Administración Pública.
Asimismo, se le adjunta el Dictamen C-205-2001 de 23 de julio del 2001, referido a la conciliación en vía judicial.